Snowden deja al descubierto las debilidades de Obama y EE UU

Washington trata de salir del atolladero diplomático y sofocar el incendio desatado por las revelaciones del extécnico de la CIA

MIGUEL SALVATIERRAMADRID
Obama saluda tras llegar a Sudáfrica. / Afp/
Obama saluda tras llegar a Sudáfrica. / Afp

Las revelaciones de Eward Snowden sobre los programa de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) han tenido un efecto multiplicador. Además de la filtración en sí --la existencia de un sistema informático masivo e indiscriminado de recolección de datos de teléfono e Internet en EE UU la fuga del exempleado de la CIA a Hong Kong y Moscú ha puesto al descubierto las limitaciones de la superpotencia en el concierto internacional en su intento de atrapar al supuesto traidor.

No solo ha sido el gigante asiático el que le ha dado una larga cambiada a la Administración Obama permitiendo al fugitivo la entrada y salida de la ex colonia británica, sino que alguien con tan dudosas credenciales democráticas como el presidente Vladímir Putin se ha jactado de su estricto respecto a la legalidad para dejar, de momento, a Snowden en la zona de tránsito del aeropuerto moscovita y a salvo de cualquier maniobra de captura estadounidense. La ausencia de un acuerdo de extradición entre Rusia y EE UU ha brindado una buena coartada al Kremlin, nada impresionado por las andanadas verbales del vicepresidente John Kerry para que expulsara al extrabajador de la CIA, en aras de preservar las buenas relaciones entre ambos países.

Incluso un enano diplomático en la escena internacional como el Gobierno de Ecuador, sin que el apelativo pueda suponer menoscabo alguno de su soberanía y consideración, se ha permitido plantar cara a las presiones y amenazas de Washington tras declararse dispuesto a estudiar la petición de asilo de Snowden. El presidente Rafael Correa ha declarado que su país ya no es el patio trasero de Estados Unidos y ha rechazado de forma expeditiva la petición de explicaciones por parte del Departamento de Estado. Sin embargo, el mandatario tendrá que sopesar bien una decisión que podría tener consecuencias negativas para la economía ecuatoriana dado que más del 80% de sus exportaciones se destinan al mercado estadounidense.

Al margen de las debilidades de la Administración Obama y de la profunda inquietud que provoca la intromisión en la esfera de la intimidad personal, suscitadas por el caso Snowden, la filtración ha abierto una especie de caja de Pandora de envenenados debates en torno a la seguridad nacional de EE UU, que van desde la propia ética del presidente al autorizar este tipo de vigilancias hasta la indoneidad de que decenas de empresas privadas subcontratadas ganen millones en la pujante industria del espionaje. Un vigilancia además que se ha centrado mayoritariamente sobre ciudadanos estadounidenses.

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