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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 28 agosto 2014

Opinión

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«Capitalizar el surgimiento económico de la mujer exige conciliación familiar, pero no como nuevo paternalismo sino a partir del consenso social»

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La crisis financiera ha dejado al descubierto algo muy interesante: ha llegado por fin el momento del protagonismo económico para la mujer. En el paradigma productivo post-industrial somos nosotras las que poseemos las aptitudes mejor valoradas para sobresalir. Lejos de un mero cliché feminista, se trata de una realidad palpable. Tres de cada cuatro empleos destruidos en Europa y EE UU estaban ocupados por hombres. Las mujeres ya representan más de la mitad del mercado laboral americano. Y es de sobra conocido que el sexo femenino es mayoría en universidades, fundamentalmente en aquellas carreras de mayor potencial futuro (comunicación, ciencias de la salud, servicios profesionales, comercio exterior, alimentación, etcétera).
Durante las últimas décadas, el eje de la economía se ha centrado en los servicios, en los bienes intangibles; bienes que ya no dependen de la fuerza, ni de la infraestructura física, sino que dependen del talento individual, de la capacitación técnica, de la tecnología y del instinto creativo: comercio, marketing, asesoría, etcétera. Es un mundo que valora aptitudes más frecuentes entre las mujeres. Y muchos advierten las profundas consecuencias que tendrá este fenómeno a largo plazo. El asesor económico de Obama, Larry Summers, ha pronosticado que «cuando la economía se recupere, uno de cada seis hombres entre los 25 y 54 años no tendrá trabajo».
Según la Encuesta de Población Activa de 2009, en España, desde que se instaló la crisis, el crecimiento del desempleo masculino ha sido el doble de rápido. El paro de los hombres se elevó en un 92%, el de las mujeres apenas en un 45%. La tasa de desempleo masculino subió seis puntos porcentuales, hasta el 12,96%, mientras que en la femenina el incremento fue de cuatro puntos, hasta alcanzar el 15,14%, a finales de 2009. Por otra parte, el INE apuntó que, de los nuevos actores económicamente activos, una amplia mayoría son mujeres. Entre 2002 y 2009, la EPA femenina -la población que está trabajando o en disponibilidad de hacerlo- se ha elevado un 32%. En marcado contraste, el crecimiento de la población activa masculina llegó apenas al 12,5%.
En Euskadi, el desempleo masculino aumentó en casi un 60% entre 2007 y 2009, durante los momentos más duros de la crisis, mientras que el femenino apenas lo hizo en un 29%. Y aunque sigue habiendo más mujeres que hombres sin trabajo, la brecha se ha acortado a mínimos históricos. Por otro lado, según datos del Eustat, la tasa de ocupación femenina se ha mantenido al alza hasta el último trimestre de 2010, mientras que la de los hombres conserva su tendencia depresiva, con levísimas recuperaciones.
Las españolas, no obstante, seguimos ganando menos, y nos enfrentamos a pesados lastres. Aquí, para las trabajadoras sigue siendo un auténtico dilema la decisión de procrear. Las que deciden tener familia se ven obligadas a renunciar a una carrera profesional o a trabajar media jornada, en ocasiones, a seguir el ritmo soportando un alto nivel de estrés. Según sondeos muy recientes, un 90% de las trabajadoras españolas considera que los permisos maternales no son suficientes, y que deberían extenderse más, hasta equipararnos a otros países europeos. Un 63% considera primordial que se promuevan más políticas que permitan la conciliación laboral, a través de medidas como la flexibilización del horario, o la creación de guarderías en sus puestos de trabajo.
Como bien ha señalado la profesora de Harvard Nancy Koehn, lo que deberíamos estar preguntándonos es qué necesitamos hacer para capitalizar el surgimiento económico de la mujer. La respuesta se encuentra fundamentalmente en la conciliación familiar, como lo ha manifestado reiteradamente la Unión Europea. Pero el Gobierno español ha hecho oídos sordos, incumpliendo incluso promesas expresas de más guarderías y de fomento de políticas de apoyo.
La salida, eso sí, no se encuentra de ninguna manera en una nueva fórmula de paternalismo estatal, sino en el consenso social. Quienes formamos parte del entorno público debemos incentivar ese consenso, pero no imponerlo mediante leyes de cuotas y otras medidas artificiales que solo sirven de parche. Hace falta un cambio de mentalidad, promocionado por políticas gubernamentales integrales.

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