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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Margen Izquierda

MARGEN IZQUIERDA
El viejo Lutxana se apaga
El paulatino derribo de los últimos vestigios industriales del histórico enclave deja paso al urbanismo moderno y apena a colectivos como la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial

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El viejo Lutxana se apaga
MOTOR ECONÓMICO. El barakaldés barrio de Lutxana ha sido un hervidero de actividad industrial durante más de un siglo. / EL CORREO
Lutxana es el último reducto fabril, el símbolo del despegue empresarial de Barakaldo. Quien más y quien menos lo recuerda rodeado de un manto de humo y curtidos trabajadores. No será por mucho tiempo. A medida que los grandes proyectos urbanísticos ven la luz, el enclave va perdiendo sus señas de identidad. La llama industrial se apaga sin remisión mientras gran parte de su patrimonio desaparece. Desde aquellas imponentes fábricas que dieron vida a este paraje y empleo a miles de forasteros, hasta la señorial urbanización de los burgueses británicos. Sólo quedarán los recuerdos.

Se abre paso una nueva época plena de modernidades. Los avances son bienvenidos, pero a veces tienen su lado negativo. Eso piensan, al menos, en la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial. Su presidente, José Eugenio Villar, advierte sobre las «nefastas» consecuencias que tendrá el derribo de todos esos iconos industriales. «Vamos a perder un lugar único en España por su singularidad».

Toda aquella riqueza industrial empezó a fraguarse a finales del siglo XIX. El Lutxana agrícola levantado a orillas de la ría dejó paso a un pueblo salpicado por el ferrocarril y los barcos. Orconera Iron Ore, la empresa inglesa que explotaba gran parte de las fecundas minas, trasladaba el mineral de hierro hasta los cargaderos para embarcarlos rumbo a tierras británicas. Los ingenieros decidieron entonces asentarse en Lutxana. Ahí, en el parque de Serralta, levantaron entre 1891 y 1913 una urbanización de ensueño con «pistas de tenis y grandes palmeras».

Hoy, aquel testimonio de la diferencia de clases en la industrialización vizcaína está a punto de pasar a la historia. «Era el primer ejemplo de 'ciudad-jardín' de Euskadi, sólo equiparable al que hay en Río Tinto (Huelva)», describe Villar. Cuatro de los cinco chalés que permanecían en pie acaban de ser reducidos a escombros. A escasos metros, se prevé reconstruir al milímetro uno de los históricos edificios, «pero ya no será lo mismo».

Sin testimonios

Allá por 1950, la fábrica de la Sociedad Española de Fabricantes Nitrogenados abrió su primera fábrica en Lutxana y terminó de darle ese aire industrial que aún destila. El régimen franquista encomendó a la planta la misión de engordar las cosechas agrícolas con sus fertilizantes, en una época de desabastecimiento y en la que los campos del norte peninsular estaban en declive. Su producción seguía cotizando al alza, pero su ubicación en el corazón del Bilbao metropolitano le han condenado al cierre para dejar paso a dos rascacielos, 2.000 pisos y un canal artificial.

Las máquinas ya han derribado parte de sus instalaciones. Y eso que la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial intentó que se conservaran algunas de sus maravillas arquitectónicas, «como las torres de refrigeración de tilo natural». No hubo manera. «Franco declaró la fábrica de 'interés nacional' para utilizar hormigón -un bien en crisis- y su uso vanguardista la convirtieron en una referencia en Europa», revela el máximo mandatario del organismo.

Lutxana acaba de perder la nave donde se fabricó la mítica moto Lube o la térmica de Burtzeña. Y la lista sigue creciendo. Ahora, José Eugenio Villar ve peligrar otras 'joyas' como «la estación de La Robla o el cargadero de mineral». Teme que, pronto, no quede testimonio alguno del viejo Lutxana.

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