El servicio de Arquitectura de la Diputación dirigido por Julio Herrero ha elaborado el proyecto que sacará a concurso para la ampliación del Fernando Buesa Arena, que cuenta con un presupuesto ya aprobado de 29 millones de euros. La principal característica del estudio plantea un aspecto polémico: la retirada de la cúpula. Según el documento, firmado por el arquitecto del departamento José Luis Catón, la eliminación de esta identificativa estructura constituye una condición indispensable para alcanzar un aforo de 15.057 espectadores, requerimiento del Baskonia para acoger grandes acontecimientos deportivos -la 'Final Four'-.
La opción elegida por el servicio de Arquitectura de la Diputación choca frontalmente con las soluciones técnicas adoptadas en un estudio anterior de ampliación-encargado por el Baskonia a instancias de la Diputación- elaborado por Carlos Buxadé, creador junto a Joan Margarit de la cúpula en 1975, en colaboración con una oficina de arquitectos de Vitoria. A su juicio, el mantenimiento de la estructura actual es necesario porque ayuda de forma «extraordinaria» a lograr la ampliación requerida sin causar sobrecostes, al contrario. Conviene recordar que la cúpula fue laureada en su día con el Premio Nacional y el Premio Europeo a la mayor estructura metálica. En palabras del arquitecto catalán y al margen del mantenimiento de la cúpula o no, el proyecto firmado por Catón «se ha hecho con prisas y no atiende a las necesidades de un multiusos, que se han dejado en el tintero. Consiste en añadir más filas a un polideportivo y el proyecto restringe sus posibilidades de futuro».
Al margen de opiniones encontradas, en el nuevo recinto ideado por la Diputación la supresión de la cúpula determina muchas de sus características. Así, el proyecto prevé la colocación de una cubierta sustitutoria y la creación de un nuevo graderío, el cuarto anillo, con capacidad para 6.012 espectadores. Esto es lo que permitiría alcanzar el objetivo en cuanto a capacidad. El pabellón 'crecería', puesto que esa nueva planta de gradas se ubicaría a 22 metros de altura, desde los 15 metros actuales del tercer anillo. En el estudio se asegura la «visión adecuada de la totalidad de la cancha» en todas las butacas.
Hasta 42 metros
Las soluciones técnicas para crear ese nuevo piso pasan por la elevación de las doce torres actuales. Éstas, que pasarían de 24 metros de altura a 42, sujetarían con cables -como un puente colgante- el nuevo techo y el anillo superior. Precisamente, esos pilares serían la nueva seña de identidad exterior del pabellón. Una suerte de 'corona' con doce puntas de hormigón como puntos más elevados de la estructura. Imagen opuesta a la que proyecta ahora con la cúpula.
El planteamiento de Catón tiene en cuenta las necesidades del Baskonia, en el sentido de desarrollar la obra con la menor incidencia posible en los torneos deportivos del equipo. En consecuencia, sostiene que todos los elemenos estructurales de sujeción de la nueva grada, así como el recrecido de las torres de sustento de la cubierta «pueden ser acometidos durante el desarrollo de las competiciones». Una vez concluidos estos trabajos, «será preciso desalojar el edificio para acometer el grueso de la obra interior». El arquitecto de la Diputación asegura que «se desmontará la actual cubierta y la cúpula, conservándose ésta de manera cuidadosa para que pueda ser montada en el lugar y para el uso que se determinen». En esta fase se desmontarán los elementos estructurales de acero que la sustentan, así como la cubierta de la grada alta. Seguidamente, se podrá construir el nuevo graderío trabajando en el anillo exterior y en la «excavación del sótano bajo la pista de juego, una vez demolido el suelo actual y la subsiguiente construcción de sus muros y pilares».
De todo lo anterior, y de forma evidente, la supresión de la cúpula es el elemento más destacado del proyecto. El estudio del servicio de Arquitectura de la Diputación admite que ésta constituye «un referente de primera magnitud en la construcción de edificios en Álava», un reconocimiento al valor simbólico que ha adquirido esta infraestructura en la ciudad. Pero explica que «argumentos de peso» justifican su eliminación. «En primer lugar, se trata de una estructura que ya tiene más de 30 años de vida y una vida particularmente agitada», argumenta. «Es sumamente difícil establecer si la pared interior de los tubos de acero que la forman ha experimentado procesos ocultos de oxidación. La cúpula pasó varios años sufriendo agresiones medioambientales, ya que cuando fue adquirida por la Diputación había perdido varios paneles de su material de cubierta. Además de haberse sometido a los esfuerzos derivados del proceso de izado a su actual posición» -en 1998-, «ha sufrido un progresivo aumento de la carga que soportaba cuando fuera construida hasta llegar a una situación límite en la que no es posible introducir nuevas cargas».
«Deformaciones térmicas»
«En segundo lugar», sigue el autor, la cúpula es «de un tipo estructural que dificulta enormemente las labores de mantenimiento interior, ya que no es accesible. Cualquier intervención, por sencilla que sea, requiere el concurso de especialistas escaladores. Esto hace que labores que deberían ser fáciles e incluso habituales no se realicen debido a su alto coste». Por último, José Luis Catón afirma que «la cubierta de paneles de chapa plegada de aluminio ha mostrado su incapacidad para soportar en los puntos de fijación las deformaciones térmicas debidas a los fuertes cambios de temperatura que experimenta».