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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Mundo

ANÁLISIS

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Qué tiene Berlusconi? ¿Por qué su imagen no responde a los valores que deberían hacer subir o bajar el crédito de un personaje público? ¿Qué es lo que le permite situarse al margen de las reglas, servirse de ellas?
Desde los comienzos de su singular carrera política, Berlusconi se ha presentado ante el público en su condición de empresario. Vende el triunfo, frente a la sistemática derrota de la política de partido. La capacidad para resolver problemas, frente al inmovilismo. La espontaneidad, frente a la sofisticación del lenguaje. El pragmatismo sin complejos, frente al dogmatismo ideológico. Y los datos dicen que el mensaje cala.
Esta misma historia puede ser contada al revés. Berlusconi no representa más que la arrogancia de quien se atreve a hacer gala de sus defectos. O la ignorancia de quien desafía la cultura democrática. La irresponsabilidad de quien utiliza los humores, los prejuicios. La vulgaridad de quien no respeta las reglas mínimas de reciprocidad en el trato.
Lo curioso es que Berlusconi puede ser estudiado como un fenómeno específico, que confirma la vieja anomalía itálica, o bien como ejemplo de un nuevo tipo de líder populista, que maneja las claves del lenguaje antipolítico (que no antiideológico). Sus electores no lo sancionan, pero no porque sean más ignorantes o estúpidos que otros. No se identifican con él, ni lo admiran. A menudo lo critican. Él conoce a su público y su público lo conoce bastante bien. Muchos saben lo que ofrece y también que hay cosas que es mejor no saber. La gente no está 'engañada', aunque la desnortada izquierda italiana se refugia en ese discurso. Pero es una estrategia perdedora.
Hace años que el cine italiano ha dejado de producir buenas comedias. La mezcla explosiva de ironía y realidad del neorrealismo de los cincuenta se ha esfumado. Hay un factor de crisis cultural y de autoestima en la incapacidad de los italianos para mirarse al espejo. Pero hay también una corriente de personalización de la política que constituye el caldo de cultivo ideal para un personaje como Berlusconi. Y éste no es un fenómeno específicamente italiano. Es la historia del 'demos' que se vuelve contra la democracia, la ambigüedad de los vicios que se convierten en virtudes.

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