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CRÍTICA DE TV

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Fin del secuestro. Ahora toca reflexionar. Pero no sólo al Ejecutivo. También a la oposición y a muchos medios de comunicación. En foros, páginas y encuestas de Internet se vuelve a leer una oleada de críticas contra el periodismo y su papel en este cautiverio. No extraña. Una sociedad que ha vivido secuestros terroristas con entereza y ha compartido el dolor de las familias no es inmune a la banalización del espectáculo y su manipulación política.
Los editores de diarios colombianos se reunieron un día y decidieron una regla para afrontar la pesadilla de los secuestros de la guerrilla y los paramilitares: «Anteponer la vida de cualquier persona a cualquier primicia». La misma recomendación de los principales códigos éticos de periodismo. El de la BBC, una de las referencias, es claro: «Mantener el control de lo que publicamos». Especialmente, no publicar ni emitir conversaciones o mensajes de los secuestradores o sus víctimas sin analizar sus consecuencias.
A 'The New York Times' le costó una barbaridad que la Wikipedia no informase del secuestro de su reportero David Rodhe en Afganistán. «Tío -dijo el fundador de la enciclopedia, Jimmy Wales, a uno de los empeñados en publicarlo antes de la liberación-, para y piensa un poco». El argumento de la razón: atemperar la urgencia de la desesperación para no dejar que los criminales manden. Los editores de la Wikipedia lo entendieron.
Muchos deben reflexionar y pensar si eran necesarias tantas llamadas que los rehenes no querían contestar, explotar el dolor de las familias, especular con soluciones... Secuestrar a la opinión pública.

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