La izquierda francesa ratificó ayer en la segunda vuelta de las elecciones regionales el triunfo logrado el domingo precedente en la primera ronda y endosó una severa derrota a la derecha gobernante del presidente Nicolas Sarkozy. A los conservadores les cabe el consuelo de que su descalabro no llegó a la humillación de asistir a un mapa político totalmente pintado de rosa, verde y rojo, los colores de la coalición vencedora, ya que logró salvar su bastión histórico de Alsacia y trocar Córcega por La Reunión en un cambio de cromos insular en el que sin embargo pierden influencia.
La coalición de socialistas, ecologistas y comunistas obtuvo uno de los mejores resultados desde la fundación en 1958 de la V República Francesa para el campo progresista. La izquierda totalizó el 54,3% de los votos frente al 36,1% de los sufragios cosechado por los conservadores mientras que el ultraderechista Frente Nacional, con el que los conservadores rechazan sellar alianzas, se contentó con cerca del 10%, según las primeras estimaciones al cierre de los colegios electorales. Se trata de la correlación de fuerzas más ventajosa para la izquierda desde las legislativas de 1981, consecutivas a la llegada del socialista François Mitterrand al Elíseo, y el margen más amplio (18 puntos porcentuales) conquistado en unos comicios locales.
La mayor movilización del electorado, que redujo en cuatro puntos la abstención récord registrada en la primera vuelta, no impidió el anunciado fiasco conservador. Tan sólo tuvo efectos benéficos para las huestes de Sarkozy en Alsacia, territorio de tradición centrista y gaullista en el que el jefe del Estado había obtenido su mejor marca en las presidenciales de 2007 (65,5%).
La izquierda, que perdió La Reunión, salió vencedora en Córcega (37%) pero sin alcanzar la mayoría absoluta por lo que se verá obligada a pactar con los nacionalistas moderados (23%) para gobernar. A falta de conocer los resultados de los territorios americanos de Guyana y Martinica, que se esperaban de madrugada, los socialistas ratificaron el control de las veinte asambleas regionales metropolitanas que gobernaban con especial mención al 61,1% recolectado por Ségolène Royal en Poitou-Charentes que revalida su dimensión presidenciable.
Dimensión nacional
Aunque Sarkozy se esforzó durante la campaña en quitar dimensión nacional a los comicios, el mal resultado tendrá forzosamente repercusiones gubernamentales. «El escrutinio es regional, luego sus consecuencias serán regionales», había dicho el mismo político que tras el precedente desastre en las regionales de 2004 defendió un cambio de rumbo en el Gobierno, entonces dirigido por el conservador Jean Pierre Raffarin, con el que responder al aviso de los electores.
Pero cuando seis años después aferra el timón en medio de la tormenta electoral, Sarkozy se contenta con introducir algunos cambios en la tripulación sin renegar de la apertura a la izquierda, caudalosa vía de agua en el electorado conservador. Por eso se espera que los socialistas tránsfugas Bernard Kouchner y Eric Besson mantengan las carteras de Exteriores e Inmigración, respectivamente, en la remodelación «técnica» del Gobierno anunciada por el secretario general del Elíseo, Claude Guéant, la víspera de la votación.
François Fillon, reforzado por el debilitamiento de Sarkozy en una dinámica de vasos comunicantes, debería permanecer como jefe del Gobierno para conducir la reforma de las pensiones, el gran proyecto en la segunda mitad del mandato presidencial. A pesar del varapalo, Xabier Bertrand también parece asegurado de continuar al frente de la UMP porque, en palabras de Guéant, «ha sudado la camiseta y los militantes le aprecian».