«Estoy muy contenta de estar en casa, pero mi felicidad sólo será completa cuando regresen Albert y Roque». Cansada y emocionada, Alicia Gámez, la cooperante española secuestrada hace más de tres meses por la rama magrebí de Al-Qaida, se encuentra ya en Barcelona con su familia. Pero sus primeras palabras tras aterrizar a las 17.04 horas de ayer en una zona restringida del aeropuerto de El Prat fueron para recordar a sus compañeros, aún en manos de los terroristas.
Vestida con ropa holgada, el pelo ligeramente despeinado y con buen aspecto a pesar del agotamiento que se manifestaba en su rostro, la catalana confesó nada más descender del avión 'Falcon' de la Fuerza Aérea que el Gobierno español puso a su disposición: «Nos han atendido bien, dentro de las limitaciones propias, y muy duras, del desierto». Hasta la terminal se desplazaron varios de sus compañeros de la ONG Barcelona Acció Solidaria -Francisco Sanz, director de la organización, puso a prueba su musculatura subiéndola en brazos entre gestos de afecto-, así como algunas de las principales autoridades catalanas, entre ellas el presidente de la Generalitat, José Montilla, el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, y la alcaldesa de Hospitalet de Llobregat.
Albert Vilalta y Roque Pascual «están bien», dijo Alicia Gámez, quien señaló que «lo que deseo ahora es descansar y, sobre todo, estar con mi familia. Estoy segura de que respetarán esa tranquilidad que necesito para recuperarme». La cooperante agradeció al Gobierno «el trabajo realizado y el que va a seguir realizando hasta la liberación de mis compañeros», así como «el apoyo y la solidaridad que la sociedad española y catalana ha manifestado a lo largo del cautiverio».
La noticia sobre la liberación se conoció en plena madrugada de ayer, cuando fuentes cercanas a la negociación confirmaron que la joven viajaba en un todoterreno de camino a Gao. Una vez en esta ciudad del noreste de Mali, fue trasladada en avión hasta Uagadugu, la capital de Burkina Faso. Allí le esperaban su hermano Germán y la secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez. El avión de la Fuerza Aérea española, a bordo del cual viajaban también un médico y una psicóloga, los trasladó de vuelta a Barcelona.
El Gobierno negó que se haya pagado rescate alguno a los captores, según señaló ayer en una rueda de prensa la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. La portavoz del Ejecutivo manifestó que el desenlace «ha sido fruto del esfuerzo y de las gestiones realizadas por los servicios diplomáticos y de inteligencia españoles a lo largo de más de tres meses».
En buen estado
Durante los 101 días que dura hasta ahora la pesadilla, el Gobierno ha recibido varias «pruebas de vida» de los secuestrados, con las que ha podido confirmar que se encuentran en buen estado de salud. Albert Vilalta recibió varios disparos en una pierna y Roque Pascual padece problemas cardíacos pero, a través de varios vídeos, fotografías y cartas, los ministerios de Interior y Asuntos Exteriores han podido confirmar que están bien y han recibido los medicamentos que se enviaron a través de los negociadores.
Ayer se supo también que los familiares y amigos han podido hablar por teléfono en alguna ocasión con ellos, como señaló Josep Carbonell, presidente de Barcelona Acció Solidaria, que recibió una llamada de Alicia Gámez un mes después del secuestro. Según Carbonell, fuentes gubernamentales les han asegurado que los trámites para liberar a los dos compañeros aún en cautiverio «van por buen camino».
De la Vega también agradeció la colaboración de «países de la región», aunque no quiso especificar cuáles. Sí se sabe que, además de Mauritania, Mali y Argelia, Burkina Faso, de donde es originaria la rehén Filomene Kaburé, que junto a su marido, el italiano Sergio Cicala, siguen en poder de los islamistas, ha desempeñado un papel importante en las negociaciones para liberar a los rehenes. Un consejero del presidente de Burkina, Blaise Compaoré, está involucrado en las conversaciones con los terroristas.
Según recogen varios medios locales, Kaburé, de 39 años y que también tiene la nacionalidad italiana, habría rechazado ser puesta en libertad hace varias semanas para quedarse al lado de su marido, de 65 años. Una fuente próxima a la negociación aseguró ayer que la rehén italiana también había sido liberada, información que desmintió posteriormente un portavoz de la presidencia de Burkina Faso a la agencia EFE.
Los tres cooperantes fueron raptados el 29 de noviembre en Mauritania y trasladados al norte de Mali, donde los terroristas de Al-Qaida se mueven con casi absoluta libertad, amparados por la dureza del desierto del Sáhara.
Los partidos catalanes celebraron el regreso de Alicia Gámez y desearon la pronta liberación de sus compañeros. Mariano Rajoy, presidente del PP, animó también al Ejecutivo a «intensificar sus gestiones para lograr» ese desenlace. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, respondió más tarde desde Nicosia que su principal inquietud es «liberar a los dos rehenes restantes» y remarcó que no se ha pagado rescate alguno.