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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 16 abril 2014

Sociedad

X Jornadas de Prensa de Bilbao 'Columnistas para un mundo raro'

El veterano periodista Manuel Alcántara recibió ayer un homenaje de sus amigos y compañeros

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«A mí sólo me retira una trombosis»
Manuel Alcántara recibe un ramo de flores y un beso de Almudena Cacho. / MIREYA LÓPEZ
«Un día le preguntamos a Azorín '¿qué es la vejez? Y respondió: 'la falta de curiosidad'. Para conservarla debe influir mucho tomarte un 'dry martini' de vez en cuando e intentar estar vivo. Si uno se queda en casa y se compra las temibles zapatillas de cuadros, está perdido». El maestro Manuel Alcántara mantiene el mismo espíritu crítico y libre con el que comenzó hace medio siglo a desgranar la realidad. A retratar la vida cotidiana. Una tarea llevada a cabo con su fina ironía y un dominio exhaustivo de la palabra. De aquella que no tiene sinónimos, porque cada una «significa un mundo». Con su destreza literaria, plantea cada día, desde la puerta trasera de este periódico, una conversación con el lector. Decano de los columnistas españoles. De ahí que sus compañeros y amigos le demuestren su admiración.
«Yo creo que ha sido por cumplir ochenta años, pues yo era el mismo con setenta y nueve». Aunque con cierta «vergüenza», Alcántara recibió ayer un merecido homenaje en la clausura de las X Jornadas de Prensa -patrocinadas por EL CORREO- en el Palacio Euskalduna de Bilbao, que durante tres días han puesto el acento en la columna y en este gran profesional del género.
Este aplauso, en el que participaron los alcaldes de Bilbao y Málaga, Iñaki Azkuna y Francisco de la Torre, no le impidió a Alcántara cumplir con su tarea diaria. Siempre puntual a su cita escribe su columna, que sólo interrumpe los tres días al año que no hay periódico, y hace poco por el fallecimiento de su mujer. «Así he llegado a escribir 18.000», confesó. Una hazaña que no tiene truco porque no acumula. «Yo siempre digo que vendo pescado fresco».
De hecho, estos días en la capital vizcaína, lejos de su casa en un pueblecito de Málaga, ha tenido que acoplarse a un nuevo rincón de trabajo. «En el hotel me han prestado un máquina de escribir. ayer se rompió la cinta y la hice a mano», relató. Y es que Alcántara aún sigue redactando en su vieja 'olivetti' después de comer. No es aficionado «a madrugar».
Lo primero, el título
El sosiego reina en su vida, como en sus textos. Se levanta, lee cuatro o cinco periódicos y contempla el mar. Pero su obligación diaria debe estar lista antes de «la caída del atardecer» para poder disfrutar de un paseo o de una buena conversación. «A mí me gusta dedicar el tiempo a perderlo», resaltó con una sonrisa.
Pero, pese a la experiencia adquirida durante años, aún siente intranquilidad hasta que no tiene el título de su columna. «Me satisface y me desborda al mismo tiempo. No es que note el cansancio, pero es la última forma de esclavitud. Todos los días se me tiene que ocurrir algo o pretender que sea así. Luego el público dictamina. Es un examen constante».
Su caballo de batalla es la inspiración, «el momento propicio donde las cosas que has acumulado piden salida», que luego se convierte en «hábito y destreza», precisó. Y eso que la columna requiere «cualidades menores» que la poesía. «Hace falta no ser diagnóstico. Lo detestable es convertirse en un predicador».
Para el columnista y poeta, que durante mucho tiempo hizo crónicas de boxeo en el 'Marca', lo importante es «reparar en las personas y en las conductas». Su visión del mundo es mucho más amplia. Más cercana. Y no le falta vitalidad para narrarla con literalidad. Su estado anímico le acompaña en esta misión. «Tuve un tifus en la posguerra, pero desde entonces he tenido buena salud. Espero que los médicos tarden en venir a mí, porque yo no voy a ir a ellos».
Esa fortaleza se traduce en su trabajo. De ahí que no piense en tomarse un respiro. No entra en sus planes. «A mí sólo me retira un trombosis cerebral. Pero si me cortan una pierna sigo escribiendo».
«Aprendizaje continuo»
Su particular humor está siempre presente. Una actitud que destacaron varios amigos malagueños, que ayer se acercaron al Palacio Euskalduna para participar en estas jornadas y mostrar su cariño hacia Alcántara. «Si alguien le comenta que no tiene tiempo para leer, él siempre replica: 'Ahórrese decir esto. Se le nota'».
Una anécdota que define al «divertido y conversador Manolo», como apuntó el escritor y poeta Rafael de Penagos, quien le conoce desde hace medio siglo. «Hablar con él es un aprendizaje continuo», resaltó, y al tiempo recitó una soleá de tres versos del homenajeado. «No digo que sí o que no, digo que si Dios existe, no tiene perdón de Dios».
Esa misma chispa del maestro quiso dejar patente Teodoro León Gross, vicepresidente de la Fundación Manuel Alcántara. «Suele afirmar que lo que importa son los amigos y lo demás es selva. Y no permite nunca que nadie se aburra. Le entusiasma reírse». Su forma de ser la traslada a sus textos, en los que «exhibe gallardía y no se arruga ante nada», apuntó. De ahí que el catedrático de periodismo Bernardo Díaz Nosty le califique como «el guardaespaldas de la prensa española», por salir siempre en la última página.
Charlar con el lector o con los amigos es lo que más le gusta a este guardián de la palabra. «Es el alma. Está lleno de sentido de humor y de inteligencia. Y su poesía es grande», recalcó el también poeta Juvenal Soto, con quien mantiene tertulias en Málaga y guarda muchas vivencias. «Una madrugada frente al mar y con alguna copa de más me comentó: 'Vámonos, que se te está poniendo la cara borrosa'».

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