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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 4 febrero 2012

Sociedad

LOS OBISPOS ELIGEN PRESIDENTE SUPERMARTES EPISCOPAL
Rouco tiene buenas conexiones pontificias. Blázquez, bandera de los moderados, ofrece un continuismo muy del agrado de Roma

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Rouco tiene buenas conexiones pontificias. Blázquez, bandera de los moderados, ofrece un continuismo muy del agrado de Roma
EMBAJADA. Fernández de la Vega brinda con Cañizares y el cardenal Trujillo, prefecto de la Familia. / EFE
«Non recuso laborem nec peto laborem. (No pido trabajo, aunque no rehúso el trabajo)». La respuesta de Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, cuando se le pregunta si aspira a repetir como presidente de la Conferencia Episcopal suena como un escudo ante la insistencia del periodista. Pero hace ya tiempo que el prelado abulense ha interiorizado la posibilidad de repetir un segundo mandato, como ha ocurrido con todos sus antecesores en el cargo -salvo en el caso de Fernando Quiroga, por una cuestión de salud-, aunque ello conlleve «más presencia en Madrid» y una sobrecarga a la gestión de una diócesis «en la que no falta trabajo», admite. A partir del 12 de abril monseñor Blázquez contará con la ayuda de su nuevo auxiliar, Mario Iceta, cuyo nombramiento ha levantado serios recelos en el clero local. «El Cantábrico siempre es más agitado, esto no es el Mediterráneo», concede el obispo, convencido de que la marejada pasará pronto.

Iceta se instalará en la misma vivienda que ocupó Antonio Añoveros -todo un símbolo-, un piso que ya ha visitado el sacerdote de Gernika. Junto al templo de El Carmen, en la bilbaína plaza de Indautxu, tuvo la ocasión de conversar, en un euskera fluido, con algunas madres que salían del colegio con sus hijos. El todavía vicario general de Córdoba no podrá votar en la Asamblea Plenaria que elegirá el martes al presidente de los obispos, pero su apoyo en el futuro permitiría a Blázquez atender mejor la Casa de la Iglesia, un gobierno que su más próximo competidor, el cardenal Antonio María Rouco Varela, ejecutaba sin moverse de su despacho en San Justo, en el Arzobispado de Madrid.

Pero, a sólo dos días de las elecciones en la Conferencia, muy pocos se atreven a aventurar un pronóstico sobre el resultado -las revistas de información religiosa han preparado hasta tres portadas-, aunque son más quienes creen que Rouco intentará reponerse de la afrenta que supuso su sonoro fracaso hace ahora tres años. Entonces, Ricardo Blázquez, sin brillo mediático y sin carisma de líder, logró arrebatarle la presidencia al aglutinar el voto de los prelados más moderados. Algunos ya han pagado su rebeldía frente al todopoderoso cardenal gallego, con traslados en el caso de quien no quería moverse o con un anclaje perpetuo en una diócesis que se consideraba de paso. Otros se han jubilado y ya no tienen voto.

Los números, por lo tanto, juegan a favor de una victoria de Rouco, adalid, además, de los últimos ascensos episcopales por su presencia en la Congregación romana responsable de los nombramientos. Los dos más espectaculares han sido los del jesuita Juan Antonio Martínez Camino como auxiliar de Madrid, en contra del criterio de la Compañía de Jesús, y el de su propio sobrino, Alfonso Carrasco Rouco, como obispo de Lugo, calificado por muchos como «un caso de claro nepotismo».

Discurso histórico

Aunque no existen candidaturas abiertas, los obispos están muy atentos a los movimientos y a las señales de la cúpula episcopal. En esas expectativas no pasaron desapercibidas, el pasado mes de septiembre, unas declaraciones de Blázquez a la revista 'Vida Nueva', en las que el 'número 1' de la jerarquía, siempre tan reservado, volvía a poner sobre la mesa su candidatura: «Ni busqué ser presidente, ni rehusaré si me lo piden», admitió, tras destacar de su mandato su empeño por la colegialidad y la aprobación de documentos por unanimidad. «He querido presidir animando, coordinando, escuchando a todos. No tengo autoridad ni la quiero. He querido ser hombre de puentes facilitando acuerdos», se defiende de quienes le definen como un «sujeto silente» que ha dejado hacer «a los halcones».

Y, frente a intervenciones de acreditada beligerancia, Blázquez, sin ahorrar críticas al Gobierno, ha intentado encontrar «el tono y el tino» más adecuados. Como su discurso en la última sesión plenaria del órgano colegiado de los obispos en el que defendió el papel de la Iglesia durante la Transición política, reivindicó la memoria de Tarancón, el cardenal del cambio, y pidió perdón por los «errores» del pasado, incluso con un gesto hacia la izquierda laica. Toda una declaración programática, alabada por un sector influyente del Episcopado, que lo consideró «valiente y ejemplar». De hecho, su candidatura ha sido apoyada por personalidades cualificadas como el cardenal Martínez Sistach y el obispo Joan Eric Vives, ambos catalanes.

