El Gobierno advierte a Mas de que va «error tras error»

La vicepresidenta ha señalado que el referendo independentista que han pactado celebrar ambas formaciones "no es legal" y que el Estado lo impedirá

A. TORICES MADRID
Gallardón, Santamaría y Rajoy, en el Congreso./ Efe/
Gallardón, Santamaría y Rajoy, en el Congreso./ Efe

El Gobierno ha lanzado al primer aviso a Artur Mas, nada más conocerse que el líder de CiU está a punto de cerrar un pacto de legislatura con Esquerra Republicana que contempla la celebración de un referendo independentista en Cataluña en 2014.

La advertencia ha llegado por boca de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, quien ha asegurado que Mas, con su alianza con los republicanos y su insistencia en la apuesta por la vía soberanista, que ignora los malos resultados que cosechó con su adelanto electoral, va error tras error.

Cree que se está dando un paso muy decidido hacia la inestabilidad en Cataluña, que es lo que menos necesitan los catalanes y especialmente los que lo están pasando mal, y que el futuro presidente de la Generalitat ha optado justo por la dirección contraria que le marcaron los ciudadanos en los comicios del 20 de noviembre.

La mano derecha de Mariano Rajoy considera que los catalanes fueron muy claros en las urnas y que lo que pidieron es que trabajemos unidos frente a la crisis y para fortalecer los mecanismos que tiene España para salir adelante.

El Gobierno del PP, que en los últimos días comenzó a tender la mano a Mas para evitar un acuerdo con ERC si el líder de CiU aparcaba el camino de la secesión, tiene claro que la consulta que plantean ambos partidos en su acuerdo no es legal, por lo que Santamaría insistió en que la Constitución y las leyes españolas dan al Ejecutivo muchos mecanismos para frenar cualquier ilegalidad y que Rajoy está dispuesto a usarlos todos.

El pacto soberanista tampoco gustó en el PSOE. Soraya Rodríguez, la portavoz parlamentaria, cree que el acuerdo no ofrece las soluciones que necesitan los catalanes y que, más bien, parece diseñado de cara a salvar los intereses de cada partido y en la búsqueda de salidas personales de sus protagonistas, especialmente para Mas, tras su fuerte desgaste electoral.

En similares términos se ha expresado el presidente del Gobierno durante una de sus intervenciones en el Congreso de los Diputados: "Estamos debatiendo aquí sobre un proceso de unión: bancaria, fiscal, económica, política... Eso es el futuro, es la lógica, es lo que dice el sentido común. Hoy hay una gran globalización y lo único que no tiene sentido es ser pequeño e ir a procesos de separación porque es ir contra el signo de los tiempos".

El jefe del Ejecutivo ha ido más allá y en respuesta a Alfred Bosch, de ERC ha asegurado que "en Europa de lo que se habla es de uniones no de otras cosas. De separación, de división, créame que no se habla mucho y tampoco es algo que genere entusiasmo; entre otras cosas, porque va en contra de su propio proceso de integración y del signo de los tiempos".

"Ir a ninguna parte"

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, por su parte, ha insistido esta mañana en que cualquier aventura independentista que puedan pretender llevar a cabo CiU y ERC no traerá más que problemas, incertidumbre y dificultades económicas para Cataluña.

Una vez más, el titular de Exteriores ha recordado que la secesión de Cataluña comportaría su salida automática de la Unión Europea. Debería, por tanto, iniciar el proceso de adhesión, que en última instancia debería ser aprobado por todos los miembros. No conozco ningún Estado miembro dispuesto a aceptar la independencia unilateral, ha afirmado García-Margallo.

La salida de Cataluña de España tendría también serias consecuencias en su economía, que según ha dicho perdería hasta un 20% de su Producto Interior Bruto.

García-Margallo ha criticado que el presidente catalán, Artur Mas, haya caído en la tentación de buscar un enemigo externo cuando hay que hacer recortes y ha apuntado que la política que se rige por donde van unos manifestantes u otros no es política. Lo que piden CiU y ERC, ha concluido, es el derecho a decidir ir a ninguna parte.

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