Los oriundos de la localidad de Las Ruedas de Enciso están convencidos de que el final que le espera a su pueblo, sumergido bajo las aguas del río Cidacos en el embalse de Enciso, bien podía haber sido otro. No hay nada más que observar la favorable deriva que están tomando las poblaciones de la comarca, arropadas por el impulso turístico que supone no sólo los yacimientos paleontológicos, sino, también, el auge del turismo de naturaleza.
Sin embargo, resignados como están a que el hogar de sus ancestros acabe como tantos otros en el fondo de una masa de agua, están bastante molestos porque ven cómo un proceso de expropiación que se comenzó con carácter de urgencia, se halla ahora en una situación que ni los afectados saben cuál es.
Magdalena Martínez, oriunda de la localidad y que aún conserva casa en la misma, explicaba que tras la apertura del expediente de expropiación no han vuelto a saber nada del pago de las mismas. «Ni a los que aceptaron el precio propuesto en un primer momento ni a los que no nos vamos a contentar con lo que nos quieren dar, nos han vuelto a decir nada».
Ella, que como indica no está conforme con lo que se proponen pagar, «menos de 200 euros el metro cuadrado en el caso de las viviendas», cree que la dilación no es otra cosa que una táctica de la Administración para hacer desistir a los inconformistas, por lo que pide que «nos digan adelante o nos digan para atrás, porque hay gente que ha desalojado las casas y se ha llevado sus enseres pensando que era cierto lo que decía la Administración de que iba a ser rápido. No hacen nada más que decirnos mentiras y ya estamos hartos».
Por todo ello y porque desde «los años 80 cuando se empezó a preparar el proyecto del pantano, nos han venido discriminando, tanto desde el Gobierno central como desde el regional, ya que hemos tenido que traernos nuestra propia agua, la electricidad con paneles, etcétera», durante el pasado fin de semana se han celebrado las que pueden ser las últimas fiestas de la patrona, la Virgen de los Remedios, con cierto tono reivindicativo.
Alrededor de quinientas personas llegaron hasta la localidad el sábado por la tarde, portando los estandartes de casi una decena de poblaciones de la comarca, para celebrar la fiesta y recordar a propios y extraños que el pueblo, de no ser porque los planes son otros, podría seguir vivo muchos años más.