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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Política

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Después de los resultados electorales del pasado 1 de marzo han quedado claras varias cosas. La primera es que el partido más votado ha sido el PNV (con más 80.000 votos de diferencia sobre el PSE, segunda formación en cuanto a número de sufragios recibidos). La segunda es que la ciudadanía vasca no está queriendo 'echar' a los nacionalistas vascos del Gobierno de Vitoria-Gasteiz como la prensa escrita en el resto del Estado y los tertulianos proclaman a gritos.
No, señores, no. A pesar de que estas elecciones han estado claramente condicionadas por la decisión judicial de no permitir la presencia en las urnas de la izquierda abertzale, los ciudadanos y las ciudadanas de este país no han decidido que les gobierne ni un lehendakari socialista ni uno 'popular'. Eso de que los 'constitucionalistas' han recibido el mandato del pueblo para regir los destinos de Euskadi es una trampa y una absoluta falta a la verdad. Habría que recordar que en tiempos anteriores ésa era la obsesión de los entonces candidatos Redondo y Mayor Oreja, pero ésa no ha sido, ni puede ser ahora, la posición de Patxi López ni de Basagoiti. Lo contrario pasaría por un fraude a toda la sociedad vasca, incluido su propio electorado.
Somos muchos los que hemos apostado, durante largo tiempo, por un compromiso de gobernabilidad en el País Vasco entre el PNV y el PSE. La experiencia de gobierno entre nacionalistas y socialistas en la etapa Ardanza dio sus frutos y permitió alcanzar una estabilidad que nunca más se ha logrado. Y, además, ése es el mensaje que la sociedad desea y así se desprende de su respuesta en las urnas. Lo contrario, buscar soluciones frentistas y excluyentes, sencillamente va contra natura y no transmite ninguna sensación de futuro.
Zapatero necesita al PNV en Madrid y el PNV necesita al PSE en Euskadi, y eso es lo más importante para los habitantes de Euskadi y los del conjunto del Estado. En estos tiempos de crisis necesitamos gobiernos fuertes, medidas decididas para sacarnos cuanto antes de esta situación y personas con experiencia y preparación suficientes para afrontar este panorama incierto y turbulento en el que nos movemos.
Se necesita un pacto firme y duradero entre las dos formaciones más votadas en Euskadi (juntos suman 55 de los 75 escaños del Parlamento vasco). De esta manera, los Presupuestos estarán bien respaldados, y también lo estarán los diferentes departamentos, así como los proyectos y las leyes que se aprueben. En una palabra, estabilidad y ganas de trabajar para salir de la crisis, que es lo que demandan los ciudadanos, los empresarios y los sindicatos.
Si, llegados a este punto, algunos siguen pensando en que es necesario un pacto PSE-PP-UPD en Euskadi para echar a Ibarretxe de Lakua, pues les indicaría que lo propongan y que lo defiendan para el Gobierno de Madrid o de Galicia. ¿O acaso a alguien se le ha pasado por la cabeza que Mariano Rajoy, habiendo perdido las elecciones generales en dos ocasiones, podría pactar con otras formaciones de la izquierda para desalojar a Rodríguez Zapatero de La Moncloa? Seamos serios, señores, y oigamos lo que el pueblo clama.
Y por último, y no por ello menos importante, ¿alguien se acuerda de Josu Jon Imaz? Los que le conocemos desde hace muchos años, y le hemos visto trabajar de cerca, sabemos de su capacidad, de su talante y de su eficacia. Recuerdo que durante los cuatro años que he tenido la fortuna de representar a Euskadi en el Senado de España sólo he escuchado elogios hacia Imaz en todo el Estado y en todo el mundo. Josu Jon representa un valor que ni el PNV ni Euskadi se puede permitir ignorar.
Sufrí mucho cuando me adelantó la decisión de apartarse de la presidencia del partido por el bien del mismo y para no generar tensiones internas. Esa decisión solamente la toman personas sinceras, sensatas y comprometidas con su tierra, y Josu Jon, en los permanentes contactos que hemos mantenido durante su peregrinaje formativo americano, me lo ha demostrado siempre. Él representa el nacionalismo que quiere el pueblo vasco y el que se entiende en el Estado.
Y aunque muchos lo puedan criticar, como a todos, lo que no deja lugar a dudas es que Imaz posee la experiencia como parlamentario europeo, como consejero de Industria, como portavoz del propio Gobierno vasco y como presidente del PNV y, ahora, presidente de Petronor, como para, con su currículum, su trayectoria, su empuje, su juventud y sus ganas, jugar un papel importante en la vida pública en estos momentos clave en los que nos estamos jugando el futuro de nuestra amada tierra vasca.
Y si alguien no lo entiende así, pues debería aconsejarle que pise un poco más la calle, escuche lo que dice la gente, de aquí y de allí, y que, si le quedan dudas, se apunte a una cura de humildad. La Política, con mayúsculas, es el arte de servir al pueblo, aunque algunos no lo van a entender nunca y preferirán estar en la oposición con tal de seguir 'ellos' mandando.

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