Blázquez que cuenta con el respaldo de la mayoría de las órdenes religiosas y de reconocidos intelectuales del ámbito eclesiástico, se ha prodigado más en las últimas semanas y ha visitado algunas diócesis. En Cádiz volvió a defender el diálogo entre la Iglesia y el Estado, y la necesidad de alcanzar consensos desde una «sana laicidad» y sin arrinconar lo religioso. Ésa ha sido su seña de identidad a lo largo de su mandato.

Pero Rouco tampoco se ha quedado atrás. La madrileña plaza de Colón fue el escenario elegido por el cardenal de Villalba para visualizar su fuerza contra el Gobierno de Zapatero. Con la defensa de la familia como bandera, movilizó a decenas de miles de personas y reunió a 52 obispos. Incluso contó con un mensaje del Papa. Pero la convocatoria llevaba trampa. Junto a la reivindicación de la familia como institución angular de la sociedad, se incluyó una mina de fragmentación: se acusó al Gobierno de promover leyes que «disuelven» la democracia. Un mensaje que no figuraba en el guión inicial. La «politización» del acto sorprendió al propio Blázquez, muy crítico, como sus compañeros de jerarquía, con la ley del matrimonio homosexual. Otros obispos se sintieron engañados, incluso a algunos les molestó que se utilizara al Papa «de telonero».

Las recomendaciones para la cita del 9-M fueron la segunda parte de la estrategia del sector duro, en el que también figuran los cardenales Agustín García Gasco y Antonio Cañizares, así como el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, mano derecha de Rouco. La nota, pese a incluir citas de textos ya aprobados, necesitó cerca de cinco horas para salir al exterior. En este episodio sí que ha habido un apoyo generalizado de obispos, al margen de algunas matizaciones de la Iglesia catalana y de la vasca.

¿Qué dice el Vaticano?

¿Qué perfil de presidente prefieren los obispos? Un sector del Episcopado puede sentirse amenazado por la beligerancia del Gobierno y del PSOE y apostar por un líder fuerte y enrocado que haga frente al nuevo ciclo que viene. Otro, sin embargo, cree que es el momento de un pacificador, de una persona moderada y dialogante que alivie la tensión, recomponga las relaciones y siga sumando acuerdos. En este segundo grupo, proclives a una imagen episcopal discreta y serena, hay voces, además, que desconfían del poder que concentra el arzobispo de Madrid.

¿Y qué dice el Vaticano, que actúa siempre tan astutamente? Rouco viaja de manera frecuente a Roma porque ocupa silla en varios dicasterios, entre ellos el de la Congregación que nombra a los obispos. Por eso se lleva bien con el cardenal Re. ¿Y con el nuevo secretario de Estado, el cardenal salesiano Bertone? Eso no está tan acreditado. Algunos observadores sostienen que tanto Benedicto XVI, que rebajó los humos a la jerarquía en su visita a Valencia, como Bertone son de la tesis de que 'hay que entenderse' -pacificadores-, más del estilo de Blázquez, que también viajó a Roma hace dos semanas. Otros, sin embargo, esperaban una señal clara de la Santa Sede de apoyo al obispo de Bilbao. ¿La cena de Zapatero con el nuncio, calificada por algunos de «confraternización con el enemigo», puede interpretarse en esa línea? ¿El perfil de los últimos nombramientos encaja más en el 'estilo Blázquez'?

Si no se renueva la confianza en el obispo de Bilbao, se rompería la norma no escrita de que todos los presidentes repiten un segundo mandato. Martínez Camino se ha apresurado a decir que no sería algo insólito porque ya pasó con Quiroga Palacios. «Lo que no dice el obispo -recuerda un historiador- es que el cardenal Quiroga dijo, de viva voz y por escrito, que no aceptaría de ningún modo ser elegido de nuevo. Convencidos de esto, se dividieron los votos entre Morcillo y Tarancón, siendo elegido el primero».

La votación de sondeo de mañana será determinante para conocer por dónde van las preferencias de los obispos. Los candidatos medirán sus fuerzas. Quienes conocen a Rouco aseguran que le gusta ganar por goleada y que, si el tanteo anticipa una votación reñida, podría retirarse de la competición. Además, tiene un poder que va a seguir ejerciendo. Algunos analistas no descartan la irrupción de un tercer candidato. Carlos Osoro, arzobispo de Oviedo, ha sido el eterno 'tapado'. Se le sitúa cercano a Rouco, pero con un talante que despierta menos recelo. En las quinielas se habla, incluso, de los cardenales Cañizares y Amigo. El nuevo presidente será presentado a mediodía del martes.

«Que sea lo que quieran mis hermanos», repite en voz baja Blázquez, mientras pasea por la plaza de Juan XXIII, junto a la bilbaína basílica de Begoña. Su discurso de apertura ya hace días que está en la imprenta. Será sobrio, del estilo de alguien que no pretende hacer carrera, y sin mensajes 'políticos' que puedan ser catalogados de ventajistas en tiempos de elecciones.

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