En Los Ángeles no hemos vivido momentos tan emotivos como en el Parque Grant de Chicago, pero desde mi casa escucho los bocinazos y los gritos. La satisfacción se palpa en la calle. Reina un ambiente especial, de esperanza, y yo experimento un sentimiento: como si me hubieran extirpado un tumor.
Estados Unidos ha dado muestra de que quiere un cambio profundo. Se abre un período nuevo y difícil por el terrible legado de la Administración Bush. Escucho alabanzas de la magnífica campaña que ha hecho Obama y de sus dotes de oratoria. Cierto, pero se nos olvida que detrás hay una mente privilegiada. Conozco bien a la comunidad afroamericana de este país, mi primera película como director, 'Locos en Alabama', hablaba de los derechos civiles en los 60. Sus ideas son las de una generación -la mía-, a la que siempre se le ha dicho que eran utópicas. Pues bien, ahora las va a poner sobre la mesa y a transformarlas en política real. Vivimos un momento histórico, entre otras cosas, porque venimos de ocho años prehistóricos.
Cené con Obama la noche anterior a viajar al festival de San Sebastián. Le había descubierto en la Convención Demócrata de 2000, cuando Al Gore se postuló para enfrentarse a Bush. Salió en el puesto 17, no había casi nadie escuchándole. Me quedé pasmado de su soltura en el escenario. A partir de aquel día, el Partido puso sus ojos sobre él y le empezó a ver como candidato. Nadie pensaba que con sólo cinco años como senador llegara tan alto. En persona derrocha una calidez humana extraordinaria, es un tipo con el que te apetece hablar largo y tendido.
Obama debe ser en este momento el hombre más protegido del mundo. Porque va a disgustar a gente muy poderosa si realmente lleva a cabo su política. A los 'lobbies', a las petroleras, a las compañías farmacéuticas, a la Asociación Nacional del Rifle... Esa gente calcula las vidas en términos económicos. Y sabe que Obama tiene los mecanismos políticos para el cambio: la Cámara de Representantes va a ser suya y el Senado parece que también.
Gobernará sin ejercitar un rodillo, no es un Bush a la izquierda. Tiene talante suficiente para entender cuál es la situación y tratará de hacer una política de Estado real con el mayor consenso posible. Aquí le llaman socialista como insulto (esas pancartas me producen una extraña satisfacción), pero sus ideas pueden ser tan socialistas como cristianas. Pidió tiempo para arreglar el desaguisado, y hay que dárselo, porque va a tener el apoyo incondicional de Europa.
Contra la crisis
Podemos decir que ahora tengo un motivo más para quedarme en Estados Unidos. Llegué con Bush padre y viví la ascensión al poder de Clinton justo cuando rodaba 'Philadelphia', una película llena de gente de izquierdas que hablaba del sida y se filmaba en una ciudad tan simbólica. Después viví los mandatos de Bush y ahora, de nuevo, la esperanza. Este país se presenta ya de otra manera frente al mundo.
De momento, hasta el 20 de enero, fecha en que tomará posesión del cargo, vamos a comprobar si el optimismo es una inyección contra la crisis. El dinero, los grandes movimientos de capital, funcionan de forma psicológica. Puede que Obama asuste a algunos, pero me recuerda lo que pasó en 1982, cuando Felipe González ganó las elecciones. También entonces temían que iba a nacionalizar todas las empresas. Después, la cosa terminó como terminó.