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El Papa incomprendido

18.04.10 - 03:04 -
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Ahora parece mentira la imagen de duro y despiadado que tenía el cardenal Ratzinger y lo solo y desvalido que se ve al pobre Benedicto XVI. En medio hay cinco años, desde que fue elegido sucesor de Juan Pablo II el 19 de abril de 2005. Wojtyla había acostumbrado a un pontificado que podía con todo, pero el actual es uno de esos papas que sufren las tribulaciones del cargo, como Pablo VI o Pío XII. De estos cinco años se recuerdan sobre todo broncas y meteduras de pata que, junto a una desastrosa política de comunicación, eclipsan aspectos positivos. Se cumplen en uno de los peores momentos de la Iglesia en siglos por el escándalo de la pederastia extendida, tolerada y protegida en el clero, que pone en evidencia su actitud ante el sexo y mina su autoridad moral.
Ratzinger no escapa a la censura en bloque de la institución por el modo de afrontar los casos de sacerdotes pederastas, al menos 3.000 reconocidos desde 2001. El caso que le afecta es de su etapa como arzobispo de Munich y está destinado a marcar para la posteridad lo que hizo o dejó de hacer. El actual Papa acogió en su diócesis en 1980 a Peter Hullermann, un sacerdote acusado de pedofilia por tres familias y no lo denunció. Por ejemplo, uno de esos niños, Wilfred Fesselmann, de once años, fue emborrachado por el cura y obligado a practicarle una felación. ¿Respuesta de su diócesis de Essen? Trasladarlo a Munich para cambiarlo de aires. ¿Respuesta de la diócesis de Munich, bajo el mando de Ratzinger? Ningún problema, lo admitieron para someterlo a terapia. Hullermann siguió abusando de niños. La inmensa paradoja de Benedicto XVI es ser víctima de lo que más fustiga: la famosa dictadura del relativismo de los valores. En aquella época, por lo visto, lo normal era no denunciar a un pederasta, eran cosas que pasaban.
El escándalo en realidad es una herencia envenenada de Juan Pablo II que arroja sobre Benedicto XVI toda la porquería de un sistema podrido y que cada vez pone más en tela de juicio el mandato de Wojtyla, la gran cuestión pendiente que se abre paso. Ratzinger sabía todo y lo detestaba, como clamó en el famoso Via Crucis antes de su elección al deplorar «la suciedad dentro de la Iglesia», pero mal que le pese formaba parte de ese sistema. El cardenal de Viena, Christopher Schonborn, ha testimoniado que sólo Ratzinger quiso procesar en 1995 a su predecesor, el cardenal Groer, acusado de pedofilia, pero tuvo que rendirse a la corriente contraria de la Curia. «Ha vencido la otra parte», le dijo a Schonborn. En esa otra parte estaba, por ejemplo, el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, protagonista del escándalo de esta semana por felicitar en 2001 a un obispo que no denunció a un cura pederasta. En la Iglesia hay un sector retrógrado que se opone a hacer limpieza y se mueve contra el Papa.
Legionarios de Cristo
El caso del pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, es revelador. Benedicto XVI reactivó su expediente, bloqueado durante años, y salió a la luz la verdad. Ahora se sabe, según ha revelado el 'National Catholic Reporter', que Maciel compró el silencio a golpe de donaciones de tres pilares de la Curia de Wojtyla: Angelo Sodano, anterior secretario de Estado y actual decano del colegio de cardenales; Estanislao Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II; y Eduardo Martínez Somalo, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada hasta 2004. Ratzinger, en cambio, rechazó uno de sus sobrecitos con billetes tras dar una conferencia en 1997. A Benedicto XVI, siendo el que más ha hecho contra la pederastia, le toca pagar el pato.
Este lastre del pasado emerge también en la gestión de la Curia. Se esperaba una gran reforma y que Ratzinger metiera en vereda despachos y clanes. Ha fracasado. La gestión del secretario de Estado, el 'número dos' Tarcisio Bertone, es muy cuestionada y se ha revelado un error de cálculo. Es la primera vez en décadas que ni el Papa ni su secretario de Estado proceden de la carrera diplomática. Y se nota. Reina el desgobierno, mientras Bertone está a menudo de viaje y se oyen voces discordantes que van por libre. De ahí nace también un grave problema de comunicación. A Ratzinger el aspecto mediático parece no interesarle y el portavoz vaticano, Federico Lombardi, que le ve raramente y recibe instrucciones de Bertone, se dedica cada día a apagar fuegos como puede. Esto alarga las polémicas y su desgaste. En enero 2009 la readmisión de los 'lefebvrianos' fue una chapuza mal explicada, orquestada por el sector ultraconservador, que abrió una guerra interna y se complicó por declaraciones antisemitas de algunos de ellos. Al Vaticano le llevó quince días aclararse. Bertone llegó a decir una frase asombrosa: «Todos los colaboradores del pontífice son lealmente fieles y están profundamente unidos a él (...) no obstante alguna voz fuera de tono, quizás debida a la falta de confianza en el Papa». El propio Ratzinger, que ha tenido que pedir disculpas varias veces, lamentó que en la Iglesia «se muerde y se devora». El vaticanista Giancarlo Zizola ha llegado a hablar de un «moderno Aviñón», por la crisis de la estructura misma del Vaticano.
