Quien quiera escuchar a cualquiera de los pianistas de esta generación no tiene por qué salir de casa. No es solo que sus discos circulen por el mundo. Sucede también que en Internet hay no pocos vídeos de cada uno de ellos y que, además, los cuatro tienen página web en la que hay fragmentos de recitales, piezas breves disponibles en audio y otros materiales. También numerosas fotografías, porque la imagen es algo que todo artista de hoy mismo, y más si es joven, debe cuidar al máximo.
Ellos son conscientes de que, en estos aspectos, deben asumir más tareas que los miembros de generaciones anteriores. «Ellos se dedicaban solo a estudiar; nosotros tenemos que hacer eso mismo y, además, relaciones públicas y cuidar nuestra imagen. El márketing es una ventaja y una cárcel», dice Pérez. «Tienes que ser pianista, secretario, promotor, vendedor...», asegura Jáuregui, que en su web tiene incluso un blog en el que va narrando experiencias de viajes y conciertos. «Hay que ser consciente de que una parte de tu trabajo, hoy, está en el ordenador. Y en tener una presencia social, aunque siempre sin forzar, con naturalidad».
Es la consecuencia de una realidad que, como las monedas, tiene cara y cruz. La cara es que las tecnologías disponibles hoy hacen que un artista tenga presencia, al menos virtual, en todo el mundo. Los miembros de la anterior generación, y no digamos los artistas que superan los 70 años, no dispusieron de esa facilidad y estaban obligados a conseguir contratos y hacer largos y a veces penosos viajes para darse a conocer. La cruz es que el número de profesionales de la música, sobre todo pianistas, es hoy muy superior, lo que aviva la competencia. Lo que no siempre es bueno. «Esa competencia termina por generar artistas de consumo rápido. Se oye menos a artistas que tengan un sello particular», lamenta Martín. Y Javier Perianes cree que la posibilidad de darse a conocer por todo el mundo tiene una segunda vuelta más complicada. «No es demasiado difícil que, moviéndote bien y con un buen agente, te inviten a tocar con orquestas importantes o en salas importantes. Lo difícil, hoy más que nunca, es que vuelvan a invitarte a tocar una segunda vez. Ahí influyen filias y fobias de directores y promotores, y por supuesto la calidad de cada uno», dice el pianista andaluz.