Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Sociedad

Garoña Prórroga hasta 2013

Reino Unido, Francia e Italia apuestan por una fuente energética poco contaminante, constante y menos costosa que otras pero más peligrosa

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El futuro de Europa es nuclear
Central nuclear en el Reino Unido situada en plena campiña. / EFE
La conveniencia de cerrar o no la veterana central de Santa María de Garoña (Burgos) ha vuelto a situar en primera línea el debate sobre la utilización de la energía nuclear en España. Dimes y diretes al margen, en especial los evidenciados en el seno del PSOE y en el Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, el espejo de Europa refleja una renacida apuesta sin fisuras por esta fuente de energía. Reino Unido, Francia, Italia... El núcleo del Viejo Continente se ha declarado nuclear. España, mientras tanto, es una interrogación permanente.
La necesidad de afrontar el fuerte incremento de la demanda energética en el mundo, las restricciones y sanciones establecidas en el Protocolo de Kioto o la cada vez más patente dependencia del petróleo -acrecentada por la inestabilidad de los precios del barril de crudo y los gobiernos que lo proporcionan- constituyen el grueso del ramillete de argumentos aducido por las grandes potencias europeas para defender esta opción tan denostada por los grupos ecologistas.
Pros y contras
Desde el prisma de la objetividad, la energía nuclear tiene varios pros y diversos contras. Ni tanto ni tan poco. Sus ventajas: no emite gases de efecto invernadero, produce electricidad a precios asumibles y estables, garantiza el suministro eléctrico durante todo el año y reduce al mínimo la dependencia exterior -no hay que olvidar el reciente conflicto sufrido con Rusia por la exportación de gas-. Sus inconvenientes: la gran inversión económica que hay que efectuar -una central media cuesta 4.000 millones de euros- y, sobre todo, el potencial riesgo que se desprende de la elevada radioactividad de sus residuos. Los argumentos técnicos para decantar la balanza hacia un lado u otro son muchos. Sin embargo, la política siempre acostumbra a tener la última palabra.
La renovada apuesta de las grandes potencias europeas por la energía nuclear volvió a tomar impulso en enero de 2008 después de que el Gobierno británico anunciara su intención de construir media docena de nuevas centrales a lo largo de la próxima década. El anuncio no fue baladí ya que, además de la apuesta propiamente dicha hacia un tipo de energía muy discutida, ponía encima de la mesa un negocio de 23.100 millones de euros que ha concitado el interés de las grandes empresas eléctricas, como Iberdrola.
A finales del pasado enero, el testigo lo tomó Francia, país nuclear por excelencia puesto que el 80% de la energía que consume procede de las 59 centrales que ya tiene operativas. El Gobierno liderado por Nicolas Sarkozy anunció la construcción de un nuevo reactor en la localidad de Penly, situada en el departamento de Seine-Maritime. Si se mantiene la hoja de ruta trazada, las obras comenzarán en 2012 y estarán finalizadas en 2017. Además, el país galo tiene otro reactor de la misma tecnología ya en construcción en Flamaville.
El último paso, de un gran carga simbólica, fue el acuerdo firmando por el propio Sarkozy y el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, para relanzar la producción de energía atómica en el país transalpino después de más de dos décadas de parón nuclear. El objetivo es que se puede disponer de ella a partir de 2020, ya que el proceso de construcción de unas instalaciones de estas características es muy complejo.
Pero Reino Unido, Francia e Italia no son los únicos países europeos que han apostado por subirse al tren nuclear. También lo ha hecho en los últimos meses Finlandia o Suecia, que ya han manifestado su intención de construir más reactores para atender la demanda eléctrica de forma competitiva.
En la Unión Europea, 15 de los 27 estados miembros tienen centrales operativas. Según los datos del Foro Nuclear Español, los 146 reactores en funcionamiento producen un tercio de la electricidad consumida en el continente, además de dar empleo a 400.000 personas. En la actualidad, hay cuatro unidades en construcción: dos en Bulgaria, una en Finlandia y otra en Francia.
