Para tocar el éxito hay más de un camino. Rafa Nadal, por ejemplo, ha llegado a la cima picando piedra. Jornalero en la mina de la tierra batida. En cambio, Óscar Freire nació así: tocado por la varita. Triunfa casi con desgana. El año pasado, durante la Vuelta a España, anunció que 2010 iba a ser el año de su retirada. «Dije eso porque tenía un día malo», aclara. «Correré también en 2011. Mi nivel no ha bajado».
Lo demostró ayer al ganar el sprint en Cala Millor, en la segunda jornada de la Challenge de Mallorca. Por una vez, el Rabobank le preparó la llegada. Greipel, Cardoso, Forster y Fernández de Larrea no tuvieron tiempo ni de desenfundar. Al lado, en Porto Cristo, tiene Nadal su residencia de verano. Dos formas de genialidad tan desiguales.
Freire y Nadal sólo tienen una zona comun: las lesiones. Ayer, la etapa cruzaba Manacor, la isla familiar de Nadal. De Rafelet, el chico que sigue paseando en chanclas por los alrededores de la iglesia Virgen de los Dolores. Adecuado nombre. El tenista se recupera en casa de su nueva lesión. En eso se parece a Freire. Sólo en 1998, en su primer año de profesional, el cántabro ha evitado las clínicas. «Las lesiones forman parte del paisaje», se resigna. Ha sido un campeón a tiempo parcial. Como ahora Nadal.
Entre ellos, el resto son diferencias. «Firmo más autógrafos en Suiza u Holanda que en España», se resigna Freire. A Nadal, la fama le persigue. Unicamente en Mallorca encuentra calma. Rodeado en todo el mundo por focos y admiradores, en la isla se amarra a tierra. Con los pies en el suelo de Manacor, Porto Cristo o Cala Millor. Allí, en la meta ayer de la Challenge, un visionario montó en 1933 el primer hotel de la zona. Lo llamó 'Eureka'. Lo encontró: el tesoro del turismo masivo. De cerca es Nadal, el genio balear del tenis. Y ayer por allí cruzó Freire, el dorsal al que el ciclismo español echará de menos cuando ya no esté.
«No me fiaba de mi cuerpo»
También el Rabobank le añorará. El domingo, en la primera etapa, Freire dudó y no acertó: «No me fiaba de mi cuerpo». Y eso le frenó. «Pero en ese sprint vi que iba bien. Así que hoy -por ayer- les he pedido a mis compañeros que me preparan la meta». Y por fin le hicieron caso. Cuando el Columbia de Greipel desmontó pieza a pieza la fuga de Blázquez, Ortega, Mas, Deroo y Van Zandbeek, el Rabobank escudó a Freire. Y, claro, ganó. El perezoso más veloz.