Juanma y Lola, bombero y enfermera de profesión, respectivamente, se embarcaron en esta bella historia de amor en julio de 2004. Dieron los primeros pasos ante la Consejería de Juventud, Familia y Servicios Sociales y más adelante se pusieron en contacto con la Entidad Colaboradora en Adopciones Internacionales (ECAI), que se encargó de legalizar y remitir su expediente al país asiático. Conocieron entonces de la existencia de un foro en Internet abierto a medio centenar de matrimonios, cuyos expedientes habían llegado a China al mismo tiempo. 'Los abrilinos', que así es como se les denominó, viajaron juntos a Pekín para recoger a sus criaturas, y previamente se intercambiaron entre las 50 parejas retales para la confección de una colcha conocida en aquel país como la de 'los 100 deseos'. Una tradición china por la que que familiares y amigos regalan ese retal para confeccionar la colcha del pequeño, que guarda la suerte, energía y buenos deseos de todos.
-¿Cómo fue ese encuentro en el orfanato con la pequeña?
-Muy fuerte y repleto de emociones. La pequeña, de once meses, lloraba porque no nos conocía de nada y nosotros llorábamos del momento tan intenso que estábamos viviendo. Y todos grabándonos los unos a los otros.
-¿Y la primera noche?
-Impresionante. Llegamos a la habitación del hotel, le dimos un biberón antes de acostarla y al despertarla a la mañana siguiente ya parecía otra. Como si nos conociera de siempre.
-¿Qué saben de la niña y qué nombres le han puesto?
-Sabemos que fue abandonada a los diez días de nacer en la puerta de un mercado con 50 yuanes y que estaba vestida con ropita amarilla. En el orfanato le pusieron el nombre de Fu Zen. Fu, que significa alegría y Zen, que es el apellido del policía que se la encontró. Su nombre completo hoy es el de Carmen Fu Zen.
-¿Qué ha supuesto en sus vidas?
-Traer a nuestra hija desde China ha sido el cuento más maravilloso del mundo. Ha llenado toda la casa de alegría.
-¿Les sorprende algo de manera especial?
-Pues lo más llamativo sin duda es que hace dos años ni tan siquiera la conocíamos y hoy no podemos vivir sin ella. Es la vida de la casa y nos resulta imprescindible.
-¿Cómo ha sido su adaptación?
-Estupenda y más rápida de lo previsto. Pensábamos que ese proceso iba a ser más difícil, más duro, y estamos sorprendidos, gratamente, de cómo ha transcurrido todo.
-Defínanla, si es posible...
-Es cariñosa, inteligente...y agotadora; tremendamente agotadora. Hay momentos en que tienes que buscarle las pilas para quitárselas porque puede acabar contigo.
-¿Qué más le piden a la vida?
-La verdad es que en este sentido no podemos pedirle nada más. La satisfacción ha sido total -dice Juanma-, porque a la vuelta de Pekín ella se quedó embarazada y ahora tenemos dos hijas maravillosas de 3 años y de 5 meses.