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June llegó a casa con sólo 1,8 kilos

2.500 prematuros en Euskadi cada año

June llegó a casa con sólo 1,8 kilos

06.02.10 - 02:48 -
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Acurrucada en brazos de Mónica, June bosteza. Es lo que mejor sabe hacer. Eso y buscar a su madre con la mirada. Al menos, es la sensación que transmite cuando entorna los ojitos, todavía de color indescriptible, hacia ella. A su lado, Roberto, su padre la mira embobado y emocionado. No es para menos. «Ya parece algo, pero cuando nació era como una viejecilla, una pura arruga...», comenta.
La pareja de Sestao esperaba el nacimiento de la pequeña para mediados de febrero, pero ella se empeñó en venir a este mundo el 26 de diciembre, a las 33 semanas de gestación, con 1.750 gramos, cuando el peso normal de un bebé que nace a su tiempo, se sitúa entre los 3 y los 3,5 kilos. El alumbramiento fue en el hospital vizcaíno de Cruces, donde Mónica estaba ingresada desde hacía una semana debido al empuje de la cría por escaparse del útero y el empeño de los médicos por tratar de retenerla en el mejor hábitat que existe para que un feto se desarrolle.
«Tuve una fisura en la bolsa, así que tuve que ingresar para ver si el parto se retrasaba al menos dos semanas, para que se le desarrollaran mejor los pulmones, pero no pudo ser. Nació a los siete días, después de nueve horas de contracciones». La nena, que ahora dormita de lo más tranquila, tenía prisa. «El parto fue visto y no visto, al segundo empujón ya estaba aquí», comenta el joven padre.
June Vázquez Ríos podría ser una más en la estadística de los 2.500 críos que cada año nacen antes de tiempo en el País Vasco. Pero no. Esta 'muñeca' dormilona va a hacer historia al tratarse del bebé que ha estrenado un servicio hasta ahora desconocido en Euskadi: la asistencia domiciliaria neonatal que Cruces ha puesto en marcha de forma experimental y que, con toda probabilidad, también se llevará a cabo en el resto de maternidades públicas. El programa consiste en enviar al recién nacido a casa en cuanto supera los problemas agudos propios de los prematuros, sin necesidad de que llegue a los dos kilos que por término medio, y salvo que existan complicaciones de salud, se suelen tener de referencia para dar el alta hospitalaria. El objetivo de la asistencia domiciliaria es mejorar las condiciones del neonato. Una vez en casa, dos enfermeras realizan un seguimiento para garantizar que los pequeños evolucionan adecuadamente.
Una semana de incubadora
El 13 de enero, con algo más de 1,8 kilos, la nena durmió por fin en su cuna y su hermano, Aimar, de dos años y medio, pudo conocerla. Su llegada a casa, en vez de acarrear una revolución, supuso un respiro para la familia después de cuatro semanas de hospital: la previa al parto y las tres que la niña estuvo en la Unidad Neonatal. «Tenía muchas ganas de volver a la normalidad, a la rutina, porque lo otro es una locura», comenta Mónica.
Y se explica. «Cada tres horas tenía que estar en Cruces para darle las tomas con el biberón, porque no sabía coger el pecho, así que antes me tenía que sacar la leche. Yo le daba cinco al día. Las de la noche, se las dan las enfermeras. Entre toma y toma, a veces me venía a casa, pero otras me quedaba allí, con lo que el niño no me veía y notaba la falta. Es normal, es muy pequeño», dice en referencia a Aimar.
June pasó la primera semana de vida en la incubadora. La segunda, en una cuna térmica. Los siguientes días hasta ir a casa estuvo en un moisés convencional, pero con continuos controles para comprobar que regulaba su temperatura. Así, llegó el 13 de enero. «Cuando nos plantearon la asistencia domiciliaria, al principio dudamos porque veíamos a la nena tan pequeña, tan frágil... Nos daba cierta cosa aceptar porque como en Cruces estaba tan bien atendida, con todo tan controlado... teníamos miedo de no saber responder si le pasaba algo. Pero, por otro lado, dejarla allí todas las noches y venirme a casa sin ella nos hacía sentir fatal», comenta la pareja.
Las explicaciones de médicos y sanitarios les quitaron los temores y se decidieron a llevarse a la pequeña de Cruces a las tres semanas, con poco más de 1.800 gramos. No se arrepienten de la decisión. «Estar en familia tiene todas las ventajas. No nos hemos sentido desamparados en ningún momento. Carmen y Loli, las dos enfermeras de la asistencia domiciliaria, vinieron a verla a las veinticuatro horas de traerla. Además, nos llamaban todos los días para ver cómo evolucionaba. Todo ha ido estupendamente. Nos hemos sentido muy apoyados», resalta Roberto.
Una evolución tan positiva tuvo como resultado el alta hospitalaria que June recibió el pasado día 28, con 2.230 gramos. Desde ese momento, el pediatra de su centro de salud se ocupa de hacer el seguimiento. Y la nena evoluciona a la perfección. Ya pasa de los 2,5 kilos. «Los médicos nos decían que tener a los niños en casa favorece que suban de peso, y es verdad», dice Mónica. June es la prueba. Ha ganado 600 gramos, frente a los 100 del hospital.
Prohibidas la visitas
La fortaleza que la pequeña ya tiene, pese a su pequeñez, le permite incluso recibir visitas. Porque mientras no ha tenido el alta de Cruces, sólo podían acercarse a ella sus padres y con mucho cuidado. «Antes de cogerla nos teníamos que lavar las manos a conciencia, la tomábamos la temperatura varias veces al día y la pesábamos. Hemos hecho todo lo que nos han dicho que teníamos que hacer como, por ejemplo, tener la casa a una temperatura constante de entre 21 y 23 grados».
Ajena a tanta protección y mimo, la nena bosteza, que es lo que mejor sabe hacer. Eso y protesta cuando tiene hambre. «Come bien, pero como se ha hecho al biberón, no hay manera de que coja el pecho, así que tengo que seguir sacándome la leche porque quiero que tenga lactancia materna». Los únicos llantos de June son por los típicos cólicos del lactante. «Pero oírla llorar es un alivio, porque cuando nació era tan pequeña que tenía miedo de que no le funcionaran bien los pulmones y tuvieran que ponerla un respirador», recuerda la joven madre. El temor se ha ido. Ahora, en brazos de su madre o de su padre, se despereza y saca el genio cuando cree que ya es hora de estrenar otro pañal.
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