Los vericuetos de nuestra percepción sobre el valor de la vida humana son insondables. Además, tenemos una vertiginosa tentación a dejarnos llevar mansamente por carriles y canales construidos al objeto de pastorearnos. Actualmente se exhibe en nuestros cines una película muy recomendable para quien quiera conocer a la oveja que llevamos dentro. 'In the Loop' se titula. La película trata de recrear la manera en que el asesor de prensa de Tony Blair manipuló -supuestamente- los informes de inteligencia, en principio contrarios a la intervención militar en la última guerra de Irak, para hacerlos más 'sexies'. Ese 'sex appeal' de los informes, directamente re-escritos para trasladar a la opinión pública la percepción de que Sadam Hussein podía iniciar un ataque con armas químicas en 40 minutos, contribuiría decisivamente a montar el argumento para enviar a miles de soldados británicos a morir o a programar una vida rota por las mutilaciones. En un instante de la película se refleja la conversación entre un general estadounidense y una secretaria adjunta de Estado, ambos contrarios a la intervención militar, en donde se contabilizan soldados como si fueran ovejas que se envían al matadero.
El sintoísmo es la filosofía religiosa más extendida en Japón. Es un culto animista que propugna el respeto por todas las formas de existencia. Todo tiene vida para los sintoístas. Por eso lo tocan todo con respeto. El sintoísmo no evitó sin embargo que los kamikazes fueran originarios de Japón, que los samurais se hicieran el harakiri o que los japoneses hayan sido campeones de la matanza en otras épocas. En cuanto se trata de vidas humanas, la valoración depende mucho del contexto. Esto es importante, porque significa que la vida humana, en realidad, no tiene valor. Es decir, que el valor es conferido. Párense en este punto del artículo porque la reflexión es estremecedora, horrorosa. El valor de la vida humana es conferido... por tanto o cada cual se dota de valor o nos cedemos a otros como si fuéramos carne en mal estado que hay que colocar en la plaza del mercado.
Tenemos el caso de Haidar ahora, como antes hemos tenido a los marineros del 'Alakrana' o a nuestros ignorados secuestrados por Al-Qaida en el Sahel o a los muchísimo más ignorados soldados españoles en misiones en zonas de conflicto. Puestos a ignorar, los pobres y marginados de todos los olores que pueblan las afectuosas aceras de las grandes ciudades. Todas son vidas sintoístas, es decir, espíritus a venerar. Sin embargo, eso es sólo literatura. La realidad es que la vida nos importa más o menos dependiendo de las circunstancias.
Haidar ha sido un ser humano individual encapsulado en un aeropuerto. Ella decidió que su vida vale lo que su causa. Es una causa que tiene a miles de seres humanos embarrados en las arenas argelinas de Tinduf esperando que acabe una interminable partida de 'Go'. En esa partida unos señores con turbante y otros con corbata, que toman aviones y tienen negocios, mueven piezas esperando que un error del contrario les proporcione una ventaja. El 'Go' es un juego originario de la China milenaria en donde dos jugadores manejan unas piedras acantonadas sobre un tablero cuadriculado. Es complejísimo en sus estrategias pero muy sencillo en sus reglas. Como la vida. Haidar ha decidido que es una piedra en el juego de otros. Los campamentos de Tinduf continuarán embarrados de gente mientras sus jóvenes no decidan que es mejor emigrar de sus propias tribus y emprender vidas individuales por la única causa que debiera merecerles respeto, su propia libertad.
A estas alturas informativas, con todos los aparatos de propaganda de los jugadores 'go' a pleno rendimiento, es complejo saber de qué trata el problema Haidar. Algunos podrían pensar que es un suceso tácticamente aprovechado por el independentismo saharaui para reverdecer su amohinada beligerancia. Otros lo analizarán como una forma de atacar a Marruecos, haciendo visible su siempre presente feudalismo, que por otra parte tiene también China. Los más retorcidos atribuiremos el escenario a una forma de poner, nuevamente, de manifiesto el decadente peso español en el Magreb, subordinado siempre a intereses franceses, estadounidenses y, probablemente en el futuro, también chinos. Háganse las componendas estratégicas que la imaginación permita. Sin embargo, la realidad a nivel de superficie, con los pies en la tierra, es que una mujer nos ha dicho que está dispuesta a suicidarse por un argumento. Si tuviéramos que apostar ante la alternativa de si Haidar es una pieza del juego o uno de los jugadores que mueven las piezas, ¿cuántos de ustedes estarían dispuestos a empeñar la cesta de Navidad de la crisis en la segunda de las alternativas?.
Todo suicida tiene su argumentario. Es cierto que la huelga de hambre no es un suicidio en sí mismo, sino un instrumento de presión. El suicidio sería la intención de morir. La presión depende de si lo que pones en la bandeja de la influencia encaja en los intereses en juego. A los saharauis les encaja, a los españoles paradójicamente también y a los marroquíes les viene de perlas. En realidad, Haidar es una pieza del 'Go' que beneficia a los intereses marroquíes más que a los saharauis. Es curioso cómo las ovejas en un rebaño dependen del perro. Resulta que si miramos el tablero del 'Go' los más refozados en esta crisis son los marroquíes, que están dejando claro que tienen padrinos poderosos, que pueden permitirse no ceder ante lo que en otro caso sería un mero absurdo administrativo y que, sobre todo, son independientes de España. Haidar es como la marcha verde desde Lanzarote. Tengamos en cuenta que esta operación la inicia Marruecos deteniendo a Haidar en El Aioún y expulsándola hacia España...y ha acabado readmitiéndola tras negociar (no sabemos qué) con franceses y estadounidenses.