Cuánto vale el Partido Nacionalista Vasco? ¿Cuánto valen los 6 escaños jeltzales del Congreso y los 3 del Senado? ¿Qué valor de compra-venta tienen los votos del PNV en las Cortes españolas?
Estos últimos días se obtiene una respuesta nítida: el PNV tiene un precio variable, como las acciones en bolsa. Su valor depende de las circunstancias, y en concreto, de las necesidades de sus interlocutores. Y esa variabilidad alcanza su máxima cota cuando el Gobierno español (eso que por aquí se llama Gobierno central) atraviesa fases de debilidad, necesitada de permanentes apoyos parlamentarios. Una variabilidad que puede llevar al PNV a negociar a la baja como hizo con los gobiernos de Aznar, cuya investidura votó en 1996, y, por otro lado, en los momentos actuales, pretender introducir evidentes modificaciones de la Constitución y el Estatuto, a cambio de sus votos al debilitado Gobierno de Zapatero.
En las tertulias que comparto con los senadores Rabanera y Anasagasti, este último, político veterano, siempre manifiesta que su partido, el PNV, tiene bien claro que puede tensar la cuerda con el PSOE, pero sin romperla, que lo peor que podía ocurrir es una nueva mayoría absoluta del PP. Sabe que la segunda legislatura de Aznar, con un PP mayoritario, fue un desastre para Euskadi, que no sólo hubo bloqueo total al desarrollo del autogobierno vasco, sino que pretendió rebajar los niveles competenciales ya existentes en un intento de extender la 'loapización' a toda la estructura territorial del Estado.
El PNV sabe que en España los gobiernos serán o del PSOE o del PP. En mayoría o minoría, dando juego a los grupos más minoritarios y/o a los grupos nacionalistas, o sin necesitar su colaboración parlamentaria.
Y ahí es donde el PNV manifiesta su ausencia de capacidad estratégica; saber a dónde se va, decidir por qué se ha de apostar. Su tacticismo no es sino el ocultamiento de una falta de definición de sus objetivos en la política española. Da la impresión de estar deshojando la margarita, de dejarse querer en lugar de pretender metas definidas.
Los dos últimos años, el PNV ha apoyado los Presupuestos Generales del Estado. Es claro que hay razones para apoyar los Presupuestos a cambio de éxitos políticos, en particular desde el desalojo del Gobierno de Vitoria. Esa peculiar situación le permite al PNV protagonizar sus apoyos parlamentarios, tan valorados ahora, sobre todo al encontrarse los partidos catalanes en campaña electoral, circunstancia que restringe radicalmente sus anteriores respaldos al Gobierno del PSOE: cuando hay elecciones nadie regala nada al adversario.
No es menos importante la consciencia que tiene el PNV de la necesidad de los votos del PSE para sacar adelante los presupuestos anuales de los territorios vascos en las juntas generales, en particular en Álava y Guipúzcoa, como ha venido ocurriendo en los últimos años.
El PNV en la encrucijada, atascado en su estrategia. Se echa en falta en ese partido la discusión interna, la elaboración política, el debate de sus objetivos. No discutir, no plantear perspectivas, quedarse en la indefinición. Juguemos en ese punto intermedio entre la 'responsabilidad' y el 'sacar tajada', en frase para siempre asociada al portavoz Erkoreka.
De ahí que algunos de sus líderes, como el habitualmente agrio Ortuzar, manifiesten su desconcierto ante la claridad con que el PSOE, con los protagonistas del PSE-EE en primer plano, ha respondido al test que propusieron los nacionalistas en las mociones tras el debate de la nación de hace unas semanas: disposición al diálogo sin traspasar límites inasumibles; de las 15 propuestas del PNV, el PSE sólo rechazó cuatro (el referéndum de Trucíos y Treviño, las selecciones deportivas en competiciones oficiales internacionales, la ruptura de la caja única de la Seguridad Social y las políticas pasivas de empleo). El grupo socialista en el Congreso respaldó tres propuestas tal como venían desde el PNV: la referida a la fuente de espalación de neutrones (ya acordada por el Ministerio de Ciencia e Innovación), las ayudas al sector de la máquina-herramienta y la moción referente a los menores extranjeros no acompañados. Las otras quedan pendientes de negociaciones futuras, con el compromiso de reunir la Comisión Mixta de transferencias antes de fin de este año 2010.
El PSOE rechazó, por boca de su portavoz Eduardo Madina, las pretensiones de modificar la Constitución y el Estatuto de Autonomía, colando de rondón, en una negociación extemporánea, lo que los dirigentes del PNV llaman 'los temas de fondo' que tiene Euskadi: el «reconocimiento de la realidad nacional de Euskadi» y el «establecimiento de un nuevo marco jurídico-político», es decir, un replanteamiento, por otra vía, del plan Ibarretxe, que ya fue rechazado tanto en las Cortes como en las urnas vascas.
El PNV sabe que cuando se compite en el juego de la sokatira lo peor que puede ocurrir es que se rompa la cuerda, porque la cosa acaba con todos los participantes por los suelos.
La otra especulación con la que se juega estos días gira en torno a la función que representan en todo esto tanto el PSE-EE como el Gobierno del lehendakari Patxi López. Al PNV no le interesa una depreciación de nuestro Gobierno, de Eusko Jaurlaritza. Cuanto más fuertes sean nuestras instituciones, más lo serán la autonomía y el autogobierno. Pretender puentear al Gobierno vasco es una maniobra política contra los intereses de Euskadi. De manera simétrica, al PSE y al Gobierno vasco también les interesa jugar su papel de máximo representante de las instituciones vascas, así como la implicación del PNV en los diversos niveles de la gobernabilidad del país.
El papel del PSE tiene que ser potente, todo lo que tiene que ver con Euskadi requiere su participación. La actual negociación va a ser larga.
El momento político es caliente, y todos los partidos se juegan mucho. También el PNV, que, entre 'la responsabilidad' y la tajada', tendrá que ir definiendo su estrategia para Euskadi, pero también para España; no le resulta indiferente lo que ocurra en las Cortes españolas.