El nombre de Andoni Zengotitabengoa, uno de los presuntos miembros de ETA identificados en Portugal, se conoció públicamente por primera vez en febrero de 1998 cuando se presentó en la Audiencia Nacional junto a otros miembros de la izquierda abertzale a los que buscaba la Ertzaintza por acusaciones de violencia callejera. En el viaje hasta la Audiencia le acompañaron, entre otros, Jurdan Martitegi y Aitzol Maortua. Los tres quedaron libres entonces, pero más tarde los tres terminaron ingresando en ETA.
El segundo identificado en Portugal, Oier Gómez Mielgo, fue conocido por el público en 2001, cuando fue detenido por colocar un artefacto casero bajo el coche de un agente de la Ertzaintza.
Los cuatro nombres mencionados son representativos de los etarras de la última década, muchos de los cuales se incorporaron a las filas de la organización terrorista después de haberse fogueado previamente en la kale borroka. Aquellos dirigentes de ETA que a principios de los años noventa idearon la movilización violenta de lo que inicialmente llamaron los 'grupos Y' sabían lo que hacían.
Querían radicalizar a sectores juveniles para que se fueran implicando en actividades ilegales de menor entidad que las protagonizadas por la propia ETA: destrozos, quemas, enfrentamientos con la Ertzaintza, etc. Y consiguieron alimentar esa radicalidad en un sector de jóvenes que estrenaron sus capuchas para quemar un autobús o para destruir un cajero automático. Crearon estructuras para controlar y dirigir a esos grupos violentos, conscientes de que de ellos surgirían los futuros miembros de los comandos de ETA. El lanzamiento de los cócteles molotov constituyó en muchos casos el ejercicio de premilitancia que antecedía a la colocación de las bombas.
El invento de aquellos grupos cumplió su objetivo de servir de cantera de reclutamiento de nuevos etarras. Desde mediados de los años noventa, la renovación de la militancia etarra ha procedido de manera significativa de los sectores previamente implicados en las actividades de violencia callejera. Han asegurado la cantidad, pero no está claro que hayan conseguido mejorar la calidad de los terroristas porque el rendimiento en el seno de la banda de los militantes procedentes de la violencia callejera ha sido muy inferior al proporcionado por aquellos otros que, en los años setenta y ochenta, comenzaban sus actividades en los comandos 'legales'.