Si el Gobierno vasco decide enrocarse en el 'no' al Guggenheim de Urdaibai, el proyecto certificará su acta de defunción. No es una predicción. Lo dicen los estatutos de la fundación que se encarga de la gestión del museo bilbaíno en su artículo 22.2, cuando se refieren a la adopción de acuerdos en el seno del comité ejecutivo de la sociedad. El reglamento asegura que cualquier decisión de ese órgano requiere de una mayoría de votos a favor y entre esos apoyos deben incluirse «necesariamente» los dos socios principales de la pinacoteca -el Ejecutivo autónomo y la Diputación vizcaína-, por mediación de los representantes que estén presentes en la reunión. Incluso en el caso de que la institución foral promoviera por libre la iniciativa, el Ejecutivo de Patxi López tendría derecho de veto.
En la consejería vasca de Cultura ya conocen esas cláusulas, si bien hasta ahora han preferido guardar un prudente silencio. ¿La razón? Que no quieren tensar más la cuerda. Prefieren tomarse «un tiempo de reflexión» de seis meses para analizar el asunto a fondo a la espera de la decisiva reunión de junio de 2010, aunque ya han dejado claro que no les gusta ni un pelo la iniciativa e incluso han puesto sobre la mesa una propuesta alternativa: una especie de ecosistema dedicado a los artistas vascos que se extendería por las dos márgenes de la ría de Gernika.
En el caso de que Lakua apueste finalmente por el 'no' al Guggenheim de Urdaibai, a la Diputación no le queda margen de maniobra. Ni siquiera podría promover una modificación de estatutos, porque al Gobierno le bastaría con tumbarla en el Patronato de la Fundación, el órgano a la que está atribuido esa competencia y en el que se encuentran representadas 31 empresas. La normativa dice que para la aprobación de un punto del orden del día en uno de sus consejos debe contarse con el aval de dos terceras partes de los asistentes, «incluyendo necesariamente el voto favorable de los patronos representantes de los fundadores»; o, lo que es lo mismo, las dos administraciones citadas anteriormente y la Fundación Salomon R. Guggenheim, la matriz neoyorquina.
La Diputación vizcaína sabe que tampoco tendría la opción de promover por su cuenta el nuevo museo, por el mero hecho de que cualquier centro de arte de la marca estadounidense que se pretenda abrir en Europa -salvo que sea en Salzburgo o en Viena- necesita del plácet de la Fundación Guggenheim Bilbao. Se trata de una cláusula firmada en diciembre de 1996 que buscaba salvaguardar los intereses de las instituciones vascas, hasta el punto de garantizarse la exclusividad del modelo en el Viejo Continente si lo consideraba oportuno. Era una forma de proteger al máximo el futuro del negocio en el caso de que fuera un éxito -como así ha ocurrido finalmente-, un beneficio negociado en su día por dirigentes del PNV que, curiosamente, ahora se pone de lado de un Ejecutivo socialista.
«Que nos deje hacer»
Como es lógico, en la cúpula de la formación jeltzale y de la institución foral también se conocen al detalle los estatutos, aunque en ningún momento los hayan citado de forma expresa. Los últimos llamamientos al Gobierno de López para que, al menos, le permita desarrollar la iniciativa en solitario buscarían precisamente evitar un más que posible bloqueo. El primero en lanzar un mensaje de este tipo fue el propio diputado general, José Luis Bilbao. «Si no está de acuerdo con este Guggenheim, sencillamente, le pido que respete a los demás, que nos deje hacer y que no impida que esto pueda llegar a buen puerto», soltó horas después de quedar en evidencia sus diferencias en el Patronato de la institución.
El presidente del Euzkadi buru batzar del PNV, Iñigo Urkullu, daba continuidad al discurso de su compañero de partido al pronunciarse el domingo en los mismos términos. El mandatario utilizó su blog para acusar al PSE de intentar «boicotear» el proyecto de Urdaibai y llegó a comparar a los socialistas con 'el perro del hortelano', porque «ni hacen ni dejan hacer».