Una mañana de 1999 se levantó, «como cualquier otro día», para practicar sus ejercicios habituales en una cinta de caminar. Sin embargo, Lori Schneider (Wisconsin, EE UU, 1956) creyó en ese momento que su vida había terminado. «Vi mi cuerpo paralizado, todo el lado derecho, de la cabeza a los pies, y sentí pánico». Después de tres meses intensos de pruebas médicas conoció el motivo. Con 43 años, fue diagnosticada de esclerosis múltiple, una enfermedad crónica degenerativa, de causa desconocida, incurable y que afecta al sistema nervioso central.
Lejos de postrarse en una silla de ruedas, Schneider ha superado la parálisis y se ha convertido en una de las 37 mujeres en el mundo que ha conseguido escalar las 'Siete cumbres' -el pico más alto de cada continente-. Tiene además el honor de pertenecer al exclusivo grupo de las cinco féminas mayores de 50 años en conseguir este palmarés y es la primera persona con esclerosis múltiple en hollar el Everest, precisamente hace un año, el 23 de mayo de 2009.
Lori Scheneider estuvo ayer en Bilbao para participar en la segunda jornada que la fundación vasca Eugenia Espalza de Esclerosis Múltiple ha organizado en el Palacio Euskalduna, que congregó a más de trescientos profesionales, sanitarios y familiares. Y llegó con un mensaje de esperanza: «La vida no termina con el diagnóstico de la enfermedad».
«Tenía que hacer algo»
Llevaba 22 años casada cuando esta ex profesora, viajera, escaladora y atleta conoció «la noticia». «Fue un momento de inflexión», reconoce, que le llevó a romper con su pareja. «Me encontraba triste, deprimida y no supimos cómo manejar la situación». Después afrontó el momento de «la decisión». «Tenía que hacer algo con mi enfermedad, fortalecerme; no podía seguir así». Optó por el reencuentro con su familia. Schneider había alcanzado en 1998 la cima del Kilimanjaro, la montaña más alta de África, junto a su padre, justo un año antes de conocer su enfermedad. Entre sus planes ya figuraba la ascensión al Aconcagua, en los Andes argentinos, y no abandonó la idea. «Continué entrenando y al final conseguí el objetivo».
Fue en este pico de 6.962 metros cuando se dio cuenta de que tenía que ser igual de rocosa para afrontar su situación. «Si he sido capaz de esto, ¿cómo no iba a serlo para sobrellevar lo que me ha tocado vivir?». Fue una vía de escape que le hacía sentirse bien. Conseguir las 'Siete cumbres' le ha permitido reforzarse física y psicológicamente. «Ha sido una forma de demostrarme a mí misma que todavía tengo el control sobre mi cuerpo y mi vida».
Diez años después de que le diagnosticaran la enfermedad, Lori Schneider viajó a Nepal para retar al techo del planeta. Fue el ascenso más penoso completado por esta mujer que comenzó a subir grandes montañas cuando sus piernas eran ajenas a la esclerosis. La expedición al Everest le llevó cerca de dos meses. Una semana antes de su inicio, la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple le pidió que llevara una bandera en representación del movimiento mundial. Alcanzó la cumbre a las 08.39, después de diez horas y 39 minutos de asalto final.
«Había una tormenta increíble -recordaba ayer-. No veía nada a mi alrededor. En realidad, todo lo que pude ver es lo que había en mí, y lo que hice fue mirarme dentro y recordar lo que sentí cuando los médicos dieron con la enfermedad». Así que desplegó su bandera y empezó un descenso que le dejó en el campo base «más brava» que nunca. «Vi que era valiente y diferente a aquella mujer que despertó un día con la mitad de su cuerpo paralizado -ilustraba en el Euskalduna-. Vi a una persona con esperanza de futuro, que no iba a tener miedo a disfrutar de la vida apasionadamente y capaz de enfrentarse a cualquier cosa. En el Everest enterré todos los miedos a la enfermedad».
Tras once años de compartir las 24 horas del día con el mal, la alpinista recomienda que ningún enfermo abandone sus sueños. «La esclerosis no es una decisión tuya, pero sí lo es lo que hagas con tu vida y con la enfermedad». Schneider es en la actualidad oradora motivacional, realiza presentaciones sobre montañismo y ofrece su apoyo a las personas recién diagnosticadas.