Mal asesorado
Además de estas cargas, Benedicto XVI ha sufrido su falta de cintura, que a veces le hace meter la pata, por estar mal asesorado, contar con enemigos dentro del Vaticano y los habituales de cualquier pontífice en el exterior. Al final emerge una imagen negativa del pontificado, jalonada de polémicas. Es una cierta distorsión óptica y mediática, pues aspectos más cotidianos y estimulantes, como sus tres encíclicas, eruditas y originales, o su libro sobre Jesús, o sus textos muy elaborados reflejan en realidad, al margen de estar de acuerdo o no con él, un pontífice que logra un tono muy cercano y quiere hacerse entender por los no creyentes. Pero no llega el mensaje. Benedicto XVI rebasa la dimensión del titular o los diez segundos del telediario. No tiene gestos y mediáticamente no funciona. Por ejemplo, pese al aparente destrozo del diálogo interreligioso por las polémicas con musulmanes y judíos son muchos los expertos que lo juzgan positivamente.
Sus primeros meses fueron de total ausencia de noticias. Los discursos estaban llenos de buenas intenciones: deseo de desarrollar el Concilio Vaticano II, el ecumenismo, el gobierno colegial de la Iglesia... El Papa se centró en atacar la dictadura del relativismo, embestir contra la Ilustración y combatir el escepticismo religioso mediante el análisis de las relaciones entre fe y razón. Después inició un viraje conservador. Cortó cualquier asomo de vuelco doctrinal en el celibato, la ordenación mujeres o el trato a los divorciados. Otra tendencia visible fue un retorno a la sobriedad: dejó de presidir beatificaciones, frenó las canonizaciones y recuperó una liturgia sencilla y tradicional, junto a prendas del pasado. Hubo reajustes más importantes, como la defenestración de los Legionarios de Cristo, muy potentes con Wojtyla, y la rehabilitación de los jesuitas. Fue un contrapeso a la herencia de Wojtyla.
Recuperación del latín
El retorno a las raíces entroncó enseguida con una corrección de rumbo a las reformas del Concilio Vaticano II, que rechazó ver como una ruptura con el pasado, y un acercamiento al ala eclesiástica más conservadora. La recuperación del latín y el gregoriano desembocó en la restauración de la misa tridentina, con el cura de espaldas a los fieles, anterior al Concilio. Fue un gesto para la reconciliación con los 'lefevbrianos', el grupo ultraconservador separado en 1988, y también facilitó la apertura a la admisión de sectores de la Iglesia anglicana en 2009. Pero eso sería más tarde. En los primeros meses se vivía esa especie de compás de espera, una abulia que se rompió en septiembre de 2006 con el aldabonazo del discurso de Ratisbona, que abrió una crisis con el mundo musulmán.
Hasta entonces era un papado imperceptible, pero a partir de ahí siempre fue noticia en clave negativa con tormentas periódicas. Desde sus palabras en Brasil sobre la evangelización de los indígenas, que en su opinión no comportó ninguna alienación, a la polémica sobre la utilidad del preservativo en el viaje a África. Con los judíos sus desencuentros han sido constantes, por los pasos en la beatificación de Pío XII o la restauración de la plegaria por su conversión en la misa tridentina de Viernes Santo.
Es verdad que a veces son las opiniones de Ratzinger las que crean discusión, pero en muchas otras es malinterpretado, desoído o no leído. Va camino de ser un Papa incomprendido. Llegó como un pontífice de transición y lo está siendo. Con la perspectiva de cinco años se ve que fue una elección a lo seguro, de mínimos, ante la incógnita de por dónde llevar la Iglesia, pero no se imaginaba este calvario. Todo apunta a que el Papa realmente interesante será el próximo. «Rogad por mí para que, por miedo, no huya de los lobos», pidió Benedicto XVI en la ceremonia de inicio del pontificado.
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Benedicto XVI, desde el 'papamóvil´, saluda a la multitud concregada en la plaza del Vaticano, después de celebrar su primera misa como Sumo Pontífice en la básilica de San Pedro, en el mes de abril de hace ahora cinco años. :: REUTERS

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El hermano del Papa, George Ratzinger. :: AP

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