Tan equivocado es pensar que hemos alcanzado la meta, como pensar que nada se mueve. Estamos al final del túnel, habrá pasos atrás y adelante, habrá que seguir vigilando y actuando con firmeza e inteligencia, pero la pesadilla etarra dejará de atormentarnos.
Estamos en tiempos de esperanza, de respirar hondo, apoyarnos mutuamente todos lo que nos hemos dejado tanto en el empeño, en particular las vidas de nuestros amigos, de nuestros compañeros y familiares, también de nuestros añorados adversarios, toda esa sangre inútilmente derramada.
La pesadilla etarra, esa especie de maldición (porque ha tenido momentos en que parecía la hidra de las 1.000 cabezas), esa pesadilla sólo va a serlo para ellos mismos, para sus comandos, sus militantes, sus jefes y sus secuaces, los de los 'servicios civiles' que han hecho del matonismo su oficio y se han beneficiado sin limite del chantaje etarra.
ETA ha fracasado política y militarmente y ha fracasado por la tenacidad de sus víctimas, por la rebelión de la ciudadanía vasca y española, por la constancia democrática de la inmensa mayoría. Carece totalmente de futuro y tras más de 50 años de provocar sufrimiento su aportación a la política vasca, a ese polo soberanista actualmente en estado embrionario, es 0,000. El comunicado remitido el 5-IX-2010 a la BBC es patético, sus conceptos y terminología son de muy baja cualificación. Lo único positivo que puede aportar ETA es su propia desaparición; será un suicidio muy bien visto por la ciudadanía.
Carece de futuro, por eso debe cerrar la persiana cuanto antes, y hacerlo resignadamente; su presente es la cárcel, no lo serán ni las mesas de negociación ni las moquetas gubernamentales. No tiene bazas que jugar, no dispone de la mínima capacidad para imponer o negociar sus objetivos con las instituciones, tanto con los gobiernos como con los partidos políticos.
Por supuesto que existen muchas ideas diferentes acerca del futuro escenario político tras la desaparición de ETA, así como respecto a la reconciliación o la reintegración social de los antiguos etarras. No es el tema del momento. Tiempo habrá para que sus víctimas (es decir, todos los demás) decidan ser generosos, si lo estiman oportuno, con quienes se desmarquen de la trayectoria pasada. No es momento de especulaciones: el futuro de los etarras es importante solo para ellos mismos, no para los demás, que lo tengan muy clarito.
Evidentemente, el final de ETA será la gran alegría de la democracia en España, será la gran fiesta para todos los que hemos aguantado, resistido y combatido a esa gentuza. Estaremos mucho tiempo con sonrisa de oreja a oreja en nuestras caras, será el final feliz, tantas veces soñado.
La clausura etarra es el resultado de la lucha democrática, de la firmeza de la inmensa mayoría. De los éxitos de la movilización ciudadana y sus instituciones, incluidas las acciones políticas, diplomáticas y policiales. Todo ello ha conducido a una ETA extremadamente debilitada a un callejón sin salida.
Desde el punto de vista de la política, habrá cambios particularmente en el mundo nacionalista, que nunca confió en el triunfo político y policial de los demócratas, que apostó por una negociación final como paso inexcusable para el periodo post-etarra. La derrota les afectará porque no entró nunca en sus previsiones. En particular en el mundo de Batasuna, que en mi opinión es el más interesado en mandar a ETA al baúl de los recuerdos. Batasuna necesita oponerse a ETA. De ahí que a medida que se aproximan las citas electorales hayan multiplicado sus mensajes y proclamas para resolver 'el conflicto' por vías 'pacificas y democráticas'. No puede continuar fuera de las instituciones porque la fidelidad del voto flaquea con el tiempo y hay muy variadas opciones dispuestas a pescar en su caladero electoral (el resultado de las autonómicas 2009 es clamoroso en ese sentido tanto para PNV como para Aralar).
Batasuna, si quiere seguir representando su espacio electoral, debe desechar toda esperanza de obtener, vía negociación privilegiada, cualquier ventaja política. Y en concreto, todo lo que se refiere a sus tesis más queridas, la territorialidad (la relación con Navarra) y el soberanismo, vía autodeterminación. Otegi y sus colegas tienen la única fuerza en sus votantes, su capacidad de coacción se ha desplomado, está bajo cero y no es recuperable. En la situación actual, la única fuerza de los secuaces de ETA son sus votos y las normas democráticas.
Y si no los cuidan, si no rompen definitivamente con ese enfermo terminal que es ETA, su fuerza será cada vez menor, hasta convertirse en algo marginal.
¡Quién iba a decir a los virtuosos del chantaje, a quienes admitieron que sus adversarios políticos fueran considerados 'objetivos militares', que su única fuerza son sus votos! Pues así es: su capacidad de amedrentar, de extender el manto del miedo, ha desaparecido. El final de ETA será el certificado de esa pérdida irreversible.
Adelante Euskadi, adelante España, el levantamiento popular contra ETA está triunfando.
Es imparable. Tenemos derecho a creer en la victoria.