Muchos llevaban desde el sábado en las campas de aviación de Dima. Otros fueron llegando desde primeras horas de una jornada dominical desapacible. La amenaza de lluvia les daba igual porque los fieles al Día en Defensa del Cazador y el Pescador, que ayer celebró su décimo quinta edición en la localidad vizcaína, están acostumbrados «a estar por los campos, embarrados, con frío, agua y lo que sea», aseguraban Alfredo y su hijo Jon.
Ambos hombres, llegados desde Deba, aparcaron su potente todoterreno en las inmediaciones del recinto. Paraguas y chubasquero en ristre, su primer objetivo eran los stands de armas. El joven, de 25 años, esperaba encontrar «un rifle con mira telescópica». «Mejor no te digo el presupuesto. Si ama lee esto y se entera de lo que cuesta me da con el rifle en la cabeza», bromeaba Jon ante la sonrisa orgullosa de su aita. «Mi abuelo cazaba, mi padre caza y yo lo hago. Para mí es algo normal desde que soy pequeño. Empecé con las aves, pero desde hace poco me he aficionado al venado y al jabalí. Por eso busco un buen rifle», detalla. Su padre sigue prefiriendo las especies aladas. «Perdices, tórtolas. Es otro tipo de actividad. Más movida y no tanto de esperar a que aparezca la presa», argumenta Alfredo. Ellos, como los otros 100.000 asistentes a la jornada, organizada por la Asociación de defensa del cazador y el pescador (Adecap), y las federaciones vascas de ambos gremios, tampoco se perdieron ninguna de las actividades programadas.
El concurso de perros, la carrera de galgos, la demostración de cetrería y hasta la carrera de burros atrajeron muchísimas miradas. Los canes se llevaron parte del protagonismo del día. Fibrosos pointer, elegantes setter y juguetones teckel fueron algunos de los especímenes que pasearon su porte por las campas de Dima. Carlos era primerizo. Acudió con 'Rocky', un obediente «conejero de tres años y medio». Cazador desde hace 16 años, este vitoriano atesora en su casa tres escopetas y dos rifles y cada vez que puede sale con su can al campo. «Sobretodo caza menor. Lo que me atrae es estar al aire libre, el contacto con la naturaleza», argumenta mientras 'Rocky' olisquea inquieto la presencia de otros semejantes. Entre ellos andaba Atreyu, un tranquilote setter inglés que paseaba por la zona de la mano de Elisardo. «Cuando lo saco al campo de caza... Bueno, depende de cómo le dé. A veces se comporta muy bien y otras... nada. No le llevo a ningún sitio a entrenar, lo que sabe lo ha aprendido de ir conmigo», detalla este cazador billbaíno que también se decanta por la caza menor.
Ni diez tiros
Su experiencia de «muchos años» le impulsa a afirmar que el deporte no pasa precisamente por su mejor momento. «El año pasado no pegué ni diez tiros. Salir salgo, pero vuelvo de vacío. Hay mucha escopeta y poca caza», lamenta. Y es que sin ir más lejos, en su casa hay cuatro de estas armas de fuego. Aún así le gustaría comprar alguna más, aunque «en las tiendas no exhiben lo que quiero, así que, o lo adquiero por catálogo o vengo aquí».
Tres juguetones cachorros de setter fueron también uno de los motivos que llevaron a Javi a Dima. Su deseo, venderlos. «Yo ya me he quedado con dos de la camada y estos los vendo. La verdad es que me los quitan de las manos porque su padres son muy buenos», advierte este joven santurtziarra de 24 años. Antes de ofertar a los pequeños, a 150 euros cada uno, el cazador se paseó por el recinto.
No muy lejos, José Luis se acercaba a reponer fuerzas «con un talo con chorizo y un txakolí». Como el resto repartió la mañana entre los concursos de perros, los stands y las exhibiciones, que incluyeron un simulacro de rescate con el helicóptero de la Brigada Móvil de Montaña de la Ertzaintza, y una demostración de paracaidismo. Entre moscas, cañas, escopetas y rifles, transcurrió la primera parte de la jornada. A eso de las 12.30 horas, el disperso público se acercó al escenario. «A ver qué nos dice este año Sarasketa», aventuraba José Luis. Y es que, el presidente de Adecap y «alma mater de este día» -como definió el presentador del acto- no suele defraudar.