Los propietarios del edificio Cerámica de Llodio han decidido abordar la renovación del inmueble, que fue rehabilitado por última vez a finales de la década de los 80. La fábrica quedó seriamente dañada por las inundaciones de 1983, lo que provocó que quedara abandonada hasta 1986. Fue entonces cuando el arquitecto Iñaki Arrieta redactó un proyecto de rehabilitación que renovó completamente el interior, con una estructura metálica, y mantuvo su aspecto exterior, con su emblemática chimenea como elemento diferenciador.
La rehabilitación se realizó al mismo tiempo que se puso en marcha el Industrialdea de Llodio y su destino ha sido desde entones albergar oficinas. Los compradores de los despachos son ahora los propietarios del edificio, que no ha sufrido obras de restauración desde hace más de veinte años. El paso del tiempo ha provocado desconchones en la fachada principal, muy apreciables por el color rosa de la pared. También se han producido daños en la cubierta y hay humedades que afectan a algunos locales.
Los propietarios han redactado un proyecto presupuestado en 285.000 euros. En 2009 entregaron ese documento a Arabarri, la sociedad pública que se encarga de la gestión del patrimonio cultural edificado en Alava. Su gerente, Jokin Villanueva, explicó ayer que «estudiamos todas las propuestas presentadas y ésta fue una de las elegidas». Arabarri se ha comprometido a participar en la rehabilitación del edificio, dado que está catalogado por su interés industrial y otorgará ayudas directamente a los propietarios para que mantengan su aspecto.
Arabarri y los propietarios deberán formalizar el convenio de colaboración en las próximas semanas para poder empezar a ejecutar las obras, que según Villanueva «podrían comenzar este año».
Estación propia
La fabrica de Cerámica inicio su actividad en 1903 y fue fundada por el marqués de Urquijo. Desde entonces, la zona cuenta con estación propia, hoy conocida como Santa Cruz, que servía para cargar y descargar las tejas que se fabricaban en la empresa. Sus modernas instalaciones acabaron con la elaboración artesanal de tejas, porque sus hornos Hoffman permitían una producción continua. El trabajo de la Fundación Amalur de recuperación de la memoria colectiva de Llodio señala que «tenía capacidad para albergar en su interior hasta 160.000 tejas simultáneamente».
La cercanía del río y de la presa de Bisarrena facilitó el funcionamiento de la fábrica hasta que a mediados del siglo pasado fue adquirida por la cercana Aceros de Llodio. Desde entornes, se dedicó a la producción de moldes y ladrillos refractarios para la acería.