Hace solo diez años, más o menos por la época en que el mundo respiraba aliviado al ver que no existía maldición alguna del milenio, Judith Jáuregui era una adolescente que paseaba por San Sebastián con su carpeta llena de partituras. Javier Perianes, que poco antes soñaba aún con la música en su Huelva natal, completaba sus estudios y empezaba a creer que algún día podría vivir de la interpretación. Lo mismo que el madrileño Luis Fernando Pérez y el canario Iván Martín. Los cuatro, que hoy están entre los 25 años recién cumplidos de Jáuregui y los 32 de Pérez, componen la más brillante generación de pianistas jóvenes que ha habido nunca en España. Jóvenes pero experimentados, porque todos ellos han iniciado ya una carrera internacional, han grabado discos o están a punto de hacerlo, acumulan premios y tienen agendas repletas de citas para hacer música de un lado a otro del planeta. Talento en estado puro.
¿Qué ha sucedido para que surja una generación así? Luis Suñén, director de la revista 'Scherzo' y el programa 'Juego de Espejos' en Radio Clásica (RNE), cree que al margen del talento de esos jóvenes, de sus ganas de aprender y asomarse al exterior, «hay un cambio en el modelo de la difusión cultural en España». El resultado de la construcción de auditorios y la creación de orquestas que se ha producido en las últimas décadas es que «se da un caldo de cultivo más favorable», en el que «el talento aflora con más facilidad». Talento que se plasma en una buena generación de compositores, directores e intérpretes de numerosos instrumentos, pero con el piano a la cabeza.
«Antes no los había»
La revista 'Scherzo' organiza cada año un ciclo de Jóvenes Intérpretes por el que han pasado los cuatro pianistas. También lo han hecho por el festival Musika-Música, una franquicia de La Folle Journée, que se celebra en Bilbao. Begoña Salinas, directora de la Fundación Bilbao 700, que organiza el festival en la capital vizcaína, destaca que en sus primeras ediciones no podía invitar a tantos jóvenes españoles con talento, «porque no los había». El pasado marzo, tuvo a los cuatro sobre el escenario como protagonistas de una decena de los más de 60 conciertos que lo componían. «Unen a su talento la suerte de haber nacido en un momento mejor, con un muy buen nivel en los conservatorios, y haber tenido a su lado gente que los ha orientado muy bien», explica convencida.
Mejor formación, más infraestructuras, mayor ayuda y un ambiente favorable. Los protagonistas también lo ven así. Y se refieren con admiración a quienes les precedieron, porque por razones diversas han dedicado buena parte de su tiempo a la enseñanza, contribuyendo así a formar a esta joven generación. Es el caso de Claudio Martínez-Mehner, retirado durante años por una lesión, que fue el profesor de Judith Jáuregui en el Conservatorio de Salamanca, antes de que la joven donostiarra se fuera a Múnich.
Cuestión de profesores y de disciplina. «Yo siempre he dicho que aquí hay muchísimo talento, pero no se trabaja lo suficiente. La disciplina yo la adquirí en Múnich», dice Jáuregui. Junto a la disciplina, ese buen ambiente y el papel de los medios, mucho más interesados ahora en la música y las jóvenes promesas, como reconoce Perianes, quien piensa que quizá hace 20 ó 30 años pudo haber surgido una generación igual, pero les faltó el impulso externo necesario. Entonces ya estaban en la escena intérpretes superlativos, como Alicia de Larrocha y Joaquín Achúcarro -que tuvieron que hacer frente a dificultades mayores con menos apoyos-, referencias imprescindibles para los pianistas de hoy, que citan sus nombres con veneración.
Y si se habla de veneración, todos coinciden en que la que hoy existe hacia los jóvenes les ha ayudado. «Las grandes compañías discográficas lanzan a artistas de cada vez menos años. Es un culto a la juventud que no sé si es un acierto en todos los casos, pero nos está beneficiando», reconoce Javier Perianes. Tampoco tuvieron ese apoyo los colegas que ahora andan por los 50 años, porque cuando ellos eran jóvenes las figuras gigantescas de Rubinstein, Horowitz, Richter y Arrau, en primer término, y las de los emergentes Pollini, Argerich, Barenboim y Pires, entre otros, dejaban poco espacio libre para veinteañeros con proyección.
Ellos han conseguido, además, sacudirse el sambenito de que un pianista español sólo puede codearse con los grandes en el repertorio nacional, al menos hasta que su carrera esté consolidada. Suñén destaca la habilidad mostrada por los cuatro -y quienes los guían- para intercalar autores españoles y extranjeros en sus conciertos y grabaciones. Perianes acaba de publicar en el sello Harmonia Mundi un disco con piezas de Blasco de Nebra y antes hizo otro con Mompou. Pero en medio lanzó uno con sonatas de Schubert que ha cosechado críticas espléndidas. Luis Fernando Pérez grabó a comienzos de año los 'Nocturnos' de Chopin para el sello francés Mirare, aunque antes publicó obras de Albéniz y Soler. Y Judith Jáuregui prepara estos días su debut discográfico en solitario con un álbum con piezas de Schumann para el sello Columna Música. Iván Martín debutará también en breve con un CD dedicado a Soler (Warner).
No solo música española
Así que, aunque ninguno renuncia a la música española, todos se han lanzado a interpretar en concierto y en disco piezas de autores de otros países. «Toco la música española que me convence. Pero no porque me la pidan siempre. Acabo de llegar de Australia, donde me sugirieron que tocara las 'Noches en los jardines de España' de Falla y haré esa obra también en una gira con la Filarmónica de Israel con Zubin Mehta, pero me han invitado a un festival en Moscú y me han pedido de forma muy concreta que toque Schubert». Es Perianes quien habla. «Si nosotros no nos quitamos ese complejo de que somos incapaces de hacer grandes versiones de los principales compositores del repertorio, no avanzaremos», asegura en el mismo sentido Iván Martín, que acaba de llegar de China.
Estos días, su colega Luis Fernando Pérez ultima en su casa de Madrid una serie de conciertos que dará en Japón, donde tocará piezas de Schumann y Mendelsshon. Él también acepta que «nosotros tenemos algo de ventaja en el repertorio español. Pero reconozco que a mí siempre se me han dado muy bien compositores rusos como Scriabin y Rachmaninov, así que podemos tocar de todo».
No obstante, Falla, Granados, Soler y, sobre todo, Albéniz siguen siendo su mejor tarjeta de presentación. Al menos, para la primera vez que se presentan ante un público concreto. Así lo explica Judith Jáuregui, quien recuerda que hace unos años, para su debut con la Orquesta de Hessen, le programaron las 'Noches...', pero lleva tiempo sin sentir presión alguna a la hora de elaborar el programa. Algo que les viene muy bien, advierte, porque hay intérpretes como el chino Lang Lang que han comenzado a hacer giras con las piezas de Albéniz, de manera que, aunque quisieran, los pianistas españoles ya no podrían apelar a su 'especialidad' para diferenciarse de sus colegas de otros países.
Por suerte, no lo necesitan. Como dice Begoña Salinas, con el orgullo de quien dirige la organización de uno de los primeros festivales donde se dieron cuenta de su valía, forman la mejor generación joven de pianistas que hoy existe en Europa. Por eso son requeridos en todo el mundo.