Alemania se descuelga
En el lado opuesto se encuentra el caso alemán. El Gobierno de Angela Merkel se ha comprometido a seguir con el proceso de desmantelamiento de las actuales centrales, previsto para 2020. Desde 2001 se han clausurado dos, las de Stade y Obirigheim, pero las 17 que todavía quedan abiertas generan un tercio de la energía que consume el país, lo que podría obligar al Ejecutivo germano a cambiar de paso sobre la marcha si no consigue encontrar alternativas reales en otras fuentes de energía sostenibles, como la eólica o la biomasa. En esta tesitura también se encuentra Chipre, Malta o Irlanda, que se aferran a llevar la camiseta antinuclear.
En un contexto más amplio, la presencia de la energía atómica parece seguir los mismos pasos que Europa. En la actualidad y según los datos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), 436 reactores que existen en 31 países producen el 17% de la electricidad que se consume en el mundo. Además, otras 44 unidades se encuentran en construcción en países como China, India, Bulgaria, Japón, Rusia o Corea del Sur. A todos estos reactores se sumarán las centrales ya planificadas, nada menos que 200. Destaca el programa 2010 del Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE), donde hay una treintena de solicitudes en proceso de autorización.
Con un escenario internacional claramente pronuclear, España se enfrenta a la disyuntiva de apostar o no por una energía muy discutida. El PSOE, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente, lleva un lustro prometiendo un desmantelamiento paulatino de las centrales más antiguas, pero ya se sabe que las palabras se las lleva el viento.
Quien no parece tener dudas es el Foro Nuclear, la asociación que agrupa a las empresas españolas relacionadas con los usos pacíficos de la energía nuclear: no sólo no hay que cerrar centrales, sino que es «imprescindible» construir más reactores. Así lo asegura en declaraciones a EL CORREO la presidenta de este colectivo, María Teresa Domínguez, quien cifra en 11.000 megavatios las necesidades energéticas del país en el futuro. Para ello, pide alcanzar un gran pacto de Estado que permita en el horizonte de 2030 que España cuente con un mix eléctrico equilibrado: 30% renovable, 30% gas y carbón libre de emisiones y 30% nuclear -ahora, supone el 18% del total-.
Domínguez defiende con pasión las ventajas que reporta la energía atómica, asegurando, por ejemplo, que los 8 reactores ahora instalados en España suponen el 8,5% de la potencia instalada pero que son capaces de generar el 18% de la electricidad producida. Además de dar trabajo a 30.000 personas, explica, es la fuente energética que «más horas funciona al año».
Respecto al riesgo que entraña este tipo de instalaciones por la alta radioactividad de los residuos que generan, la presidenta del Foro Nuclear asegura que las manifestaciones de los grupos ecologistas están «injustificadas», ya que su propósito es engañar a la sociedad. «La seguridad está más que garantiza», apostilla.
Fracasos nucleares
Quien también habla de mentiras, de «engaños», es Carlos Bravo, responsable de la campaña energética de Greenpeace. En manifestaciones a este periódico, se refiere a los cuatro grandes fracasos de la energía nuclear: tecnológico, económico, medioambiental y social. «La tecnología no ha conseguido resolver los graves problemas de seguridad que entraña. Además, si no es con ayudas estatales, no es viable construir una central por su altísimo coste económico. Todo ello no hace más que evidenciar la conveniencia de apostar por las energías renovables», recalca.
Entre las «grandes mentiras» difundidas por el 'lobby' nuclear, Bravo se refiere a la teórica dependencia energética de España, «eso de que no queremos energía nuclear pero se la compramos a Francia». «Hay que dejar claro de una vez que España es más un exportador que un importador. No lo digo yo, lo dice Red Eléctrica Española», recalca.
¿Energía nuclear sí, o energía nuclear no?

Vocento
SarenetRSS