Si alguien creía que el 'caso Cearsolo' había tocado a su fin con el ingreso en prisión del acusado, estaba equivocado. El ex director financiero del Guggenheim y autor confeso de un desfalco de 556.482 euros aún debe al museo algo más de un 21% de lo que se llevó. Y el recinto de Abandoibarra quiere que se lo devuelva cuanto antes. Cerca de cinco meses después de que se hiciera oficial la condena de tres años y medio de cárcel a Roberto Cearsolo, los accionistas de las dos sociedades dependientes de la flor de titanio -la Tenedora y la Inmobiliaria- de donde el economista de Elgoibar desviaba dinero a sus cuentas bancarias o a las de alguno de sus familiares acordaron ayer reclamar en los tribunales los 118.582 euros a los que asciende la deuda.
La apertura de este segundo proceso judicial no se traducirá en un aumento de la estancia del condenado en el penal de Basauri, puesto que la nueva causa discurrirá por la vía civil. Tampoco parece sencillo que el Guggenheim recupere todo el dinero. Desde que estalló el escándalo en abril de 2008, Cearsolo ha disminuido los efectos de sus actos delictivos mediante la devolución de gran parte de las cantidades adeudadas, pero ya hace año y medio que realizó el último reintegro. «No parece que tenga más dinero», concluyen en el museo.
Ante esta situación, en la pinacoteca trabajan con la hipótesis de que «posiblemente» será necesario embargar sus bienes para que el protagonista del millonario desfalco pueda hacer frente al pago. No será una tarea sencilla. Antes, el museo deberá lograr una escritura pública de reconocimiento de deuda y abordar otra serie de trámites administrativos, como una reclamación de cantidad por vía de apremio, según consta en un informe jurídico solicitado al prestigioso despacho de abogados Uría y Menéndez.
Hay otro problema. En la actualidad, Cearsolo sólo tiene registrado a su nombre un local de treinta metros cuadrados enclavado en un pabellón industrial del municipio de Galdakao. EL CORREO ha tenido acceso a la información sobre el inmueble que consta en el Registro de la Propiedad -fue comprado el 7 de abril de 2008, mientras a Cearsolo le investigaban por la estafa- y por la descripción se desprende que se trata de un garaje.
«Hasta el último euro»
Cuando se descubrió el desfalco, el ex director financiero del Guggenheim residía en el barrio galdakaotarra de Usansolo, en cuyas inmediaciones existen varios edificios industriales con plazas de garaje. El precio de una parcela como la descrita en esa zona ronda en el mercado los 30.000 euros, por lo que es muy posible que su embargo cubra sólo una mínima parte de lo adeudado. Si además a eso se le une el caché del bufete de abogados que lleve la causa, el beneficio para los acreedores de Cearsolo sería prácticamente nulo.
Los accionistas de la Tenedora y la Inmobiliaria, en cualquier caso, han decidido seguir adelante con la denuncia. Durante las reuniones celebradas en la tarde de ayer, los representantes de las tres administraciones con voz y mando en ambas sociedades -el Gobierno vasco, la Diputación vizcaína y el Ayuntamiento de Bilbao- coincidieron en que no pararán «hasta recuperar el último euro» robado por Cearsolo porque su deber es velar por el buen uso del dinero público. De hecho, también se aprobó la habitual ampliación de capital de la Tenedora para posibilitar la compra de obras de arte. Este año, el presupuesto se ha visto mermado por la crisis: ascenderá a 5,2 millones de euros, 800.000 menos que en ejercicios precedentes. Lakua y el ente foral pagarán a medias.
No todas las obras del Guggenheim se compran. De vez en cuando se producen donaciones. Ayer mismo, el museo bilbaíno decidió aceptar dos dibujos de Jacques Lipchitz de manos de la fundación en honor a este artista de origen lituano.