
Hasta el pasado viernes, tras catorce días de actividad, el número de usuarios ha superado los 4.000. Sin embargo, desde el centro se prevé una fuerte afluencia durante este fin de semana. Tal vez supere la media diaria registrada hasta el momento por los responsables de la pista que cifran en más de 300 patinadores.
Ninguno de ellos ha echado de menos las bolsas de agua que se producían cuando subían las temperaturas y ocurría el temido deshielo. Esta incómoda circunstancia se ha solventado este año con la instalación de una pista de fibra especial sobre la que se aplica un fluido deslizante para su uso.
El recinto, cuyo aforo es de 50 personas, ha registrado una mayor presencia de público por las tardes, por lo que ha tenido que establecer entre dos y tres turnos para que ninguno de los usuarios se quedara sin deslizarse sobre la novedosa plancha de apenas 2,5 centímetros de grosor.
Mientras los niños y cuadrillas de adolescentes, en su mayoría, se deslizaban sobre la pista, padres y abuelos contemplaban desde las gradas los progresos de los más pequeños. «Ha sido una buena idea», asegura Garbiñe Apraitz que sin embargo lamenta que no se hayan ofrecido cursillos de iniciación al patinaje. Algo que le hubiera venido bien al joven Asier Lizaso, de cinco años, que aunque no sabe mucho se atreve a calzarse las botas y seguir a su hermana Nerea, algo más experta.
Garbiñe, como muchos otros, se pregunta sobre la repercusión que tendrá en el suelo del frontón. «Antes no se podían hacer verbenas por el uso de tacones, esperemos que la pista no dañe el pavimento», concluyó.






