Los serenos, aquellos vigilantes que antaño recorrían las calles por la noche, han pasado de ser un recuerdo a convertirse en una esperanza para algunos bilbaínos. Hosteleros y comerciantes de San Francisco han iniciado una recogida de firmas para instar al Ayuntamiento a que recupere la figura de estos guardianes nocturnos, que los más jóvenes sólo conocen de oídas. Una iniciativa que ha surgido después de que hayan constatado que el clima de inseguridad -instalado en la zona desde hace años- está sufriendo repuntes «importantes». También asisten atónitos al aumento del «descaro» de los delincuentes. Estas circunstancias están afectando a los residentes en el vecindario, pero también a los negocios y su clientela, según afirman quienes apoyan esta medida, que ha cobrado un nuevo impulso tras el anuncio de la próxima puesta en marcha de este servicio en Sestao.
El Café Nervión, en la calle La Naja, junto a la ría, es uno de los establecimientos que se ha sumado a la recogida de firmas. Hay un buen puñado de episodios desagradables que avalan su adhesión. «Pedimos serenos o, en su defecto, una patrulla permanente en Bilborock, controlando el puente y la Naja. No queremos salir de noche del bar y que nos roben...», indica una empleada. Y, bueno, a veces, ni siquiera hace falta abandonar el local. Algunos delincuentes acechan desde el exterior y, cuando se percatan de que ha quedado algún bolso desatendido, entran a por él en un alarde de atrevimiento. Según los trabajadores, alguno ha llegado a meterse «hasta el almacén, para hacerse con las pertenencias de algún empleado». Con este panorama, creen que la presencia de serenos o de un coche policial en las inmediaciones inhibiría a los maleantes.
En el bar Badulake, uno de los impulsores de esta reivindicación, «creen que es una buena idea», aunque también son conscientes de que «cualquiera no sirve» para esta tarea. También saben que no están planteando la panacea para solucionar el problema, pero, al menos, confían en que lo alivie. Por ejemplo, realizando tareas de acompañamiento, algo que ya hacen entre ellos, evitando moverse en solitario por el barrio a partir de ciertas horas.
A por el «perjudicado»
Asimismo, creen en el efecto disuasorio que podrían tener los serenos en puntos concretos, «como la atalaya que se forma junto al puente de Bilborock, donde decimos que se junta todo el mal». Según explican, allí se apostan cuadrillas de malhechores para vigilar a quienes cruzan el puente. La mayor parte de las veces son jóvenes con una copa de más que salen del Casco Viejo cuando cierran los bares y pretenden seguir la fiesta al otro lado de la ría. «Cuando detectan a alguno que va más perjudicado, se ceban con él», resumen los hosteleros de la zona, que alertan de que muchos delincuentes van «puestos de pegamento y no dudan en golpearles».
Los negocios de la zona que sólo abren de día tampoco son ajenos a estos problemas y no han dudado en sumarse a la reivindicación de los serenos. «Tenemos la suerte de cerrar a las ocho de la tarde -comenta el encargado de una tienda-. Pero al abrir por las mañanas vemos golpes en la persiana... hasta sangre de alguno al que le han reventado la cara. Quizá con los serenos se corten un poco».
Txema Oleaga, líder del PSE en el Consistorio bilbaíno, apoya esta iniciativa de los hosteleros y comerciantes de San Francisco. De hecho, según recuerda, ya planteó esta misma propuesta en pleno en 2007, donde fue desechada y descalificada por el alcalde, pero asegura que no descarta «volver a ponerla sobre la mesa, dado el éxito que ha tenido en algunas ciudades del país». A su juicio, con los serenos «la gente se siente más acompañada y también sirven de vigilancia y control de los establecimientos comerciales». Oleaga destaca que estos trabajadores «no necesitan la preparación de un policía y su papel de mediador es muy interesante».