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Los mundos de Adelson

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08.02.13 - 12:08 -
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Los mundos de Adelson
El magnate Sheldon Adelson. / Archivo

Cuando se sienta a pensar, Sheldon Adelson, el magnate norteamericano, icono del conservadurismo y de los valores más rancios del Partido Republicano, es un misil sin rumbo. En 1996 se metió en un despacho con varios arquitectos para dilucidar el superhotel que quería construir en pleno ‘Strip’ de Las Vegas (así se conoce a la avenida más famosa de la ciudad del juego). Había una mesa llena de planos enrollados en tubos y cientos de carpetas con las ideas más peregrinas que habían parido ingenieros de todo el mundo.Tenía que elegir una. Pero se abrió la puerta e irrumpió en escena Miriam, su segunda mujer:

–¡Hacedlo como Venecia!

Y lo hicieron. El matrimonio había disfrutado de su luna de miel en la ciudad italiana y se les ocurrió la absurda idea de llevar esos preciosos canales con su Puente Rialto y todo a Las Vegas. Así nació The Venetian Sands, embrión del imperio de Adelson y una muestra de lo que puede encontrarse en unos años en Madrid, si sigue adelante el proyecto de Eurovegas.

Nada de lo que hace Adelson guarda una lógica de escala. Todo es grande y de primeras, absurdo, descabellado como aquella idea de recrear la milenaria Venecia en una urbe en la que lo más viejo es de anteayer y de hacer flotar sus canales sobre el desierto de Mojave. Bien, pues funcionó. Adelson había comprado por 100 millones de dólares el Sands, un casino venido a menos en el que cantaba Sinatra. Lo derribó con traca de fuegos artificiales y decidió construir un complejo enorme de mil millones de dólares. Los interioristas recibieron absortos un libro de 300 páginas en el que aparecía hasta el último angelote, el último marco y la última fuente que había que copiar. Compraron columnas, mármoles y maderas. Dijeron que era una locura. Pero los sueños de Adelson, cuestionados ahora en España, se hicieron realidad. Se levantó el palacio Ducal, la plaza de San Marcos y El Campanile.

Mientras que usted lee estas líneas, decenas de turistas llegados de todo el mundo se pasean por las aguas artificialmente azules del canal del Venetian mientras un gondolero nacido en cualquier sitio menos en Venecia maneja la pértiga y atruena la mañana con una tarantela.

Trece minutos de paseo en góndola bajo el eco del ‘O sole mio’ cuestan en The Venetian Sands 13 dólares, pero el meollo financiero no está en el agua, sino en el Grand Canal Shoppes, un megacentro comercial de 50.000 metros cuadrados repletos de restaurantes y tiendas, y en los 11.000 metros de su casino. También disponen de palacios de congresos para convenciones e instalaciones deportivas en las que ha jugado Pete Sampras, y un teatro en el que cantó Beyoncé y se representa ‘El fantasma de la ópera’.

La empresa asegura que el 65% de sus ingresos proviene del centro de convenciones y del resto de negocios que no son el juego. El hotel y sus bajos precios es el gancho para que lleguen clientes dispuestos a soltarse el bolsillo en la ruleta, en las tragaperras o donde sea. Por cierto que el casino es de los pocos de Las Vegas en los que no hay camareras ligeras de ropa que distraigan a los jugadores. Al fin y al cabo, están en la ciudad del pecado, la capital del exceso y aquí la mayoría viene a apostar.

Y a gastar. Las Vegas y elVenetian son una concentración de datáfonos y cajas registradoras en las que gastarse el dinero en un polo de Armani, una botella de Moët en el privado de una discoteca, o unas ostras con frambuesas en el B&B Ristorante del superchef Mario Batali. Quizás no haya tantas tentaciones juntas en el mundo para sacar de paseo a la tarjeta de crédito.

Buena parte de los turistas se presentan con el ánimo de perder hasta la camisa, pero también los hay que acuden a ver algún espectáculo, de los mejores que se ofrecen en Estados Unidos. Lo de menos es el precio de la cama. En el Venetian, con casi 8.000 habitaciones y suites, se puede dormir en una habitación de 60 metros cuadrados con todo lo que se le ocurra –incluido un nutrido minibar– por 115 euros la noche y 75 dólares en cupones de regalo para consumo en el complejo. Si usted es «el gran apostador», le extenderán una alfombra roja.A costa de jugárselo todo, vivirá en una suite de cuatro habitaciones con salón, sala de masajes, spa y hasta un cuarto para el mayordomo.

Este esquema supuso la gallina de los huevos de oro para Adelson. Si necesitaba 800.000 dólares de beneficios en siete años para amortizar la inversión, saldó las cuentas en año y medio. Bingo. Además, la aversión del magnate a las organizaciones de trabajadores impide a sus empleados afiliarse a un sindicato. Tampoco parece importarles. «No nos hace falta, ganamos buena plata». También se ha publicado que en el transcurso de una protesta laboral en las puertas del Venetian se presentó en persona para echar a los manifestantes al grito de «¡La acera es mía!».

Macao y Singapur

El modelo del exceso de Las Vegas Sands que viene camino de Madrid ya se ha instalado en otras partes del mundo. Primero fue en Macao (junto a Hong Kong una de las dos regiones administrativas especiales de China) con siete complejos vacacionales y el tercer edificio más grande del mundo –será por sitio–, con un proyecto también salpicado por sospechas de sobornos a políticos. Abrió en 2007. Entonces ya estaba en marcha el complejo que más se podría parecer a lo que se prepara para Madrid, el de Singapur.

Para éste ideó tres torres hoteleras de 50 pisos cada una con 2.500 habitaciones que cuestan entre 285 y 13.000 euros, además de un casino con cientos de mesas y 1.600 tragaperras. En las alturas, una plataforma voladiza como una pluma suspendida a más de cien metros del suelo. La broma le costó 5.700 millones de dólares y en plena crisis económica, estuvo a punto de llevar a Las Vegas Sands a la bancarrota. La quiebra hubiera sido lo lógico si Sheldon Adelson y la lógica no llevasen decenios sin hablarse.

SHELDON ADELSON

El gran magnate de las fichas

Sheldon Adelson, de 79 años, es el presidente y fundador de Las Vegas Sands Coporation, la empresa que está detrás del proyecto de Eurovegas que pretende construir en Madrid. Adelson compró el viejo casino Sands de Las Vegas y construyó el gran complejo del Venetian, un modelo rentable que ha exportado a Macao, enChina, y a Singapur. Es hijo de un taxista. Comenzó vendiendo periódicos en un quiosco con 12 años.Con 16 manejaba máquinas de vender gominolas. Es un apasionado de los aviones y posee varios jets privados.

El hombre rico del Partido Republicano

Adelson es una de las fortunas detrás del Partido Republicano, en cuyas primarias intervino con 17 millones de dólares para Newt Gingrich, el candidato derrotado por Mitt Romney. Es judío y financia varios programas con Israel.

25.000 millones de dólares

Es la fortuna que se le calcula. Es el 14 hombre más rico del mundo, según ‘Forbes’.

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