'Ansiestrés' es una palabra de nuevo cuño que pretende definir uno de los grandes problemas de nuestra sociedad. «Es convivir con cierto nivel de ansiedad o estrés que, sin llegar a ser patológico, no nos permite vivir de manera satisfactoria», explica Josep Pla, responsable del vocablo. «Hemos creado el término para expresar cómo mucha gente se siente habitualmente». Además de enriquecer el diccionario, este especialista ha dirigido la elaboración de un libro que apunta directrices para afrontar el mal contemporáneo y hoy hablará de las formas de superarlo en un nuevo encuentro del Aula de Cultura de EL CORREO .
La combinación hace referencia a dos realidades diferentes que, sin embargo, se suelen confundir. La ansiedad es la emoción que se experimenta al percibir peligro. «Hablamos de un mecanismo de protección útil porque nos mantiene activos ante tesituras de riesgo, pero que se convierte en limitante si se dispara sin motivo real», arguye.
Por su parte, «el estrés es un conjunto de reacciones del organismo que se producen cuando hay mucha de demanda de recursos y, por tanto, un gran desgaste psicológico». El alcance de esta situación genera polémica. ¿El estrés mata? «No directamente, pero sus consecuencias pueden provocarlo, porque si se prolonga en el tiempo puede conducir a patologías orgánicas, cardiacas, o a depresiones», responde el experto.
Este tipo de dificultades no discrimina por cuestiones de sexo o clase social, aunque lo experimenta con especial incidencia el colectivo entre treinta y cincuenta años. El libro 'Ansiestrés' anima a elaborar un plan de mejora personal a quienes padecen tal perturbación y apunta la esperanza de que podemos curarnos a nosotros mismos. Ahora bien, Pla advierte de que su mensaje está dirigido a personas sin trastorno de ansiedad. «Creo que es muy útil para individuos con dolencias cercanas a la patología pero que no han traspasado la barrera de la enfermedad, en suma, que llevan una vida insatisfactoria».
La gestión de las emociones resulta un objetivo esencial en la conquista de la calidad de vida e, incluso, el conferenciante considera que habría de incorporarse como asignatura académica.
Disfrute de lo cotidiano
«La escuela debería enseñarnos, pero aprendemos a base de golpes». Además de incorporar nuevos hábitos y tomar determinaciones, aconseja desprenderse de malas influencias. «Sí, lo que tenga que ver con el perfeccionismo, la competitividad, en suma, todo aquello que nos aleja del disfrute de lo cotidiano».
A su juicio, no hay que pugnar con el vecino, sino con nosotros y en positivo, es decir, buscar donde uno se siente feliz desde postulados realistas. «Alcanzar la meta no tiene sentido sin gozar del camino», indica. «Tenemos que esforzarnos y poner pasión en lo que hacemos, pero no luchar por bienes materiales que no llevan a la plenitud».
En esfuerzo aboga por desterrar los 'deberías' al identificarlos con procesos mentales negativos, con exigencias y adivinamientos del futuro que, asegura, no nos dejan analizar lo que realmente queremos hacer. Pero, asumir que hemos de enfrentarnos a nosotros mismos, ¿no resulta demasiado duro? «Menos de lo que parece», responde y apunta que el principal 'handicap' es no tener conciencia de la existencia de problemas o enfrentarse al cambio, pero si uno se pone a ello se da cuenta de que es más sencillo y gratificante de lo que parecía. «Nada cambia si yo no cambio, pero si yo cambio, todo cambia. Si superamos el miedo a lo que el reto nos depara mejorará nuestra situación».
Hemos de reaccionar ante determinados síntomas que se repiten de forma regular, ya sean de carácter físico o conductual. «Si ya no tienes ganas de hacer cosas, si no te apetece estar con amigos o practicar deporte como antes, puede ser una señal de estrés y ansiedad patológicos», expone y añade también como elementos a tener en cuenta la aparición de bloqueos mentales, el pesimismo o la preocupación constantes.
El conferenciante rechaza cualquier tentación de mitigar estas sensaciones e indica que no hay que esconderlos, sino aceptarlos y gestionarlos. «Si experimento una taquicardia y me produce miedo, lanzo un pensamiento de que me voy a morir, lo que agudiza el problema». Él sugiere que analicemos «las causas desde el convencimiento de que los síntomas no son peligrosos y que no debemos dejar de hacer nada que nos satisfaga por ello».
Las situaciones complejas exigen el apoyo profesional y el primer especialista consultado ha de ser el psiquiatra. «Hay que descartar que la sintomatología no tenga carácter orgánico, que las taquicardias, ahogos y nudos en el estómago sean provocados por la ansiedad».
Miedos irracionales
El posterior trabajo del psicólogo ha de evaluar la jerarquía y la intensidad del problema, por ejemplo en lo que respecta a los miedos irracionales. Respecto a las emociones, la necesidad de exteriorización ha de exigir los cauces adecuados. «Es algo que si no expresas, te corrompe por dentro, pero hay que saber con quién y cómo», indica. «Las teorías apuntan que la ansiedad patológica se basa en una enseñanza inadecuada y la influencia del entorno».
La vida en pareja también se convierte a menudo en otro foco de perturbación. Ante una situación de estrés, Pla recomienda la comunicación. «Revelar lo que ocurre, señalar que la relación no funciona e indicar la importancia de trabajar conjuntamente para solucionarlo».
Este tipo de problemas demanda la intervención conjunta y coordinada. ¿Qué ocurre si el otro no quiere participar en los cambios? «Cuando el planteamiento es constructivo, suele funcionar, pero hay cambios que no son posibles y, en esas circunstancias, no quedan muchas alternativas».