La cultura es cara. Lo es pese a que en algunos de sus campos median subvenciones públicas a veces de gran importancia. La música clásica, la ópera, cierto tipo de teatro, los museos y algunos otros espectáculos tienen costes tan altos que sólo gracias a la ayuda pública y el patrocinio privado pueden presentarse al público a un precio asumible. De hecho, según diferentes estudios, en España el ciudadano sólo paga dos tercios de su consumo cultural. El resto corre a cargo de entidades públicas y patrocinadores, que destinan la mayoría de sus ayudas a los espectáculos en vivo. En cambio, los sectores editorial y discográfico gozan de ayudas muy inferiores y en sus facetas más comerciales, simplemente carecen de ellas. Este año las subvenciones y patrocinios al conjunto de la cultura superarán en España los 8.000 millones de euros.
Un libro, un 'cubata'
Pese a esa suma, los productos culturales son caros. Pero todo es relativo, sobre todo cuando llega el tiempo de vacaciones y la tendencia a gastar dinero de forma irreflexiva crece. Leer un clásico en edición de bolsillo (también puede conseguirse el volumen en una biblioteca, y entonces es gratis) o una novela que hace apenas unos meses salió al mercado en pasta dura -la mayoría de las editoriales reeditan en bolsillo sus títulos de más éxito en menos de un año- puede suponer un desembolso de entre 5 y 10 euros, con un precio medio en torno a 7. Un 'cuba libre' en un local de moda cuesta 6.
El sector discográfico vive una crisis derivada de la piratería y las nuevas formas de distribución musical. Muchos aficionados se quejan del elevado precio de los discos: unos 20 euros si es una novedad. Es menos de lo que cuestan tres copas grandes de helado en una terraza. Un helado que se deshace en menos tiempo del que dura el compacto. Y si el compacto es de serie económica, no es difícil conseguirlo por 10 euros o menos.
La música en vivo es cara. Ir al concierto de hoy en la Quincena, a una localidad de tipo medio, sale a unos 30 euros por persona. Normalmente hay que multiplicar por dos. Mucho dinero, pero poco más de lo que cuesta a esas mismas dos personas un menú especial de fiestas en un restaurante no demasiado lujoso. O unas raciones de jamón ibérico acompañadas por un buen vino.
Ir de museos tampoco es barato. Para una pareja con dos hijos, visitar el Guggenheim puede suponer un gasto (depende de la edad de los menores y la exposición que haya ese día), de entre 21 y 50 euros. Es mucho, pero contemplar algunos de los mejores productos del arte contemporáneo resulta apenas un poco más caro que ir al parque de Cabárceno o al zoo de Santillana. Y pasar una mañana en el Artium o visitando los entresijos de la catedral vieja de Vitoria, otro viaje apasionante por la historia y el arte, es mucho más barato que entrar al Acuario de San Sebastián.
Recuperar la historia tampoco es demasiado caro: con lo que cuesta una sola entrada a un campo de juego de 'paintball' (entretenimiento para no más de dos horas con la tarifa básica de 32 euros), toda la familia visita la ferrería del Pobal y descubre cómo se fabricaban clavos y herramientas hasta el siglo XIX.
El teatro y la canguro
El teatro lleva décadas en crisis, pero nunca morirá, dicen los expertos, porque a la gente le fascina ver a otros seres humanos recreando vidas ante nuestros ojos. A buen precio, habría que decir. Pero un vistazo a las tarifas demuestra que lo más caro del teatro es lo que -sobre todo en fiestas- lo rodea: ir elegante cuesta más, mucho más, que la función misma. Con lo que se paga una sesión profesional de maquillaje, la peluquería y la canguro para cuidar a los niños se adquieren seis o siete entradas.
Hay muchas voces relevantes que no consideran a los toros cultura, pero nadie duda de que son un espectáculo popular y arraigado. Y el más caro, más incluso que la ópera, que es la cultura elitista por excelencia. Ver una corrida de toros en la plaza, de nuevo en una localidad de tipo medio, cuesta aproximadamente lo que un breve curso de vela de dos días y casi tres veces el precio de una entrada de jornada completa en un parque temático. Eso sí, una sesión completa de talasoterapia es algo más cara, si se incluyen las comidas: no se hace por menos de 120 euros. El capricho de un día entre baños y masajes para una pareja equivale a unos 35 libros de bolsillo, que son lectura para un año. Y aún dicen que la cultura es cara...






