C uando todavía se está culminando la remodelación de Abandoibarra, iniciada allá por el año 1993, se encuentra ya muy avanzado el plan del siguiente gran proyecto de transformación de Bilbao en Zorrozaurre. El nuevo master plan convierte la actual península en una 'isla para vivir'. El nuevo Zorrozaurre aparece así como un nuevo barrio, eminentemente residencial, que incorpora en las zonas norte y sur dos áreas destinadas a construir un 'parque tecnológico urbano' en el que se ha anunciado ya la instalación de la sede de la BBK, la sede de Idom y una clínica del IMQ. Es precisamente este nuevo tejido económico y de innovación, que potencialmente se instalará en la isla, el que puede permitir a Zorrozaurre desempeñar su papel crucial en el proceso de transformación de Bilbao hacia una metrópoli moderna y competitiva en el entorno global en el que hoy nos movemos.
Si Abandoibarra ha sido el gran proyecto urbanístico que catalizó y proyectó internacionalmente la transformación de Bilbao y su metrópoli desde una ciudad industrial hacia una ciudad de servicios, competitiva y moderna, en un entorno industrial que supo recuperar su dinamismo, Zorrozaurre, en conjunción con el resto de proyectos de la metrópoli, debe contribuir a consolidar el salto definitivo en el proceso de transformación social y económica, que en la sociedad del conocimiento, la creatividad y la globalización pasa por el imponderable de la innovación. Bilbao necesita consolidar su posicionamiento global más allá de las nuevas actividades que ha sabido potenciar en la última década. Bilbao, como principal núcleo urbano del País Vasco, debe liderar el impulso selectivo de algunas ramas de actividad intensivas en conocimiento en el sector servicios, que debidamente imbricadas con el sector industrial, garanticen altos niveles de generación de valor añadido: telecomunicaciones; intermediación financiera y seguros; informática, I+D; consultoría y asesoramiento en dirección empresarial, contabilidad, auditoría, asesoría fiscal y estudios de mercado; servicios de arquitectura e ingeniería; actividades sanitarias; sector audiovisual; publicidad y agencias de noticias; actividades jurídicas; actividades artísticas y de teatro; y actividades de bibliotecas, archivos, museos y otras instituciones culturales.
El desarrollo de la economía del conocimiento nos lleva al concepto de economía creativa, que focaliza la atención en la composición de la fuerza de trabajo y que constituye el núcleo productivo de la sociedad del conocimiento, en la que la capacidad para generar, apropiar y utilizar el conocimiento, es decir, para innovar, es el factor principal del dinamismo y el motor del desarrollo. El creciente interés por la creatividad y el talento surge de la visión sobre la centralidad del conocimiento, el aprendizaje y la innovación en la nueva economía. Ahora bien, el reconocimiento de que la capacidad de innovación no es algo etéreo o inmaterial sino que se ubica físicamente en personas y en entornos territoriales ha puesto de manifiesto el valor estratégico de las personas, en particular de las personas inteligentes, creativas, con talento.
Pero, ¿qué hacer para atraer y retener a las personas creativas, con talento? ¿Qué hacer para impulsar actividades innovadoras? Conviene tener en cuenta que la innovación se concibe como un proceso interactivo de aprendizaje en el que participan un conjunto de agentes diversos que interactúan a través de una variedad de mecanismos y rutinas institucionales y de convenciones sociales que son específicas a cada entorno cultural e institucional. Estos procesos de aprendizaje interactivo y de la innovación se ven favorecidos por la proximidad espacial y social que facilita la cooperación entre proveedores, subcontratistas, clientes, infraestructuras científicas y tecnológicas e instituciones de apoyo, el intercambio de conocimiento y la fertilización cruzada de ideas, creando un entorno favorable a la innovación y la mejora constante.
Por su parte, el enfoque de la economía creativa nos indica que los lugares con mayor capacidad para atraer y retener talento suelen ser ciudades que se caracterizan, además de por aspectos relativos a sus mercados de trabajo y valores sociales, por tener entornos urbanos dinámicos, abiertos y atractivos, adecuados a las necesidades personales, preferencias recreativas y sensibilidades estéticas y medio-ambientales de los jóvenes profesionales. Los criterios urbanísticos que subyacen en el master plan presentado -reutilización de la ciudad existente, nuevas formas de construcción de la ciudad, mejora de las infraestructuras, uso de energías renovables, sostenibilidad, integración social y urbana y la mezcla de usos planteada- permiten, sin duda, explorar la construcción de nuevos espacios residencia-trabajo-ocio que contribuyan a impulsar un entorno innovador.
Especialmente en estos momentos de crisis económica, el País Vasco debe seguir reforzando su apuesta a favor de la innovación, en todos sus ámbitos, para fomentar el espíritu emprendedor y la creatividad. Zorrozaurre bien puede convertirse en el espacio que catalice estos esfuerzos a favor de la innovación y contribuya a visualizar y trasladar esta imagen de Euskadi innovadora. Algunos elementos para tejer esta red económica-innovadora están ya presentes en la futura isla. Las facultades y escuelas universitarias que la rodean así como las actividades que ya se vislumbran en el área y sus proximidades -audiovisual (EITB), cultura, ingeniería, arquitectura, consultoría, finanzas, sanidad...- constituyen elementos claros sobre los que trabajar. La implantación de alguna institución emblemática del ámbito de la innovación reforzaría esta estrategia y anclaría la futura isla de la innovación en la red que ya existe en el País Vasco y las nuevas iniciativas que ya están en marcha como el parque tecnológico de la margen izquierda o el parque científico de Leioa.
Zorrozaurre debe impulsar, también, la capacidad de innovación institucional de la ciudad. Bilbao es conocida internacionalmente por haber adoptado un modelo de gestión urbana competitiva y emprendedora, orientado por la búsqueda de una mayor agilidad, flexibilidad, eficacia y rentabilidad. Un modelo, del que su máximo exponente es la Sociedad Bilbao-Ría 2000, en el que el éxito de las grandes operaciones urbanísticas se ha sustentando sobre la coordinación y colaboración entre los diferentes niveles de las administraciones públicas y, en menor medida, entre el sector público y el privado. El desarrollo de la isla de la innovación plantea nuevos retos y exige nuevas formas de gobernanza, innovación social e institucional, que impulsen, entre otros aspectos, la concertación público-privada y la adecuada imbricación de las iniciativas de índole urbanística y de actuación socioeconómica.
La actual coyuntura de crisis inmobiliaria representa una oportunidad para ahondar, aún más, entre todos los agentes público-privados implicados en el desarrollo de este área, en la construcción de una visión compartida, así como en la búsqueda de las mejores y más eficientes alternativas para el desarrollo de Zorrozaurre y el conjunto del Área Metropolitana, concibiendo el espacio de Zorrozaurre no sólo como una nueva área urbana-residencial sino también económica y de ocio. En este sentido, la iniciativas relacionadas con la promoción de la llamada economía creativa, de la innovación y de los espacios públicos en Zorrozaurre representan posibles vías a promocionar en mayor medida que lo previsto hasta el momento, dada su gran potencialidad como soporte para el desarrollo socioeconómico de la metrópoli y una renovada proyección internacional de Bilbao, en este caso, como ciudad de la innovación y la sostenibilidad. Estamos en un momento idóneo para reflexionar sobre la política urbana, la política de vivienda y la forma de financiación del urbanismo de la próxima década.