Una fina labor de chapa y pintura, cuya autoría aún no se ha descubierto, ha dado el pego incluso a las autoridades encargadas de instalar este tipo de radares. El departamento de Interior del Gobierno vasco aseguraba el pasado viernes a este periódico que los cuatro dispositivos atornillados en los márgenes de la carretera que atraviesa Izurtza eran reales y entrarían en funcionamiento a partir de Semana Santa. Con esta respuesta aclaraban las dudas surgidas en la localidad sobre la supuesta falsedad de las cajas instaladas a finales de enero en el tramo de la carretera Bi-623 que enlaza Durango con Vitoria. Ayer volvían a contactar con este periódico para rectificar la información facilitada, atribuyéndola a un «malentendido» dentro del departamento al entender que se trataba de «los dos radares previstos en la A-8 supuestamente en esa zona», cuando la autopista ni siquiera pasa por esta localidad.
Lo cierto ahora es que las cuatro cajas que jalonan los escasos tres kilómetros de la recta de Izurtza no son más que un engaño. Desde la la Dirección de Tráfico del Gobierno vasco lamentaban «la confusión y los inconvenientes» causados, al tiempo que contactaban con la Diputación de Vizcaya, titular de la vía, para ponerle al corriente de estos últimos acontecimientos. Ahora, el tema queda en manos del organismo foral. Como titular de esta transitada vía de acceso a Urkiola, le corresponde determinar si los aparatos «son irregulares o no, quién es el responsable de los mismas y, en su caso, adoptar, si procede, los procedimientos legales necesarios». Preguntada sobre este particular, la administración vizcaína no pudo aclarar ayer el futuro de los 'radares fantasma'.
¿De dónde han salido estos falsos dispositivos? ¿Quién los ha puesto ahí? ¿Para qué? Las preguntas se multiplican ante el incidente, al igual que las observaciones y las sospechas de vecinos y usuarios de esta vía. «Respete a los vecinos de Izurtza», reza una de las señales que anuncia la presencia de radares a la entrada al municipio desde Durango. Una indicación que resultaba sospechosa para un joven trabajador del municipio: «No son como las normales», señalaba. Las especulaciones, bien aderezadas con un poco de mala intención, apuntaban ayer todo tipo de motivos, desde una protesta vecinal a una campaña orquestada por el propio Ayuntamiento. Lo que sí es cierto es que el Consistorio se ha quejado en repetidas ocasiones de la peligrosidad de la carretera y ha solicitado la adopción de medidas para reforzar la seguridad.