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«Tengo un esguince, pero seguiré hasta el final»

VIAJES | expedición en américa

«Tengo un esguince, pero seguiré hasta el final»

Ampollas, picaduras de mosquitos, gastritis y diarreas son algunos de los males que afectan a los ruteros

05.07.13 - 08:42 -
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«Tengo un esguince, pero seguiré hasta el final»
Acampada en el Fuerte de San Lorenzo. / Foto: Ruta Quetzal BBVA

Cuatro camisetas naranjas, ojeras y varias bolsas de medicamentos a cuestas distinguen al equipo médico del campamento. Javier González Iglesias (Bilbao), Elena Caro (Alicante) y Maria Jesús Rodríguez (Madrid) son los tres médicos que cuidan de la salud de la Ruta Quetzal BBVA 2013. Además, una enfermera, Myriam Fernández, completa el dispositivo indispensable para atender unos síntomas que son casi siempre los mismos. "En la primera etapa tratamos más que nada ampollas, por las rozaduras de las botas al atravesar la Selva del Darién y las picaduras de mosquitos, que las hemos visto realmente feas", explica Elena. "Ahora de lo que más sufren los chicos es de gastritis y diarreas. A la mayoría no les pasa nada y se reponen en unos días, pero hemos tenido ya dos casos de deshidratación más grave por diarrea que han acabado en hospitalización para hidratarlos por vía intravenosa, porque ya no toleran la comida ni la bebida" recuerda Maria Jesús. Todos han sido ya dados de alta.

Luego están otro tipo de 'averías'. Gema Domingo (Valencia) se hizo un esguince el día 24 en pleno Darién. "Metí la bota en el camino, había un barro muy pastoso, se quedó encajada y noté el dolor. Al intentar sacarla moví el tobillo para los lados y me hice aún más daño", cuenta con una sombra de tristeza. No es para menos porque ahora ha de caminar con muletas y el equipo de monitores voluntarios panameños ha de ayudarla constantemente, para que pueda moverse. Ello incluye cargar con su mochila. "Pero voy a seguir aquí hasta el final. Es una faena, y aunque con la lesión y todo echo de menos a mi familia, pueden esperar", afirma con determinación.

La asturiana Paloma del Pozo ejemplifica el típico caso de malestar estomacal que muchos ruteros sufren estos días, en los que la diarrea los deja fuera de combate al unirse a las altas temperaturas y humedad. "Me han dicho que no coma en unas horas, me han dado unas pastillas, y que se me pasará, que no es nada grave", informa tumbada a la sombra buscando recuperar fuerzas. El equipo médico recomienda a todos los expedicionarios que no compartan botellas de agua ni platos para reducir los contagios.

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