El Gobierno vasco remitió ayer a la sede central del PNV el memorándum de la reunión que mantuvieron el pasado 29 de enero el lehendakari Patxi López y el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, en el que se recogen los puntos de encuentro que alcanzaron ambos líderes y en los que el Ejecutivo de Vitoria estaría dispuesto a desarrollar una labor en común con los jeltzales para cerrar grandes acuerdos de país antes de junio. El equipo de López no quiere que los posibles consensos con el PNV se queden en agua de borrajas ni que se retrasen 'sine die', así que ha incluido en el documento enviado a Sabin Etxea una metodología de trabajo que, si media el beneplácito de los destinatarios, podría concluir con pactos ya en marcha a principios de verano.
El Ejecutivo cumplió ayer su promesa de elaborar un acta que permitiría empezar la tarea casi de inmediato y establecer plazos e interlocutores concretos para avanzar conjuntamente en asuntos de tanto calado como la lucha contra el paro, la unidad democrática contra ETA, la reforma de la Sanidad, la sostenibilidad de las políticas sociales, la modernización de la Administración pública y del sistema educativo o los avances en innovación tecnológica. Pero también en proyectos sectoriales prioritarios para las diputaciones en manos del PNV y que el Gobierno vasco se muestra dispuesto a abordar, salvo en los casos en los que el eventual acuerdo dependa también del Ejecutivo central o aquellos en los que la interlocución está plenamente encauzada, como el nuevo San Mamés, en el que ya participan el propio club, el Gabinete de López, la institución foral vizcaína y el Ayuntamiento de Bilbao.
El lehendakari toma así la iniciativa para desmontar las acusaciones de inacción y los reproches por buscar «sólo la foto» que le lanzan periódicamente desde las filas jeltzales, las mismas que hicieron cundir la idea de que López acudía a las reuniones con un «folio en blanco» y buscaba normalizar la hasta ahora escasa relación con Urkullu con el propósito de relanzar su imagen.
Remitido el informe, el Ejecutivo queda a la espera de la respuesta del PNV. Si es afirmativa, se abriría una primera fase de «diagnóstico» en la que los distintos consejeros implicados -prácticamente todos- elaborarían un guión con los puntos a tratar en sus respectivas áreas, que harían llegar a su vez al PNV. Esa primera etapa debería estar concluida, según fuentes de la Presidencia vasca, el próximo 30 de abril.
A partir de ahí se constituirían los grupos de trabajo que López y Urkullu se comprometieron a crear durante su encuentro -una metodología que ya funciona con sus socios preferentes del PP-, el único logro concreto que salió de la reunión, además del compromiso verbal del lehendakari con Urkullu para mantener el combate contra el terrorismo fuera del debate político. Un acercamiento nada desdeñable para un encuentro que llegó precedido de constantes escaramuzas entre el PNV y el PSE y que sirvió para escenificar una tregua entre ambos no exenta de recelos. Esa segunda fase, denominada de «objetivos y actuaciones comunes» debería concluir en junio y serviría para definir los acuerdos y analizar los pasos concretos -como posibles reformas legales- necesarios para ponerlos en marcha.
El Ejecutivo satisface así las demandas del líder jeltzale que, tras abandonar Ajuria Enea, reclamó a López en reiteradas ocasiones que se pusiera «manos a la obra» y concretara una agenda de trabajo que incluyera plazos, equipos, responsables y un «cronograma» para su ejecución, que es el que ahora ha elaborado la Lehendakaritza y que tiene en abril y en junio de este año sus puntos de inflexión.
Los diez apartados
A priori, el terreno parece abonado para el acuerdo. Los respectivos decálogos que intercambiaron el lehendakari y el presidente peneuvista tienen muchas coincidencias. Sólo la pretensión jeltzale de iniciar un reforma del marco político -algo que para el Gobierno no cuenta ahora con el consenso necesario- y de pasar a la acción conjunta en defensa de las transferencias pendientes -que el Ejecutivo ya negocia con Zapatero- se quedarían fuera. En el plan de la Presidencia vasca se incluyen los diez puntos planteados por López, que coinciden con las necesidades prioritarias planteadas por Urkullu en asuntos como la ley municipal, la mejora de la sanidad y la educación, la lucha contra la crisis o el impulso decidido a las políticas de innovación como estandarte de la recuperación económica. También recoge el guante lanzado por Urkullu en cuatro de las dieciseis propuestas sectoriales que llevó el peneuvista en su carpeta.
El Gobierno vasco se muestra dispuesto a abrir un canal de comunicación con el PNV para explorar «de forma abierta, discreta y constructiva» posibles soluciones para revitalizar la comarca de Urdaibai, uno de los mayores puntos de fricción entre el Ejecutivo y el partido opositor, que -con el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, a la cabeza- abandera el proyecto de construir un nuevo museo Guggenheim en la zona.
El Ejecutivo ha rechazado en principio la iniciativa, pero aboga ahora por buscar vías de consenso, aunque no pasen necesariamente por esa marca en concreto. También se ofrece a consensuar dos infraestructuras guipuzcoanas -el tranvía del Alto Deba y el metro de Donostialdea- y las obras hidráulicas en Álava. Quedan fuera el puerto de Pasaia o la intermodal de mercancías de Vitoria por estar en conversaciones con Fomento, el tranvía de Rekalde, ya aparcado por el Ejecutivo del PSE para llevar el metro al barrio bilbaíno, o el proyecto jeltzale de una pista de velocidad junto al cuartel de Araka.