Estaría dispuesto Antonio Basagoiti a dar los votos de los diputados vascos del PP en Madrid para garantizarle los Presupuestos Generales al Gobierno del PSOE, para evitar de ese modo cualquier acuerdo entre el Ejecutivo central y el PNV? Ésta es la pregunta que se me antoja pertinente tras escuchar las continuas declaraciones del presidente del PP vasco en contra del PNV y de Rodríguez Zapatero, que siempre intenta aprovechar para clavar algún dardo en el lomo del PSE y de Patxi López.
Antonio Basagoiti sabe que la aprobación de los Presupuestos es fundamental para cualquier gobierno. Y sabe también que la configuración del Congreso de los Diputados obliga al Gobierno a pactos presupuestarios que sólo pueden ser hechos con los grupos minoritarios de izquierdas o con grupos regionalistas y nacionalistas, porque el PP afrontó la legislatura sumido en las aguas turbulentas de quien sólo persigue la conquista del poder y no la solución de la crisis, el progreso de España y el bienestar de los españoles. Dado que esto es lo que ha venido ocurriendo en este periodo, ¿a qué vienen las críticas cada vez que se vislumbra que el Gobierno puede negociar sus apoyos con el PNV? ¿A qué vienen las críticas a un PNV 'ramplón' que reclama compensaciones económicas y políticas a cambio de sus votos, si en una entrevista reciente ha afirmado que le molesta la actual actitud del PNV en Madrid, y que prefería al PNV cuando «era un partido que iba a Madrid y traía cosas para Euskadi, traía inversiones, y ahora va a intentar meter el dedo en el ojo a López»? Bien se ve que ahora la política tiene mucho que ver con el ojo del contrario, pero no para saber hacia dónde mira sino para meter el dedo en él.
El acuerdo alcanzado entre el PP y el PSE para permitir un cambio razonable y necesario en Euskadi exigía firmeza, pero no marcaba itinerarios herméticos ni, lo que tan de moda está en el debate político, establecía líneas rojas que nadie pudiera traspasar, salvo en lo concerniente a la política antiterrorista. Si se trató de un importante acuerdo fue precisamente por eso, porque su objetivo más visible era terminar con un periodo absurdo en el que resultaba más productivo para el individuo certificar su condición de vasco con pedigrí que la de ciudadano o persona. Pero en ningún momento fueron puestas sobre la mesa líneas de gobierno estrictas para que fueran desarrolladas desde las consejerías. Si se hubieran puesto, el PP habría tenido importantes dificultades para firmar, pues no en vano las convicciones ideológicas de Patxi López y de los socialistas vascos nada tienen que ver con las del PP.
Por eso, conseguido el cambio, es tiempo de pedir al PP discreción y corrección en sus aseveraciones: que dilucide de una vez por todas ante los vascos a quién sirve, si al lehendakari López y a su Gobierno, o al candidato Rajoy. No tengo ninguna duda de cuál es la solución de esta disyuntiva. Sería de necios pensar que prefiere apoyar a Patxi López.
La política vasca siempre se ha comportado de modo biunívoco, con una doble dirección. El acendrado nacionalismo del PNV y demás fuerzas abertzales, administrado con exceso de celo en Madrid, les ha granjeado importantes enemistades allende nuestras lindes regionales. Pero igualmente ocurre con los nacionalistas de cariz españolista, que extralimitan sus rasgos en Euskadi para sacar rendimientos electorales en el resto de España. En medio de este paisaje la figura de Patxi López, nada nacionalista de un lado ni de otro, sencillamente anclado en la tierra en que nació y vive, y comprometido con sus gentes, corre el riesgo de ser tomado como si estuviera hecho con un material dúctil y maleable. Pero, si así fuera, ¿cabe pensar que esa posible característica no es buena para los tiempos que corren?
Hagamos una lectura de la historia más reciente. A la intransigencia (provocada por una lectura poco generosa del Estatuto) de Garaikoetxea se respondió con un lehendakari de perfil poco marcado (Ardanza), que fue capaz de apaciguar la política vasca y liderar varios gobiernos 'mestizos' de coalición. A la ofuscación extemporánea e hipernacionalista de Ibarretxe ha sucedido la figura reposada y templada de Patxi López, que se ha mostrado capaz de reconducir la vida encorajinada y enloquecida de los vascos agitados por las aguas incontroladas del plan Ibarretxe y la amenaza terrorista. Tras esta lectura sencilla sólo cabe pedir cordura a los políticos vascos, y las recientes declaraciones de Basagoiti ni siquiera lo parecen.
Porque decir que «el propio Patxi López y su Gabinete saben que Zapatero es poco de fiar», en cualquier contexto que se diga, es una provocación, porque en todo caso mucho menos lo será Rajoy para cualquier socialista vasco. Y no sólo provocación sino insidia es afirmar que «uno de los problemas principales que tiene España es Zapatero», porque por extensión cabe deducir que piensa igualmente que lo es el PSOE (al que el PSE pertenece) dado que Zapatero es su secretario general desde hace diez años. Si Antonio Basagoiti fuera fiel al acuerdo que firmó para lograr el cambio en Euskadi respetaría a quien fue, junto a Patxi López, su más importante valedor, que fue precisamente Zapatero.
Así que, señor Basagoiti, responda a la pregunta con la que inicio el artículo y, según el sentido de su respuesta, mida sus declaraciones públicas. Todo ello, amigo Antonio, sin acritud.