Da miedo. Impone respeto. Nadie se fía de él desde que despidió el anterior calendario soltando la bomba mediática de su regreso a la competición. Tres años después de colgar la chapa un 22 de octubre de 2006 en Interlagos, licenciado por Alonso, Michael Schumacher ha vuelto. Quiso hacerlo antes, cuando un muelle asesino a punto estuvo de convertir en leyenda a Felipe Massa. Pero aún tenía recientes los dolores por una caída en moto en Cartagena.
Bueno, eso se dijo. Lo cierto es que el 'kaiser' se arriesgaba a acumular una serie de carreras con mucho que perder. Le costó dieciséis años amasar su fortuna deportiva, la mayor en la historia de la F-1. 249 carreras, 91 victorias, 68 'poles', 76 vueltas rápidas, 154 podios, siete títulos mundiales, 24.130 kilómetros recorridos sin nadie por delante... como para tirarlo por la borda por hacer un favor a sus antiguos patrones de Maranello.
Pero ese episodio alimentó su ego. Nunca se ha alejado de los circuitos. Era habitual verle, ya como ex piloto y ocioso, en el muro vestido de rojo y asesorando a Jean Todt y Stefano Domenicalli. Seguía teniendo tirón, pero la posibilidad de su regreso en 2009 conllevó tal frenesí que fue el detonante de lo que muchos temían y todos esperaban.
Una de las personas que mejor le conoce es Ross Brawn. El mago de Manchester sólo tuvo que comer con él, mirarle a los ojos y saber que contaba con encaje para todas sus piezas. Convenció a Mercedes para que coparticipara en la propiedad de la herencia de Honda que había bautizado con su propio apellido. El argumento inapelable fue la contratación de Schumacher.
Al piloto le convenció con un muy buen dinero, la cobertura de la marca alemana y la promesa de contar en dos años con un bólido potencialmente ganador. No era la palabra de cualquiera. Escupió en la mano quien diseñó todos los Ferrari de la etapa del heptacampeón, salvo el de 1999, y los Benetton también tocados por el teutón y la corona de laurel.
Ya está aquí el más depredador de cuantos pilotos se recuerdan, poseedor de todos los récords estadísticos de resultados en la F-1, salvo el del número de carreras disputadas. El Mercedes MGP W01, rotulado con el número 3, será el vigesimoprimer modelo de monoplaza que pasa por sus manos. Los demás son historia, como casi todos los diez compañeros de equipo que tuvo. Rubens Barrichello fue el que más aguantó a su vera (104 carreras), seguido del díscolo Irvine (59). El resto, una temporada a lo sumo, como Massa, que no aprovechó el camino que dejó libre en Ferrari y en el Mundial.
«¿Por qué no?»
«Cuando me retiré en 2006, mis baterías estaban vacías. Ahora están totalmente recargadas y estoy preparado para este desafío». ¿Por qué ha vuelto?, queda en el aire. Amplia sonrisa y desafiante tono en la respuesta del piloto germano. «¿Por qué no?». La sombra de Ross Brawn pone el escenario y también el 'atrezzo'. Dicen que es sinónimo de éxito seguro.