Victoria, nueva remontada pero imagen muy preocupante del RealMadrid, que fue una calamidad en la primera parte y sólo se desperezó cuando los cándidos asturianos se adelantaron en el arranque de la segunda. Es cierto que resolvió en cuanto aceleró, como casi siempre en esta Liga, pero lo hizo a balón parado y con la inestimable ayuda arbitral, ya que el andaluz Paradas Romero concedió un gol de Van der Vaart precedido de una mano y no vio dos posibles penaltis en el área local. En el primer partido en el Santiago Bernabéu desde la debacle ante el Lyon, el conjunto de Pellegrini logró su decimocuarta victoria como local en esta campaña, lo que iguala el registro del curso 87-88, pero mostró una imagen de lo más vulgar. Aunque se acostase tres puntos por delante, mucho tiene que mejorar este Madrid para ganarle al Barça en tres semanas.
Cristiano contra todos, incluidos sus compañeros. Ciertamente, el portugués era el único que se movía, la pedía, arrancaba, intentaba driblar. Todo a una velocidad de vértigo, como si fuera el partido de su vida. Una actitud irreprochable, acompañada de gestos y aspavientos más discutibles. Signos de un ganador desesperado, acostumbrado quizá a otra forma de afrontar los partidos en la 'Premier'. Señalar a un compañero porque no le pase, no salga en su ayuda, no corra a un pase mal dado por el portugués puede hacer que ni tu propio vestuario te soporte. Higuaín también se movió y al menos probó a Juan Pablo en un par de ocasiones, tampoco muy claras.
¿Guti, revulsivo?
Demérito del Madrid en el primer tiempo, incapaz de romper por banda por más que Pellegrini se empeñe en decir lo contrario, y extraordinaria disposición de los gijoneses. Se defendieron bien los de Preciado, y sin necesidad de dar una patada. Les bastó con poner a un jugador siempre cerca de Xabi Alonso para evitar una buena salida de balón. Ni siquiera tuvieron que hacer faltas tácticas para frenar a los blancos. Y en ataque se estiraron, buscaron la habilidad de De las Cuevas entre líneas, pero les faltó mordiente, ambición, fe.
En esta tesitura, no es de extrañar que el Bernabéu aplaudiera cuando Guti salió a calentar. Casi 300 millones invertidos para que el elegido como revulsivo fuera el canterano. Sintomático, aunque el de Torrejón luego apareció más bien poco. El Madrid metió tercera y pudo adelantarse en un testarazo de Van der Vaart que se marchó alto. Pero fue el Sporting el que golpeó primero, al aprovechar los enormes espacios que Marcelo deja partido tras partido.
Un gol que despertó a la 'bestia' y al señor colegiado, que comenzó a barrer para casa en las acciones dudosas. El Real Madrid puso la cuarta, la quinta, y remontó el encuentro en un santiamén. Daba igual, los rojiblancos cayeron, pero acabaron ovacionados por su fiel hinchada. Al contrario que los madridistas.