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De Abraham a Lincoln

29.01.13 - 02:14 -
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De Abraham a Lincoln
Obama, en el juramento hace cuatro años- / Archivo
El lunes será un día grande para Obama. Pero si antes de jurar el cargo le diera por hojear la Biblia sobre la que posará su mano para cumplir el ritual de la investidura, es posible que se le quiten las ganas de festejarlo… al menos como Dios manda. La Biblia, la misma que utilizó Abraham Lincoln el 4 de marzo de 1861 para convertirse en el decimosexto presidente de Estados Unidos, presenta dos pequeños marcadores, ambos en el Antiguo Testamento. La primera marca está justo en el capítulo 31 del Deuteronomio, que arranca con la curiosa revelación que hace Moisés a los israelitas sobre su edad: “Ya tengo ciento veinte años…”, con lo que Obama, de 51, podrá pensar que aún tiene cuerda para rato. Es la otra la que aguaría la fiesta al presidente y su esposa Michelle si les ronda la idea de celebrar un día tan señalado con algo de sexo y una copita de champán. El segundo marcador nos lleva al cuarto capítulo del libro del severo profeta Oseas, que alerta de que “fornicación, vino y mosto quitan el juicio”. Así que si Obama andaba pensando en darse un homenaje mejor que deje el libro cerradito o repare en otras curiosidades de este preciado ejemplar que ha pasado a la historia como la Biblia de Lincoln… sin serlo realmente.
Al bueno de Abraham le habría gustado jurar sobre su propia Biblia, la que conservaba en Springfield (Illinois) y que empaquetó con todos sus demás enseres cuando resultó elegido presidente y se tuvo que marchar a Washington. El equipaje no llegó a tiempo a la Casa Blanca (que en 1861 no se llamaba así, sino Palacio Residencial) por lo que se tuvo que improvisar la búsqueda de una biblia. William Thomas Carroll, secretario de la Corte Suprema de EEUU, fue el encargado de resolver el entuerto. Unas crónicas señalan que William salió a comprarla apresuradamente a las calles de Washington. Otras, que cogió una que él guardaba para uso oficial.
Lo que sí hizo el secretario para dejar constancia en la Historia de que ésa no iba a ser una biblia cualquiera fue estampar en las páginas anteriores a la contraportada el sello del Tribunal Supremo y una anotación manuscrita de su puño y letra en la que se lee: “Yo William Thomas Carroll, secretario del citado Tribunal, certifico que esta copia de la Sagrada Biblia es aquella sobre la que el honorable R. B. Tanney, presidente del susodicho Tribunal, administró a su excelencia Abraham Lincoln el juramento del cargo de presidente de los Estados Unidos”. Tras todo el ceremonial del juramento, Carroll entregó el libro a la familia de Lincoln, que lo conservó hasta 1928, cuando fue donado a la Biblioteca del Congreso por Mary Harlan Lincoln, la viuda de Robert Lincoln Todd, primogénito del presidente Lincoln y único de sus cuatro hijos que llegó a la edad adulta, pues los otros tres murieron muy jóvenes.
En la sección de libros raros
La pieza es uno de los tesoros más preciados de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y se guarda en la sección de Libros Raros y Colecciones Especiales. Los americanos, un pueblo sentimental y exagerado donde los haya, han encomendado nada menos que a sus servicios secretos un plan específico para proteger de la humedad, la temperatura y la exposición a la luz estas páginas de valor histórico, sí, pero también simbólico. El encargo, en cualquier caso, no deja de resultar chocante. Uno puede imaginarse al CNI diseñando la seguridad del Códice Calixtino… ¿pero su conservación?
Pero dejemos Santiago y volvamos a las escaleras del Capitolio, donde este lunes, casi siglo y medio después de la investidura de Lincoln, Barack Obama, como ya hizo hace 4 años, volverá a jurar su cargo con la mano izquierda sobre la tapa que cubre las 1.280 páginas que median entre el Génesis y el Apocalipsis. La biblia en cuestión no es mucho más grande que la palma de una mano. Apenas mide quince centímetros de alto por diez de ancho y cuatro y medio de profundidad. Pequeña pero coqueta, pues está encuadernada en terciopelo púrpura y sus bordes vienen reforzados con una pieza metálica bañada en oro. Otra placa metálica con forma heráldica y también recubierta en oro luce en el centro de la portada. Lleva grabadas las palabras ‘Holy Bible’ (Sagrada Biblia).
La que ya ha pasado a la Historia como la Biblia de Lincoln fue impresa por la Oxford University Press (OUP), la editorial más grande del mundo por su número de publicaciones y una de las más antiguas (fue fundada en 1586). La de Lincoln (ahora también la de Obama) es una edición de la llamada ‘Versión autorizada de la Biblia del rey Jaime’, una traducción inglesa publicada por primera vez en 1611 y célebre por su influencia en la literatura anglosajona y en las traducciones de los textos bíblicos. De hecho, la OUP se hizo de oro tras recibir los derechos de publicación de una obra en la que trabajaron 54 erúditos escogidos personalmente por el rey Jaime I de Inglaterra.
Y, en fin, por si alguien se ha quedado con la duda, una biblia similar a la que el lunes saldrá en todos los informativos del mundo tendría en cualquier librería de viejo un precio asequible (unos 40 o 50 euros) si no fuera por su valor histórico. Palabra de Obama. O sea, palabra de Dios.
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