En el punto supuestamente más septentrional de la isla británica el cambio de sistema político que promete el ascenso de los liberaldemócratas evoca la más célebre cita de Don Fabrizio -«si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie»-, protagonista de 'El Gatopardo', la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa que es la obra literaria preferida del político del momento, Nick Clegg.
John O'Groats, 58º latitud norte y 3º longitud oeste, se lleva la fama como el lugar más próximo al Polo Norte en la costa de Escocia aunque en realidad es el vecino cabo de Dunnet. Pero desde este lugar -al que se llega en un día de nubes bajas y nieve de madrugada por un terreno ondulante con granjas y alguna iglesia- hasta el finisterre de Cornualles, en el sudoeste de Inglaterra, hay la distancia más larga que se puede recorrer en Gran Bretaña por tierra firme: 876 millas, unos 1.420 kilómetros.
El nombre del lugar se debe a un holandés, Jan de Groot, que plantó aquí su hacienda en el siglo XV tras recibir licencia del rey para explotar un servicio de ferry con las islas Orkney, cuyos acantilados se divisan con nitidez en la mañana limpia. Es ahora un pequeño puerto pesquero y de embarque en torno al que ha crecido un complejo turístico, con tiendas de 'souvenirs' y artesanías, un hotel en ruinas, algún café.
La circunscripción electoral de Caithness, Sutherland and Easter Ross es una de las más extensas del país y también de las más despobladas. Hay pequeños asentamientos rurales y pesqueros formados en el siglo XIX, cuando los señores expulsaron de las Tierras Altas a los pequeños agricultores para aumentar la rentabilidad de su ganadería de pasto y les obligaron a sobrevivir en la franja costera.
Esa sociología de poderes ancestrales y granjas modestas donde se guarda la memoria de lo ocurrido hace poco más de un siglo explica que aquí se disputara el escaño entre conservadores y liberales. Éstos tienen en las áreas costeras e islas del norte escocés un feudo tradicional.
La sociología de esta comarca remota cambió a partir de los años cincuenta cuando se creó en Dounreay la primera planta nuclear en suelo británico, con cinco reactores, tres de uso civil y dos para los submarinos de la Armada Real. La vecina Thurso multiplicó su población con inmigrantes empleados en la construcción y mantenimiento de los reactores y de la base militar. El Partido Laborista logró por primera vez el escaño en 1966.
Viraje a la izquierda
Robert Maclennan era el diputado. Cuando en el principio de la década de los ochenta el laborismo viró hacia la izquierda mientras Margaret Thatcher iniciaba su larga andadura en el Gobierno se unió a los disidentes socialdemócratas que formaron un nuevo grupo, el SDP. Hubo entonces, como ahora, la expectativa de un gran cambio en la política británica, pero al cabo de unos años el partido se fusionó con el viejo Liberal y así nacieron los liberaldemócratas.
En 2001 Maclennan se retiró a la Cámara de los Lores y el partido eligió como candidato a la de los Comunes a un aristócrata a quien los laboristas de Tony Blair habían quitado el asiento heredado en el Parlamento. Caithness, Sutherland and Easter Ross elige desde entonces como diputado a John Thurso, el único lord hereditario que ha logrado convertirse en político electo de los Comunes.
El tercer vizconde Thurso encarna la quinta generación de su familia que representa esta circunscripción en Westminster. Su tatarabuelo, sir John Sinclair, introdujo en las Tierras Altas la oveja cheviot cuya rentabilidad está en la raíz de las expulsiones del siglo XIX y creó el Ministerio de Agricultura. Su abuelo, sir Archibald, líder del Partido Liberal, fue íntimo amigo de Winston Churchill y su ministro del Aire durante la Segunda Guerra Mundial. John Thurso será sin duda alguna elegido de nuevo. Es también el mayor terrateniente en su circunscripción.
La gente es reacia a hablar públicamente de política con el extranjero pero el comentario común es que Thurso logra cosas que benefician a la comarca. El candidato de un partido que no tiene sede y que no contesta a las solicitudes de entrevista estuvo el otro día en la calle mayor de la pesquera Wick pidiendo el voto en los comercios, pero los rivales apenas son visibles en esta campaña. Los rombos de color amarillo que promocionan la candidatura del lord liberal están siempre por encima de los del aspirante laborista en los postes de carretera donde los partidos cuelgan su discreta publicidad. En esta tierra parece haber el orden profundo que reflejó en su novela el príncipe de Lampedusa..
Antes de partir hacia el sur, Clare MacGregor, que trabaja en una tienda de John O'Groats que se llama First & Last y vino hace unos meses de Livingstone, dice que prefiere por el momento arreglar sus cosas antes de tratar de los grandes asuntos del mundo pero ofrece una explicación posible sobre la política de este enclave escocés: Aquí toda la gente se conoce o son familia. Son muy relajados. Esto es como Jamaica sin sol.
Las Tierras Altas de Escocia son colinas suaves de roca y brezo empapadas en agua. Hay ríos salmoneros, lagos, famosos monstruos como el de Ness, historias y leyendas de clanes. Son la fuente de inspiración de una popular reminiscencia folclórica. Pero, ya en Stirling, Peter Lynch, profesor en el departamento de Política de su universidad, recuerda dos rasgos que marcan la reciente evolución: en las tres últimas décadas hay un marcado acento por todos los partidos en la identidad escocesa pero el nacionalista SNP no ha fundado sus aspiraciones en lo cultural.
Antiguo dicho militar
Si Cameron guiase a su partido hacia una mayoría holgada, el escaño de Stirling volvería a ser conservador. Porque como aprende el visitante al castillo que es puerta de enlace entre las Tierras Altas y el cinturón central densamente urbanizado, un viejo lema militar dice que «aquel que tiene Stirling tiene Escocia». Pero Lynch cree que la recuperación 'tory' es un fenómeno del otro lado de la frontera. Los laboristas le han llamado por teléfono. Lo hicieron tres veces en 1997, en la primera victoria de Blair. Los conservadores no están invirtiendo dinero de su campaña en Stirling. No han llamado aún al domicilio del profesor Lynch.
Este experto en políticas regionales europeas anota que buena parte de los asuntos que se han tratado en los debates de los líderes en televisión no afectan a Escocia, que tiene competencia sobre esas materias. Las grandes incógnitas de la política son aquí si el electorado enviará a Wesminster a diferentes partidos que los que elige para administrar la autonomía, si el laborismo perderá viejos feudos industriales frente a los nacionalistas y si los resultados británicos harán más o menos viable el referéndum por la independencia que quieren celebrar los nacionalistas.