Kaká crece con Cristiano

El 'Dépor' comenzó ganando con un tanto sorpresa de Riki pero terminó sucumbiendo tras la salida del portugués al campo

AMADOR GÓMEZ
Kaká celebra su tanto en Riazor./Efe/
Kaká celebra su tanto en Riazor./Efe

El Real Madrid vuelve a creer en Kaká, hasta hace muy poco repudiado y al que ahora se agarran los blancos en la Copa y en la Champions. El brasileño, el mejor en Riazor, creció con la compañía de un futbolista imprescindible en el Madrid, Cristiano Ronaldo, y, otra vez, gracias al enorme talento que atesora este equipo, los blancos firmaron una nueva remontada en la Liga, pese a que esta competición no les interesa, y evitaron un ridículo ante el colista. En esta ocasión no fue preciso recurrir a la épica. Le bastó al equipo de Mourinho con un magnífico remate de Kaká desde fuera del área y a un gran pase del jugador resucitado que dio origen al tanto de la victoria, para sepultar a un Deportivo que pagó su falta de gol en un primer tiempo penoso del campeón. Como este Madrid casi siempre tiene dos caras, la lógica terminó por cumplirse, y fue mucho más fácil con los grandes en el campo, entre ellos, un Cristiano que inspira temor solo con su presencia, aunque ahora lo bueno para el Madrid es que parece que Kaká por fin está de vuelta. Para algunos, incluso en su mejor momento desde que fichó por este equipo.

Ganó porque es muy superior, pero el Madrid firmó otra primera parte horrible, como la de la salida anterior a Granada, y tuvo mucha suerte de no irse al descanso con más goles, porque el Deportivo, que llegó a crear cuatro ocasiones muy claras en ese periodo, perdonó. Entre Riki, canterano madridista, y el rojiblanco Pizzi, volvieron loca a una defensa blanca desbordada por la verticalidad y la clase de los deportivistas. Solo faltó más remate para que el Madrid se llevase un varapalo de los gordos en un primer tiempo en el que desesperó con su lentitud y su apatía. Jugando al trote, con un medio campo romo con el incapaz Essien y el falto de carácter Modric, por no salvarse no se salvó ni Diego López, que se tragó el gol de Riki, y pese a las intenciones de Kaká y Callejón, los blancos apenas tuvieron una oportunidad a balón parado en toda una primera parte en la que ya es costumbre que el equipo salga al campo a domicilio a vaguear y confíe en alguna acción de Cristiano.

Sin embargo, hasta el minuto 57 no estaba el goleador en el campo, porque Mourinho decidió dar descanso al crack y prescindir también del resto de su columna vertebral. Además del operado Casillas, tampoco estaba el sancionado Sergio Ramos, ni el lesionado Xabi Alonso, ni Khedira, ni Özil... Y, por supuesto, ninguno del filial en ese once plagado de suplentes, en el que la mayoría de elegidos hizo dejación de funciones hasta la segunda mitad. No tardó el adormecido Madrid en comenzar a sufrir ante el entusiasmo y el atrevimiento del Deportivo, que decidió jugarle de tú a tú al campeón y cada vez que cruzó el campo dejó en ridículo a la zaga impotente en los laterales a base de velocidad y precisión.

Lo que echó en falta el colista fue lo más importante, la definición, y el Madrid salió así a flote. También gracias a Marcelo, que pese a estar muy lejos de su forma evitó en la línea un segundo gol al filo del descanso, cuando Pizzi logró destrozar a Pepe y Arbeloa. Poco después le tocaría resarcirse a Diego López de su error con una parada a disparo de otro que sumó a la fiesta ofensiva local, Bruno Gama. El Deportivo se fue por tanto al descanso rumiando su falta de puntería, cuando el Madrid había estado a su merced, y lo lógico era que la bronca de Mourinho y el cambio de actitud e interés con vistas a la segunda parte diesen la vuelta al partido. Así ocurrió desde la reanudación, aunque los blancos no mejoraron de verdad hasta que el técnico sacó de golpe a Cristiano, Özil y Khedira. Seguramente debió pensar otra vez que si hubiese podido habría cambiado casi los once, pero se fueron al banquillo tres de los que más lo merecieron para dejar paso a una pareja (Cristiano-Özil) que necesita muy poco para generar pavor.

Con la sola presencia de Cristiano, se fue asustando y replegando líneas un Deportivo que también acusó un importante bajón físico, que se unió al moral cuando Kaká, sacándose desde la media luna un remate de genio, de los que parecen tan fáciles pero solo están destinados a elegidos, puso el empate. El equipo de Fernando Vázquez ya estaba hacia abajo, el campo inclinado de forma definitiva, y el Madrid preparado para la remontada. Sin prisas, pero consciente de que con su calidad, tarde o temprano, caería el segundo. Y así fue, con una conexión Kaká-Cristiano culminada por Higuaín, otro al que este partido debe servir de recuperación anímica para el inminente clásico ante el Barça. Sobró la expulsión de Di María por dos amarillas consecutivas cuando ya estaba todo vendido.

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