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El Ayuntamiento retiró el expediente que remitió a la Diputación ante las dudas que suscitaba a los técnicos

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El campo de golf, en punto muerto
El proyecto de Ohija se levantaba en una zona de especial interés.
El problema surgido con Bakea no es el único contratiempo que tiene encima de la mesa el Ayuntamiento de Bakio en estos momentos. Otro de los frentes abiertos es el relacionado con el polémico proyecto de Ohija, que incluye la construcción de un campo de golf de nueve hoyos. Su gestación data de comienzos de la década y, tras varias modificaciones, ahora mismo se encuentra en punto muerto. El plan inicial, que nació con el rechazo del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco -entonces en manos de EA-, contemplaba habilitar un total de 248 viviendas. Años después, se incrementó la densidad edificatoria hasta las 436 casas. La decisión fue la gota que colmó el vaso y un grupo de vecinos crearon la asociación BakioSOS para denunciar el «salvaje» modelo urbanístico promovido por el Consistorio.
Ante el cariz que tomaba el asunto, el alcalde, Txomin Rentería, encargó a la empresa Basoinsa un estudio de impacto ambiental para adecuar la iniciativa a sus recomendaciones e intentar calmar los ánimos. Finalmente, el proyecto volvió a sus orígenes y, en mayo del pasado año, el Consistorio aprobó la construcción de 248 viviendas -las unifimiliares de 520 metros cuadrados y las colectivas de 250-, así como un campo de golf, con su correspondiente club para socios, cafetería y aparcamiento.
El proyecto se remitió a la Diputación para recibir el visto bueno y, ante las dudas que generaba entre los técnicos, el Consistorio decidió a última hora retirar el expediente. «Lo hicimos para trabajar más en profundidad el tema y aunar todas las sensibilidades de cara a sacar adelante un proyecto que consideramos vital para el futuro del municipio», apuntó el primer edil.
Triángulo de interés
El área de Ohija se enclava en el centro del triángulo de interés que conforman algunos de los atractivos de la localidad turística -la playa, el Biotopo y la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, así como San Pelaio-. Precisamente, los ecologistas han denunciado que el proyecto supondría la destrucción de una de las últimas zonas de campiña costera de la localidad y pone en peligro a un ave protegida. Según los verdes, el plan de gestión del cormorán moñudo, ave acuática incluida como rara en el catálogo vasco de especies amenazadas, prohíbe la edificación de urbanizaciones y viales en el hábitat costero en el que se encuentran localizadas. Se da la circunstancia que tanto San Pelaio como San Juan de Gaztelugatxe están consideras como «áreas de interés especial para esta especie, ya que alberga colonias de reproducción consolidadas».

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