El espíritu y la fuerza de Cristiano tapan el desafío de Mourinho

El delantero portugués, omnipresente y letal ante la Real, hizo un gran favor a su técnico, abucheado por el Bernabéu por la nueva suplencia de Casillas, que jugó casi el partido completo tras el penalti y la expulsión de Adán

AMADOR GÓMEZMADRID
Cristiano celebra uno de los goles ante la Real. / Efe/
Cristiano celebra uno de los goles ante la Real. / Efe

José Mourinho volvió a provocar y desafiar con la suplencia de Casillas, pero lo arregló el de casi siempre: Cristiano Ronaldo. En solo dos minutos Cristiano acabó con la tensión y la incertidumbre que acogotaba a un Real Madrid al que devolvió la vida el espíritu, la omnipresencia y la potencia del crack portugués, capitán y bigoleador ante una meritoria Real Sociedad. La definición de un contragolpe desde el puesto de delantero centro y un libre directo a derechazo lejano de Cristiano que se comió inmediatamente después Bravo sirvieron para certificar la victoria en un partido loco en el que el Madrid, sin apenas fútbol pero con mucho sacrificio, igual que pudo ceder un empate al final marcó cuatro y pudo lograr media docena. Lo evitaron los postes a remates de Benzema e Higuaín, y también la falta de puntería que acompaña esta temporada a los blancos, aunque liderados por el incansable Cristiano, que corrió y trabajó como ninguno, el Madrid aparcó un poco la crisis y el polvorín no estalló.

El espectacular Cristiano, desatado la víspera de la entrega del Balón de Oro, hizo un gran favor a Mourinho, porque el nervioso y desafortunado Adán estuvo cerca de arruinar la treta del técnico portugués, abucheado por el Bernabéu cuando su nombre fue citado por megafonía y víctima después de una ironía del destino que al final se tradujo en triunfo gracias al segundo mejor futbolista del mundo y al coraje madridista. El abrazo entre Cristiano y Mourinho, que no se atrevió a salir del banquillo para exponerse al plebiscito de un público que cada vez le aguanta menos, escenificó un apoyo que el técnico necesitaba. Porque Mourinho quedó muy tocado después de que Adán solo durase cinco minutos en el campo por un penalti y expulsión y al ovacionado Casillas le tocase ocupar la portería de un equipo que quedó desconcertado con uno menos y, con todo fiado al contragolpe, le tocó remar contracorriente ante una Real Sociedad superior hasta mediados de la segunda parte.

El choque en el que Cristiano quiso demostrar otra vez lo muchísimo que vale, quedó marcado por la titularidad y la roja directa a Adán, que apenas jugó ante los donostiarras y tampoco lo hará el miércoles en la Copa contra el Celta. A Mourinho, que creía tener coartada con dejar de nuevo al aburguesado Casillas en el banquillo, le salió mal el plan, aunque le salvó CR7 y la casta que contagió a sus compañeros. Cuando el Madrid sufría, Cristiano se echó al equipo a la espalda y demostró a su entrenador que este equipo no se rendirá nunca aunque tenga la Liga imposible. El guión inesperado comenzó a escribirse tan pronto que con 1-0 casi desde el pitido inicial y cuando el madridismo aún estaba rumiando el nuevo reto de Mourinho e intentando recuperarse del golpe de la titularidad de Adán, Casillas tuvo que saltar al terreno de juego.

Sobrenatural

El colmo hubiese sido que detuviese el penalti, pero no hubo milagro y, el primer capitán, también presa de los nervios al principio, debió ir creciendo bajo palos para reforzar también desde atrás la confianza de un equipo que, con una defensa inédita y poco fiable, repitió su mal fútbol, habitual durante toda la temporada, y solamente pudo triunfar por su letal contragolpe y sus latigazos en ataque, con Cristiano en todas las jugadas ofensivas. Fue una batalla de Cristiano contra la Real, que consiguió empatar en dos ocasiones gracias a las facilidades defensivas de una zaga sin Pepe ni Sergio Ramos pero tuvo que rendirse a la capacidad sobrenatural del goleador portugués.Superado claramente en el primer tiempo por una Real que tocó pero no tuvo profundidad, cuando el Madrid ya se había puesto serio pasada la hora de partido, apareció la demolición por derribo de Cristiano. Para resolver uno de los numerosos contraataques de los que dispuso el Madrid, y para, con un trallazo pegado al larguero, dejar en evidencia a Bravo, pese a la velocidad y fuerza que llevaba su disparo.

Mourinho, agazapado casi siempre en su asiento, ya que solo salió a protestar alguna decisión arbitral, también dio un paso al frente en la segunda parte adelantando las líneas de un equipo que hasta entonces, a falta de fútbol, lo había fiado todo a la contra. Jugar al contraataque, con las garantías que da Cristiano, es lo que le gusta a este Madrid, pero cuando se acababa el tiempo y la situación se ponía tan fea, los blancos mantuvieron la tranquilidad y quisieron sacar partido de su clase en la elaboración. Antes le había tocado sorprender a Khedira, quien jugando más adelantado que de costumbre, se convirtió en asistente y autor de un taconazo genial para los dos primeros goles. Después llegó el momento de Cristiano. Pero eso ya no es ninguna sorpresa, porque este es el Madrid de Cristiano, y el portugués resume el fútbol y la fuerza de este Madrid que juega poco pero pega mucho.

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