Doce años después de su inauguración el Guggenheim se ha decidido a dar el paso, necesario para cualquier museo, de presentar su colección propia de una manera sistemática, unos fondos compuestos de 103 obras de 63 artistas en los que se han invertido unos 85 millones de euros, casi lo que costó el edificio. Y lo hace con 12 pinturas y esculturas de la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, en consonancia con su espíritu fundacional de caracterizarse, sobre todo, como un centro de arte contemporáneo. El director general del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, anunció que a esta exposición, que se extenderá hasta finales de año, le seguirán otras relacionadas cronológicamente también con obras de los fondos propios. Es como si se hubiera abierto un libro y quedaran muchos capítulos por venir.
De Mark Rothko a Cy Twombly, la exhibición arranca del expresionismo abstracto, sigue su estela en Europa a través de Yves Klein y Antonio Saura, y desemboca en el pop de Robert Rauschenberg, James Rosenquist y las 'Ciento cincuenta marylines multicolores' de Andy Warhol, una de las joyas de la colección. Si a estas piezas se unen las que se exponen de los fondos del Guggenheim de Nueva York, hasta principios de mayo, además de las permanentes de Serra, Koons y Dine, el resultado es que nunca la colección había ocupado tanto espacio en el museo, salvo en la muestra inaugural.
De París a Nueva York
La directora de Actividades Artísticas, Petra Joos, explicó que el arranque de la muestra en los años de la posguerra coincide con el momento en que la urbe neoyorquina arrebata a París la corona en el reinado mundial del arte. En ese contexto surge el expresionismo abstracto de Clyford Still, Robert Motherwell y Willem de Kooning, así como los campos de color Mark Rothko, todos ellos representados en la primera sala, con tan sólo seis obras y un enorme espacio central desde el que verlas sin agobios.
En la otra galería se expone la obra de Twombly titulada 'Nueve discursos sobre Comodo' que, como dijo Joos, aporta al expresionismo de sus garabatos una visión personal y rara en el mundo del arte por estar al margen de las tendencias.
En la muestra también se expone un grupo de esculturas de Oteiza y Chillida, entre las que sobresale por su volumen 'Consejo al espacio', del escultor donostiarra. Al lado, la última obra en incorporarse, la maqueta de trabajo para 'Gobierno del pueblo', de Jacques Lipchitz, una donación que se materializó la semana pasada.
La muestra exhibe buena parte de las obras maestras de la colección Guggenheim Bilbao, muchas de ellas adquiridas al comienzo de su andadura, como la obra de Rothko y la de De Kooning, con un coste cercano a los tres millones de euros cada una, aunque por precio sobresale el conjunto de Twombly, adquirido por 21,5 millones de euros.
La mayor parte de las obras se habían visto en ocasiones anteriores, pero nunca del modo en que ha dispuesto Petra Joos, marcando ritmos y relaciones, hasta constituir una breve pero intensa y gozosa lección de historia del arte contemporáneo.