No fue una huelga, fue un acto de condolencia. Es lo que dijeron ayer los sindicatos sobre lo ocurrido el pasado 9 de octubre, cuando pararon durante 24 horas el transporte ferroviario de Euskotren, los tranvías de Bilbao y Vitoria y algunas líneas de Bizkaibus. La protesta tuvo lugar tras el accidente que costó la vida a un maquinista en Lezama y pilló por sorpresa a miles de ciudadanos que tuvieron serios problemas para cumplir con sus obligaciones y rutinas.
Que las palabras tengan un significado que sea del conocimiento de la mayoría de la población es algo que facilita mucho la vida en sociedad. Así, cuando le digo buenos días a mi vecino, él sabe que estoy saludándole y no mostrándole mis deseos de secuestrar a su hija menor para brutalizarla y venderla a una tribu de guerreros nómadas que vive en el desierto libio.
Sin embargo, los portavoces de la época sufren un extraño caso de adanismo semántico: creen que, para alterar la realidad a su favor, basta con nombrarla a su manera. De este modo, una huelga puede convertirse tranquilamente en un acto de condolencia. Da igual que los actos de condolencia tengan que ver con crespones negros, minutos de silencio y apretones de manos que encierran descargas de coraje y dolor compartido. Poco importa que los actos de condolencia sean silenciosos, íntimos y respetuosos. Y es lo mismo que las huelgas sean otra cosa: algo que tiene que ver con multitudes, pancartas, consignas, toneladas de presión y algunos servicios mínimos.
Los sindicatos dejaron repentinamente sin transporte a sus conciudadanos, ocasionaron un número incalculable de problemas, pero no hicieron una huelga. Los representantes de los trabajadores aseguran que no defendieron «ninguna reivindicación». Y eso que se manifestaron tras una pancarta en la que se leía 'No más accidentes laborales en Euskotren'. Ahí tienen una reivindicación: la reclamación de algo a lo que se cree tener derecho. ¿Cuándo dejaron las palabras de significar lo que solían? El desatino es enorme, tragicómico: el pasado 9 de octubre los sindicatos dejaron a Vizcaya sin tren ni tranvía porque habían salido todos a mostrar sus condolencias.