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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

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Inauguran en Nueva York una exposición sobre los inmigrantes llegados de Euskadi

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«¿Quiénes son los vascos?», pregunta desde ayer un cartel en el Museo de Ellis Island, parada obligatoria del turista neoyorquino, y de cuantos emigrantes llegaron a EEUU entre 1892 y 1954. Los que se rasquen la cabeza preguntándose qué hace allí toda una exposición de seis salas sobre «un pueblo ancestral, acunado entre Francia y España, que tiene patria pero no tiene estado» descubrirán que la sangre vasca forma parte del ADN estadounidense.
La pusieron gente como Lucy Aboitiz, a la que a su madre plantó en un barco de La Coruña camino de Idaho para ayudar a su tía a criar tres hijos. Tenía 15 años, no había salido nunca de Lekeitio, y dos semanas después se encontró sola y aterrada en la sala del registro de Ellis Island donde ayer resonaba la música de su tierra, con los dantzaris moviéndose al ritmo del txistu y el acordeón. Cuánto hubiera dado ella entonces por haber escuchado una voz familiar. «No vimos ni un vasco en los once días que estuvimos allí», recuerda la anciana de 104 años desde las pantallas.
A ella le intimidaba la gente con turbantes y la explosión de razas y culturas que la rodeaban en esos barracones, pero Valentín Aguirre sabía que había más de los suyos en ese periplo migratorio al nuevo mundo. Por eso cada vez que llegaba un barco se paseaba por los muelles de Nueva York gritando 'Euskaldunak hemen badira?' ('¿Hay vascos aquí?'). Cuando los encontraba los llevaba a su pequeña casa de huéspedes en el Bajo Manhattan y se convertía en su agencia de viaje para arreglarles el transporte hasta su destino final, la mayoría en el oeste americano.
Son algunas de los personas resucitadas para esta exposición. Ayer varios centenares de descendientes vascos, procedentes de lugares tan distantes como California, Idaho o Quebec, batallaron la tormenta de nieve que caía sobre la costa este para hacer justicia a sus antepasados. «Si uno de esos pastores pudiera estar hoy aquí con nosotros se quedaría estupefacto», les dijo en inglés William Douglas, profesor de Estudios Vascos de la Universidad de Reno. «Por eso esta historia es más sobre nosotros, de quiénes somos y en quiénes nos hemos convertido».
Eran mayoritariamente pastores solitarios que han dejado grabados sus apellidos en los árboles de Idaho. Son hoy médicos, abogados, periodistas, alcaldes, profesores. Toda una generación de descendientes que defiende con orgullo esa patria que sus antepasados dejaron atrás, pero nunca les permitieron olvidar.
Los herederos vascos de Idaho que organizan la exposición tienen el apoyo del Gobierno vasco, que envió a Guillermo Echenique, secretario general de Asuntos Exteriores, para remarcar los objetivos que se persigue con ella. «Homenajear a todos los que un día emigraron desde tierras vascas y mostrar al mundo quiénes somos los vascos, nuestra contribución a una potencia como Estados Unidos y, por extensión, a la historia del mundo». Echenique traía consigo un mensaje del lehendakari, Patxi López: «Esforzaros para que los vascos del mundo tengamos mayor visibilidad».
«Mensajes sesgados»
Es una estrategia para reforzar las señas de identidad, pero también para crear una red de apoyo social y económico para defender sus intereses, entre los que citó en declaraciones aparte la misión de deslegitimar la violencia. «Desde Euskadi se han mandado mensajes sesgados o incompletos de lo que es la realidad del País Vasco», explicó. Los más de 300 vascos apasionados que ese día celebraban su herencia son también embajadores de su patria en EEUU.
No están solos, por eso la muestra que verán unas 300.000 personas termina descubriendo fotográficamente la imagen de un país moderno que quiere ser visto como una potencia económica y cultural. «Ya no estaremos más 'Ocultos a plena vista'», dijo Patti Lachiondo, parafraseando el título de la exposición.

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